Valencia aprueba la ZAS de Russafa entre protestas: vecinos, hosteleros y oposición cargan contra una medida “ineficaz”
El gobierno de PP y Vox saca adelante la declaración de Zona Acústicamente Saturada en Russafa mientras crece el rechazo en la calle y la oposición denuncia falta de soluciones reales al ruido.

Protesta convocada por la Asociación por una Hostelería Responsable de Russafa y la Asociación Empresarial de Discotecas de Valencia contra la ZAS de Russafa.
El Ayuntamiento de Valencia ha dado luz verde definitiva a la declaración de Zona Acústicamente Saturada (ZAS) en el barrio de Russafa, una decisión que ha encendido tanto el debate político como el malestar social. La medida, aprobada en el pleno ordinario de abril con los votos favorables del gobierno municipal de PP y Vox, ha sido rechazada frontalmente por Compromís y PSPV-PSOE, que cuestionan su eficacia para resolver el problema del ruido.
La aprobación ha coincidido con una protesta a las puertas del consistorio protagonizada por representantes del sector de la hostelería y el ocio nocturno, junto a trabajadores y empresarios. Bajo lemas como “Queremos soluciones, no improvisaciones” o “Bajad el ruido, no las persianas”, los convocantes han escenificado su rechazo a una normativa que consideran perjudicial para la actividad económica del barrio.
Desde el equipo de gobierno, el concejal de Mejora Climática, Acústica y Eficiencia Energética, Carlos Mundina, ha defendido la decisión como una obligación legal derivada de una sentencia judicial de 2020. Según ha explicado, dicha resolución instaba al Ayuntamiento a actuar ante los niveles de ruido detectados en Russafa, apoyándose además en informes municipales previos que ya alertaban de la situación.
Mundina ha cargado contra el anterior ejecutivo, formado por Compromís y PSPV, al que acusa de haber dejado el problema sin resolver durante años. El edil sostiene que el actual gobierno ha culminado un proceso que era “exigible por ley” y que no podía seguir aplazándose.
Sin embargo, desde la oposición la lectura es muy distinta. El concejal de Compromís, Giuseppe Grezzi, ha criticado que la ZAS “no convence a nadie” y ha advertido de que no solucionará el conflicto entre el descanso vecinal y la actividad económica. A su juicio, el planteamiento actual genera más problemas de los que resuelve y evidencia falta de diálogo con los afectados.
En la misma línea, la edil socialista, Elisa Valía, ha señalado que la propuesta carece de medidas de calado y ha llegado a calificarla de “mucho maquillaje y poca eficacia”. Aunque no cuestiona la necesidad de cumplir la sentencia, sí pone en duda que el contenido aprobado vaya a mejorar la situación real de los vecinos.
El debate también ha reflejado la tensión entre los distintos sectores implicados. Mientras asociaciones vecinales llevan años reclamando soluciones para garantizar el descanso, representantes del ocio nocturno alertan de consecuencias contraproducentes. Entre ellas, un posible aumento del ruido en la vía pública debido al adelanto del cierre de locales, lo que podría trasladar el problema desde el interior de los establecimientos hacia la calle.
La ZAS de Russafa nace así rodeada de polémica y con un escenario complejo: la obligación legal de actuar frente al ruido, el rechazo de buena parte del tejido económico y las dudas sobre si las medidas aprobadas lograrán realmente equilibrar el descanso vecinal con la actividad del barrio. Un conflicto que, lejos de cerrarse, apunta a seguir marcando la agenda política y social en València.