Rememorar la Exposición Regional de 1909 con idéntico entusiasmo
Recordar sus fundamentos y relacionarlos entre sí en un mismo acto, nos ha permitido comprender la magnitud social, económica e identitaria del evento

Tamarit, Sender, Catalá, Taberner, Trénor y de Rosa escuchando a José María Lozano
El pasado miércoles se celebró en el Colegio Territorial de Arquitectos de Valencia, la Jornada adjudicada a ESdiario en convocatoria pública, La Exposición Regional de 1909, antecedente histórico para la próxima exposición internacional de Valencia, con la intervención de distinguidos expertos y una selecta, conocida y especializada asistencia, como dijo María José Catalá en sus muy amables y comprometidas palabras de clausura. En calidad de coordinador no he podido quedar más satisfecho.
Y asombrado. Puesto que, naturalmente, conocedor del conocimiento riguroso y preciso de cada uno de los ponentes -y del que hicieron gala en sus intervenciones- recordar sus fundamentos y relacionarlos entre sí en un mismo acto, nos ha permitido comprender la magnitud social, económica e identitaria del evento. Dio fe de ello el veterano periodista y Cronista de la ciudad de Valencia, Paco Pérez Puche, quien rememorando con la pulcritud de su oficio nombres, hechos, datos y cifras, traduciéndolos en conceptos, sintetizó en la palabra entusiasmo. Es sabida la capacidad del arquitecto urbanista, profesor y académico de BBAA Francisco Taberner, de contextualizar el evento, facilitando una interpretación más completa. Y así lo hizo también esta vez, sin evitar poner su ojo crítico en cuestiones estratégicas. El catedrático de arquitectura de la UPV Fernando Vegas, es sin duda alguna el depositario histórico de la arquitectura de la Exposición Regional. A lo enciclopédico de su tesis doctoral, ha ido sumando desde entonces una mirada desde nuevos puntos de vista que la enriquecen.
La participación de Carmen de Rosa, nuevamente presidenta del Ateneo Mercantil, que fue entonces la Institución impulsora, y de Tomás Trénor, biznieto del Marqués del Turia que la lideró, es una muestra de un apoyo personal que merece mi agradecimiento público.
El Director General de Valencia Verde, Antonio García, introdujo el evento, con reflexiones, datos y anuncios de futuro que permiten ser optimistas sobre la voluntad municipal de mantener una suerte de capitalidad permanente. No fue distinta la intervención de Raúl Mérida, Secretario Autonómico de Medio Ambiente y Territorio, que no rehusó entrar al trapo de la realidad climática ni de los tiempos que estamos sufriendo. Antes, la catedrática de la UPV María José Viñals, experta en gestión cultural y medioambiental, asesora de instituciones públicas y privadas, nacionales y extranjeras, había expuesto razones y método de lo que supuso en la práctica una Guía estratégica para la organización de un gran evento en torno al ecosistema verde que componen La Albufera, el Jardín del Turia y la Huerta (“el lago, la cinta y la corona” en palabras de la profesora de Insausti).
Y me detengo en el concepto de entusiasmo para celebrar, hoy más que nunca tras la dana, la oportunidad de que Valencia se enorgullezca de sus valores y exhiba ante sus propios ciudadanos, visitantes y opinión pública, los motivos de su orgullo. Que no son pocos.
He llamado comprometido el discurso de la alcaldesa, recibida por la presidenta de los arquitectos, Marina Sender, -no me dolieron, ni me duelen aquí prendas en reconocer su dedicación y eficiencia- porque a la firmeza y determinación de la que dio cuenta en su contenido más institucional y político, añadió una sensibilidad interpretativa que nos obliga a seguir trabajando.
La oportunidad de conmemorar por todo lo alto la Exposición Regional de 1909 ciento veinte años después, puede ser ya, desde ahora mismo, motivo de entusiasmo.