FINAL LIGA ACB
Catorce mil almas naranjas para dar un baño al Barcelona y empatar la final (102-75)
Marea taronja. Piel de gallina. El himno retumbando y 14.865 gargantas empujando desde el salto inicial. Había ambiente de noche grande… y el Valencia decidió jugar como si fuera el último partido de la final desde el primer segundo.

C
Las banderas al aire, el himno retumbando y esa sensación que sólo se tiene en las noches grandes: hoy no podía fallar. Y no falló.
El balón se lanzó al cielo del Roig Arena… y desde ese instante el Valencia salió como un equipo que sabía exactamente lo que se jugaba. Intensidad, manos rápidas, defensa arriba… el Barça, sin aire.
Primeros ataques fallados, nervios, precipitación… y de repente el marcador hablaba solo: 11-0. Cinco minutos y medio sin anotar. Montero marcaba el ritmo al Roig que rugía con cada acción, y el equipo fluía. Todo salía. Todo entraba. El primer cuarto terminó con un 26-11 que no era solo una ventaja. Era una declaración.
Pero esto era una final. Y el Barça, herido, reaccionó. Subió la defensa, ensució los ataques taronja y convirtió el partido en un intercambio frenético. Ida y vuelta constante, posesiones rápidas, sin respirar. El Valencia empezó a sentirse incómodo. El Barça, cada vez más dentro.
El segundo cuarto se escapó (19-27) y el descanso llegó con solo siete puntos de ventaja.
Y en ese momento, por dentro, apareció el fantasma. El recuerdo del otro día. La duda. El “otra vez no”. Pero este Valencia ya no es el mismo. Salió del vestuario con la mirada distinta. Sin ansiedad. Sin miedo. Y entonces volvió a ser él.
Defensa. Robo. Carrera. Canasta. Otra vez. Y otra. Y otra. Un 10-2 de inicio que no solo abría hueco en el marcador. Abría una grieta definitiva en el partido. El Barça se rompía.
El Valencia crecía. El tercer cuarto fue un golpe encima de la mesa: 30-14.
Las piernas ya no respondían igual en los visitantes. La confianza sí lo hacía en los locales. Moore volando, triples cayendo, cada defensa convertida en ataque. El pabellón ya no animaba: celebraba.+22.
Y la sensación era clara: esta noche era nuestra. Los últimos diez minutos fueron una liberación. Sin tensión. Sin dudas. Sin miedo. Solo baloncesto.
Los triples empezaron a entrar como si el aro fuera enorme (9 de 15). La ventaja crecía hasta volverse escandalosa. +30.,+36. El Roig Arena se vino abajo cuando el marcador superó los 100 puntos. Otra vez. Como si fuera costumbre. Como si este equipo hubiera decidido que soñar se queda corto.
Y entre todo, Montero, 19 puntos, B. Key, 19 puntos, Moore, 11 puntos, las almas de este Valencia.
No ha sido una victoria de uno, ni de dos, es de todos, de un equipo.
No fue solo una victoria. Fue una respuesta. A la presión. A las dudas. A la historia reciente.
Y el Valencia ganó. Con autoridad. Con carácter. Y con un nombre propio que brilló por encima del resto: Montero. El hombre que desequilibró la noche.
Estadísticas
VALENCIA BASKET (102): Badio (7), Taylor (5), B. Key (15), Montero (19), Sako (4) -quinteto inicial- J. Puerto (2), Pradilla (10), S. de Larrea (10), Moore (11), Cardenas (2), Costello (8) y Sima (9).
BARÇA (75): Punter (2), Marcos (0), Fall (3), Clyburn (2), Shengelia (9) -quinteto inicial – Cale (5), Vesely (7), Brizuela (10), T. Satoransky (3), Hernangómez (4), Laprovittola (14),y Parra (16)
Espectadores: 14.865 espectadores.
Parciales: (26-11 / 19-27 / 30-14 / 28-23 )
Máximo anotador del partido: J. Montero (19)
Declaraciones
"Aprender, resetear y competir"
Pone en valor el 1-1 (“buen resultado”) y mira ya al Palau, donde espera un ambiente clave: “tiene que ser el de las grandes ocasiones”.
Nada de excusas: sin hablar de árbitros, autocrítica total y mensaje claro → aprender, resetear y competir.
Jaime Pradilla: Satisfacción y alivio tras la victoria. Destaca el peso del primer partido perdido y cómo el equipo ha sabido reaccionar con la ayuda de la afición. Claves para él: rebote, defensa y ritmo. A partir de ahí, el Valencia se hizo fuerte y el Barça fue cayendo.
Eso sí, aviso para lo que viene: en Barcelona espera otra batalla dura, como la del primer día.
Pedro Martínez: Subraya que la diferencia al descanso fue similar al primer partido, pero esta vez el equipo gestionó mejor la frustración cuando el Barça reaccionó. La clave estuvo en la defensa y en un punto extra de energía, que permitió romper el partido en el tercer cuarto.
Resta importancia al resultado abultado: lo único real es el 1-1. El Barça ya ha conseguido su objetivo (robar un partido fuera) y sigue siendo favorito. También pone el foco en el talento rival, especialmente en Laprovittola, difícil de frenar incluso con ajustes. Centrarse ya en el siguiente partido, sabiendo que en el Palau el nivel subirá aún más.