Asesinato junto a la Catedral
"El crimen tiene los ingredientes: clérigo de alto rango eclesial asesinado; cocinero homicida; abusiva homosexualidad octogenaria de quien se suponía bueno y santo, chaperismo de bajos fondos".

El acusado del crimen del canónigo de la Catedral de València en enero de 2024.
A Manuel Vázquez Montalbán le hubiera encantado literaturizar el suceso del canónigo de la catedral de Valencia. Tiene todos los ingredientes para una de sus intrigantes novelas detectivescas aderezadas de cuñas gastronómicas, materia de la que también fue un maestro, veamos: clérigo de alto rango eclesial asesinado; cocinero homicida, todavía no está claro si sólo o acompañado mientras el reo no lo demuestre fiablemente; abusiva homosexualidad octogenaria de quien se suponía bueno y santo, chaperismo de bajos fondos, y todo ello enmarcado en un bien acomodado piso junto a la impresionante catedral valenciana donde, entre otros preciosos secretos venerados se guarda (según la leyenda) el Santo Grial utilizado por Cristo en su última cena, y en el que José de Arimatea guardó la sangre del Hijo de Dios tras su crucifixión.
Nada menos que anteponiendo el “Don” (así se hacía llamar) Alfonso López Benito, emérito en el cabildo catedralicio de alta consideración sacerdotal en títulos y honores, amén de asesor muy principal del arzobispo valenciano Enrique Benavent.
El presbítero don Alfonso, según los medios de comunicación, llevaba una doble vida a sus 79 años, al parecer muy vigorosa sexualmente bajo la sotana y el cíngulo que adornaban su condición entre lo divino y lo humano. Recogía a varones, generalmente de edad adulta, harto necesitados de un techo, un plato y una cama, como suele ser la paupérrima condición de mucho emigrante sudamericano recién llegado a España con lo puesto y la irresuelta voluntad de una nueva vida. Sin embargo, la supuesta caridad clerical en buenas obras iba – sensu contrario – perniciosamente inversa al mandato cristiano, convirtiendo, lo que en apariencia era una necesaria y compasiva misión evangélica, en forzoso y pecador proxenetismo, o sea: sórdida prostitución de baja estofa.
Hace años que venimos hablando con demostrada verosimilitud del abuso a menores, hora es de que también hablemos de quienes superan esos 16 años que el Gobierno quiere imponer para engordarse votos.
Un abuso, sea de cualquier poder económico-social, es un abuso desde la prepotencia humana, a partir el siglo XIX en que los liberales privaron a la Iglesia de ciertas prebendas, como la aplicación del Código Eclesiástico sólo para religiosos/as, la desamortización de Mendizábal, y los fueros discriminatorios, hoy ya no existe la sinecura sacerdotal salvo para el secreto de confesión y alguna mínima exención impositiva. Por tanto quedan sujetos, como cada cual, a la legislación vigente. Y serán fiscales y jueces (el jurado popular ya lo declarado culpable por 7 votos a 2) los que pidan y finalmente dictaminen penas carcelarias o de reclusión penitenciaria para el matador Miguel Tomás V. N.
Todo esto ha levantado una, a mi entender, execrable polémica social entre el anticlericalismo de salón, y los adversos a la inmigración. Unos por culpar a la parte por el todo, a sabiendas calladas que en España existe una mayoría confesional católica; otros arguyendo medidas de admisión – y papeles – más restrictivas porque de seguir la supuesta invasión foránea, acabarán echándonos a los nativos/as.
Ambas posiciones demuestran la hostil polarización irrespirable en la que vivimos. De momento necesitamos mayor potencia laboral, sobre todo en aquellos puestos a los que el español no quiere o desea optar (deberíamos recordar cuando en el siglo pasado emigrábamos – o nos emigraban – a la Europa rica como músculo de proletariado). Pero llegará el momento en que el espacio profesional se compense como pasó en la Centroeuropa de entresiglos, y entonces se plantearán las cuestiones pendientes: ¿volverán los emigrantes nacionalizados aquí a sus países de origen? ¿No entrarán, excepto los necesarios, de acuerdo con la futura y más serena legislación experimentada por las UE? ¿Habrán logrado y asumido sus países de origen el suficiente desarrollo como para que nadie tenga que emigrar a estados más avanzados salvo por cuestiones de especialización y capacitación?
Utilizar a los emigrantes como obuses contra el adversario político sólo denigra a quien dispara. De momento el PSOE se ha tenido que tragar el paquete del “todo a 100” y del “3 × 1” de matute, pero el ejemplificar con el caso del presbítero y su asesino, me parece un peligroso intento de hacer saltar la olla a presión avivando el fuego, no vaya a ser que mudemos el gesto cuando pasemos frente a fisonomías que no son la nuestra antropológicamente, pero nos están ayudando a hacer más grande este país multirracial. Dios dirá, al menos para los creyentes, si el brutalmente asfixiado Don Alfonso dormirá la paz de los justos o padecerá un castigo infernal tras existencia tan disoluta; quienes no entramos en cuestiones enigmáticamente divinas, pensamos que el reo tendrá tiempo para repensar su execrable crimen, y quizás también funcione la reinserción, aunque tengo mis dudas, pero para eso están los centros reeducativos. ¿O no?
Y todo por dos malditas tarjetas de plástico.