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Adiós. Hasta siempre, o... hasta nunca. Ya veremos.

He oído en algún sitio que Julito no se va a comer solo el marrón de Venezuela, Plus Ultra, los chinos, las joyas de los moros y todo lo que quiera soltar porque se lo ha pedido su familia.

Julito Martínez.

Julito Martínez.

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"¡Qué descansada vida la del que huye del mundanal ruido/ y sigue la escondida senda por donde han ido/ los pocos sabios que en el mundo han sido!". El fraile agustino de Belmonte, Luis de León, sabía lo que se decía al salir de la cárcel. Sin haber robado ni hecho daño a nadie -enumeren los nombres que quieran en la política del siglo XXI, no hay que remontarse hasta el Duque de Lerma, que se hizo cardenal para que no lo ahorcaran-. 

La iglesia inquisidora metió preso a Fray Luis de León, por traducir del latín el Cantar de los Cantares y negar, como pretendían los analfabetos vividores, curas de misa y olla, que un canto de bodas, escrito en hebreo hacia el 500 A.C, era un poema que se refería al amor de Cristo a su Iglesia. El canto habla de los deseos del novio de comerse viva a la novia –como yo a mi chica que me dejó ir y ande por donde ande y con quien sea- me la comería ahora mismo empezado por donde ella dijera.

¡Tytyre, tu patulae recubans sub tegmine fagi! Virgilio también sabía de qué hablaba en los diálogos de pastores de sus Bucólicas. ¡Oh, Tytyro, tu muellemente recostado bajo la copa de un haya frondosa! Recostado a la sombra, sin lujos, sin intrigas, sin halagos, porque nada de eso hace falta para ser feliz, conforme creen y defienden algunos indocumentados, tan equivocados como ambiciosos. 

Solo es precisa una manta y tumbarse en el suelo, a la sombra del Molino Cotolix, releyendo a los clásicos y que al final de la mañana mi chica llegué con un aperitivo y dos cervezas para disfrutar el aire limpio, el silencio del campo y su piel.

Como en las películas de casinos, cuando el que manda en la mesa, da por finalizada la partida y dice con voz autoritaria: no va más.

He terminado. El asco de la vida política -y muchas veces, casi infinitas veces, también de la no política- me empuja al retiro varias veces anunciado. Me da envidia Fray Luis de León y su poema, tras salir de la cárcel, enmarcado a la puerta del Palacio de Bellavista en Belmonte: “Aquí la envidia y mentira/ me tuvieron encerrado. Dichoso el humilde estado/ del sabio que se retira/ de aqueste mundo malvado/ y con pobre mesa y casa/ en el campo deleitoso/con solo Dios se acompasa/ y a solas su vida pasa/ ni envidiado ni envidioso” .

Líbrenme todos los dioses del Olimpo de intentar parecerme al genio, al fraile agustino. Líbrenme esos mismos dioses olímpicos de intentar acompasarme con ningún Dios del imaginario popular, que espero a la Parca con la tranquilidad del que sabe que vuelve a la nada y que el mundo seguirá funcionando con idénticos principios. 

Igual que antes de venir yo a él y lo mismo cuando me vaya. Nadie es imprescindible. La muerte nos iguala y destruye títulos, riquezas y toda suerte de adquisiciones que los imbéciles se creen que son eternas.

Dicen los agnósticos que uno sigue vivo mientras haya alguien que lo recuerde. Es difícil: los hijos van a tu entierro - algunos ni eso-. Tu mujer – si la tienes- puede incluso llorarte alguna tarde oscura y melancólica, pero ya está. Los nietos puede que te recuerden algún día y … se acabó. 

Lo más que puede pasar es que algún despistado en una biblioteca municipal, cincuenta años más tarde, se encuentre con "El Metralla", con "De prisiones putas y pistolas", con el "357 Magnum", con "Ya hemos estado en el infierno", con "Cuarenta años de cárcel" o con "Yo soy el asesino", o con el que escribo para terminar: "Casos criminales"

Si me da tiempo la señora del hábito negro y la guadaña en la mano. Puede pasar que algún despistado tropiece con alguno de estos hijos míos y diga: ¡ostia puta, escribía bien el tío este! No hay más, no va más como en los casinos de lujo. Ahí acabó la función para siempre.

El asco de la política - entre otras cosas- me ha empujado al desierto y a la soledad donde no hay peligro de engaño.

Veo la televisión mientras decido hacer una única maleta con escasa ropa, una bolsa de aseo –cada día seguiré duchándome, lavándome el pelo y los dientes por si viene mi chica, la de la piel de seda y la sonrisa contagiosa. Dormiré con la puerta abierta, por si acaso se le ocurre regresar-. Más raro fue aquel verano que no acabo de nevar. Arrastro también una caja con veinte libros escogidos, purgando mi biblioteca como hacían el cura y el barbero en la de Alonso Quijano.

