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Crónica negra: Las campas de coches de Torrellano

Elche asesta un nuevo golpe a una campa, analizamos su fenómeno y consecuencias

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Jorge Brugos Martínez
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La ofensiva del Ayuntamiento de Elche contra la proliferación desordenada y clandestina de aparcamientos en las inmediaciones del aeropuerto de Alicante-Elche Miguel Hernández no da tregua. Agentes de la Policía Local precintaron este martes una enorme campa ilegal en la pedanía de Torrellano: una parcela de 8.000 metros cuadrados de superficie reconvertida de forma irregular en un parking con capacidad para estacionar más de un millar de vehículos.

La operación forma parte del plan de choque activado por el consistorio ilicitano para meter en cintura un negocio millonario que florece al abrigo del tráfico aéreo. Con esta última clausura, los servicios de inspección municipales y la Policía Local elevan a cuatro las campas clausuradas, a las que se suma una quinta cuya apertura fue interceptada a tiempo y una sexta en vías de resolución judicial. En total, las intervenciones municipales han neutralizado o puesto bajo la lupa parcelas que suman una capacidad superior a los 5.000 automóviles.

Un cerco administrativo y policial a las puertas del aeropuerto

La actuación en Torrellano sigue la estela de las recientes intervenciones acometidas en las pedanías de Saladas y El Altet, donde el Ayuntamiento precintó otras dos instalaciones irregulares que ocupaban 10.000 metros cuadrados e albergaban unos 500 coches.

El punto de inflexión de esta ofensiva institucional se fijó el pasado 23 de abril, cuando la Junta de Gobierno Local aprobó una moción taxativa para frenar la concesión de licencias e impedir la proliferación de estos recintos en el entorno aeroportuario. Desde entonces, el balance del despliegue es contundente: se han inspeccionado más de un centenar de campas por parte de los servicios técnicos y urbanísticos, se han ejecutado más de 50 inspecciones sobre el terreno directamente por la Policía Local y se han notificado 46 requerimientos de regularización formal a los propietarios desde el 4 de junio.

El protocolo municipal actúa como una tenaza: tras la primera inspección e identificación de los gestores, el consistorio otorga un plazo de tres meses para presentar una memoria descriptiva y el certificado técnico correspondiente. Quien no acredite cumplir estrictamente la normativa ambiental y urbanística se enfrenta al cierre cautelar y al precinto inmediato de las instalaciones.

Para dar respuesta definitiva a este limbo jurídico, Elche ya trabaja en la redacción de un Plan Especial urbanístico. El actual Plan General de Ordenación Urbana (PGOU), redactado en 1998, no contempla el uso de aparcamiento privado masivo en suelo no urbanizable mediante Declaración de Interés Comunitario (DIC). El nuevo marco fijará las zonas habilitadas y exigirá rigurosos criterios de integración ambiental, paisajística y de seguridad.

Retrato histórico: Las campas de Torrellano, de huertos tradicionales a "parking low-cost" 

La pedanía de Torrellano  ha sido históricamente el corazón agrícola e industrial del campo ilicitano. Durante décadas, sus tierras destacaron por el cultivo de secano, la almendra, el granado y la higuera, conviviendo desde finales del siglo XX con la potente fuerza tractora del Parque Empresarial de Elche.

Sin embargo, su fisonomía y su destino económico cambiaron drásticamente con las sucesivas ampliaciones del Aeropuerto de Alicante-Elche (El Altet). La posición estratégica de Torrellano, vertebrada por la N-340 y a escasos minutos de la terminal de pasajeros, convirtió a sus parcelas rústicas en un caramelo para el sector del rent a car y la custodia de vehículos de viajeros.

Lo que comenzó a principios de la década de 2000 como pequeños negocios familiares de custodia de coches —a menudo habilitados en antiguos bancales o naves agrícolas adaptadas— derivó en un fenómeno especulativo fuera de control a medida que el aeropuerto batía récords históricos de pasajeros. Por un lado, las elevadas tarifas de los aparcamientos oficiales del recinto aeroportuario propiciaron la llegada masiva de operadores low-cost. Por otro, cientos de miles de metros cuadrados de suelo agrícola no urbanizable fueron nivelados, gravados y vallados de la noche a la mañana, careciendo en muchos casos de medidas básicas de seguridad, licencias de actividad, sistemas contra incendios o redes de drenaje para evitar la contaminación del suelo por vertido de aceites.

A todo ello se sumó la creciente tensión vecinal. El trasiego constante de microbuses lanzadera, el polvo generado, el impacto paisajístico y la competencia desleal denunciada por los aparcamientos regulados convirtieron a las campas de Torrellano en una histórica asignatura pendiente para la disciplina urbanística de Elche. Hoy, las medidas de clausura puestas en marcha buscan poner fin a más de dos décadas de vacíos legales en Torrellano, devolviendo el orden al territorio frente a una actividad económica que creció al margen de las reglas del urbanismo.

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