Que dios nos pille confesados
Los pecados capitales
La soberbia, que hace creer a los dirigentes que están por encima de la ley, que tienen una inmunidad que alcanza hasta lo moral y que creen que el partido político al que pertenecen es el dueño de todo, incluidas las instituciones, Fiscalías y Tribunales entre otras.

Pedro Sánchez y Óscar Puente durante un acto del PSOE el 19 de octubre de 2026 en Valladolid.
Es una pena que en las Parroquias ya se hable poco o casi nada de pecado. Ello es también un pecado: el de la omisión.
La labor de la Iglesia Cristiana es anunciar la Buena Noticia (el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo) y llevar adelante con valentía la acción profética que también le delega el Resucitado: denunciar el pecado. Así, anuncio y denuncia van de la mano y ambos son imprescindibles para mantener presente la Voluntad de Dios por encima de todo y de todos.
El único lugar donde está escrito no hay ni bueno ni malo es en la puerta del infierno. ¡Por ello es urgente distinguir uno del otro!
Muchos sufren fatiga moral por soportar a los que hacen de esa definición que no distingue uno del otro, el bien del mal, el honor del des-honor, lo que merece premio y lo que urgentemente clama por castigo (el que imponga la ley).
Cabe destacar que la fatiga moral es una trampa del demonio y vaya aquí mi oración y apoyo a todos los que perseveran en el camino de una buena conducta, el honor y la palabra contra la mentira y el concepto de que la verdad es lo útil, y que aún saben que el pecado no agrada a Dios y por el contrario sí le ofende.
El pecado tiene siempre una consecuencia no solamente sobre quien lo comete, sino también sobre la familia y la sociedad.
Así como la Gracia, el Amor de Dios y su Bendición se reflejan en lo personal y comunitario, así también el pecado repercute en los demás.
Peor aún si estos pecados son capitales, y en este caso, tienen su capital presuntamente visible en la Moncloa.
A la hora de escribir estas líneas, asistimos a la detención de un ex chofer del Presidente Pedro Sánchez y a nuevos allanamientos todos ellos relacionados con la corrupción, que podría ser definida como la consecuencia de los pecados.
Los vicios éticos y morales que se ven relacionados con la conducta de los dirigentes políticos de turno, nos permiten hacer una analogía entre los pecados capitales y sus consecuencias, sufridas por toda la sociedad.
La avaricia, que resulta un motor para la conducta de muchos, se puede relacionar directamente con los contratos amañados, las comisiones ilegales y la presunta financiación ilegal de las estructuras políticas.
La soberbia, que hace creer a los dirigentes que están por encima de la ley, que tienen una inmunidad que alcanza hasta lo moral y que creen que el partido político al que pertenecen es el dueño de todo, incluídas las instituciones, Fiscalías y Tribunales entre otras.
La envidia, que actúa como inspiradora de toda clase de infamia, mentira y trampa contra el rival de otro partido o del propio, cuando busca obtener poder.
La ira, que se manifiesta en los golpes en la mesa en privado y en respuestas cargadas de ofensa contra el adversario político o contra Jueces cuando sus sentencias van contra los intereses personales o del partido.
Es además, herramienta de polarización en la sociedad, para poner a todos contra todos.
La lujuria, que no solo se expresa en lo sexual, sino también en el ejercicio del poder, pues el poder otorga un placer mayor que el sexual para algunos. Así, la lujuria es vivida como un ansia de estar por encima de los demás, haciendo lo que se antoja y sin medir el desenfreno y la utilización de los demás para su propósito.
La gula, que es el apetito insaciable por el dinero, no importa cómo se obtenga ni de dónde venga.
La pereza, que es apatía y desinterés por la vida del prójimo y que anestesia toda responsabilidad en el cargo que se le asigna para servir a la sociedad.
Su resultado es la falta de previsión, mantenimiento y cuidado que trae como consecuencia la pérdida de vidas y el sufrimiento de miles de familias.
Cuando se pierde el concepto de pecado, cuando se desdibuja la frontera entre el bien y el mal, se dejan de medir las consecuencias de las acciones en esta vida y en la otra.
El ejercicio de la política para muchos políticos – y especialmente para los que se confiesan ateos – tiene como objetivo la búsqueda de riqueza personal, status,y notoriedad, solo por mencionar algunos y no el servir a la sociedad.
Quienes viven para esto, sufren un tremendo vacío existencial y ya habitan el infierno en este lado de la existencia.
Dije algunos políticos, no todos.
Nuestro Señor Jesucristo tiene una pregunta para ésos: ¿ De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma? – Evangelio de San Mateo 16:26).
Esta es una máxima ética y filosófica que trasciende lo religioso y que debería ser tenida en cuenta a cada momento, especialmente en ejercicio de la responsabilidad pública.
Para los que creemos que hay un Padre Celestial, que en Cristo nos da el ejemplo de una vida irreprochable, pues “anduvo haciendo el bien” – Hechos de los Apóstoles 10:38- y que nos regala Su Espíritu Santo, hay una responsabilidad social: votar teniendo en cuenta que los pecados capitales no pueden ya tener lugar ni estancia en nuestra amada España.
Pidamos el don del Discernimiento al Espíritu Santo para que la Gracia de Dios nos devuelva al Diseño Divino que como sociedad el mismo Padre ha soñado para nosotros.
Que Dios los bendiga.