Discuten inútilmente los diputados sobre una propuesta para invitar a Sánchez a que convoque una moción de confianza. Una filfa, una gilipollez de moción. Si tantos estáis de acuerdo en que se vaya -incluidos todos los que estáis viviendo del chollo del congreso y de los miles de cargos pagados de puta madre- haced una moción de censura, votadla y ganadla como habéis ganado esta payasada. Perdida la pantomima, el banco socialista se parte de la risa porque eso no conduce a nada. Pierden y se parten –como si los alemanes que han perdido con los paraguayos se estuvieran partiendo el culo-. Se ríen y aplauden frenéticos al que ha perdido, Sánchez. Él, afanoso de poder y gloria, cesarista y encantado de haberse conocido se deja aplaudir por la corte de paniaguados y es feliz vitoreado por la infinita corte de pelotas. Patxi es el adalid del peloteo: Yo soy de Begoña y se parte el pecho porque algo hay que hacer para seguir en el chollo de no dar golpe desde que dejó la carrera de Industriales para vivir del cuento. Como el sindicalista de las gambas y la pasmina.

La política judicial anda revuelta como el mar en una tempestad evangélica. Ábalos y Koldo machacados -y lo que les queda que hay varias causas más pendientes en la Audiencia nacional-, Aldama casi absuelto tras chivarse incluso de sí mismo. Su conducta, productiva a tope y triunfante, genera discípulos a porrillo. El conseguidor, liante y enmarañador de realidades -Julito el eldense, todo presuntamente, por favor-, he oído en algún sitio que no se va a comer solo el marrón de Venezuela, Plus Ultra, los chinos, las joyas de los moros y todo lo que Julito quiera soltar porque se lo ha pedido su familia, conforme leo en la prensa canallesca. 

No me invento el adjetivo de canallesca, que ya lo decía mi profesor de Historia de cuarto de bachiller -Pepe Puros, mote adquirido “in aeternum” de cuando se fumaba en clase-. Ya se refería la canallesca, con Franco vivo, cuando notaba el menor detalle crítico para con el salvador de la España Imperial.

Tengo dos amigas sanchistas que me tienen mártir. Son sanchistas acérrimas incluso cuando duermen. Por ellas, entre otras cosas huyo al desierto a serenarme ante el inminente crematorio y a vivir sin leer ni un periódico ni escuchar un solo programa de debate político. 

Me dedicaré - ya lo he dicho- a terminar “Yo soy el asesino” - i eres mujer te va a encantar, vas a flipar y vas a poner verdes a las malvadas. Si eres hombre te vas a sentir comprendido- y a escribir partiendo de cero “Casos criminales”. Desde un inútil congreso de criminología al que asistí hace muchos años en Córdoba -jamás he vuelto– fui considerado (pongan aquí el adjetivo corrosivo que quieran, desde capullo a hijo de puta) porque me reí de esos congresitos inútiles para huir de la parienta pasada de peso y buscar alumnas entusiastas, ilusionadas con una profesión que cuatro décadas después no acaba de arrancar. 

¿Han visto algún BOE en el que se pida la criminología para acceder a alguna plaza oficial relacionada con el delito y sus circunstancias? Pues eso. Abundan, otra tragedia que me hace antipático al denunciarla, un montón de criminólogos que no han visto un delincuente jamás, que jamás han entrevistado a un terrorista ni a un asesino y cuyas motivaciones son… llamémoslas fantásticas. Los llevo llamando muchos años, criminólogos de salón, y todos ellos juntos hacen que la criminología esté minusvalorada y prácticamente inútil, como la politología, que solo la venden sus poseedores para meterse en política y pillar aunque sea una concejalía.

Se quejan estas amigas, tan sanchistas como el De Manuel, de que no me meto con el novio de Ayuso que ha aumentado sus ingresos de Quirón multiplicándolos, se quejan de que no me meto con Les Naus, esas viviendas de protección oficial a bajo precio ocupadas por cercanos al ayuntamiento alicantino y de un caso similar en Benahavis en Málaga

Ya querría yo haber pillado un pisito en Les Naus, aunque no fuera un ático, pero… soy jubilado e insolvente porque la literatura no me da un euro sino que me quita, solo me sirve para mantener las neuronas medio engrasadas y no tengo contactos. Se quejan las sanchistas de la Kitchen, la Punica, la Gürtel y del Jefe de Gabinete de la Ayuso -que a mi me cae como una patada en los mismísimos-. No soy omnipotente para resolver chanchullos. Ni siquiera soy potente a secas. Eso sí, por el novio de Ayuso me cambiaba ahora mismo y hasta abandonaba el desierto sin pedirle ni enchufes ni nada a cambio, me conformaría con que me llevara a su despacho para barrer. Gratis, sin cobrar para no joder –con perdón- la jubilación que me he ganado. Eso si, si vuelve mi chica, la dejaría de inmediato y que saliera el sol por Antequera. Hasta siempre… o hasta nunca. ¿Y de Leire, a estas alturas, qué vamos a decir? Un desastre. Mortadelo y Filemón.

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