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Final de Champions sin entrada y "oyendo cacas": 27 horas escondidos en el baño

Dos tiktokers belgas se han hecho virales por su última (y aromática) hazaña. La pareja, experta en colarse gratis en eventos de alto copete, se infiltró en el Allianz Arena para ver el PSG-Inter

Neal Remmerie y Senne Haverbeke, en la final de la Champions

Neal Remmerie y Senne Haverbeke, en la final de la ChampionsInstagram @neal_senne

Publicado por
Mariola López

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Lo de pagar por ver la Champions es cosa de aficionados, o al menos eso creen dos tiktokers belgas que se han hecho virales por su última (y aromática) hazaña. La pareja, experta en colarse gratis en eventos de alto copete, se infiltró en el Allianz Arena para ver el PSG-Inter... encerrándose desde un día antes en un baño del estadio.

Estos dos artistas del escaqueo pasaron nada menos que 27 horas escondidos en un retrete del estadio muniqués. Ni una semifinal de tortura psicológica, ni un escape room con límite de tiempo: esto fue modo leyenda. Y sí, escucharon de todo: gente orinando, conversaciones absurdas y más de una "caca en estéreo", como ellos mismos reconocen.

No es la primera vez que lo hacen. En su canal de TikTok acumulan millones de visitas colándose en festivales, conciertos y partidos como si fueran fantasmas con Wi-Fi. Esta vez, con bocatas, agua y nervios de acero, aguantaron un día entero sin que ningún empleado del estadio se oliera la tostada (aunque otros olores, sí).

“Nos quedamos sin piernas, sin batería y con el trauma de haber oído a medio Múnich hacer sus cosas, pero lo conseguimos”, cuentan entre risas. Cuando llegó el gran momento, cuando el público que había pagado su entrada empezó a ingresar al estadio muniqués, salieron del baño como héroes de película: ojerosos, deshidratados y con un Máster en Desatrancos, o parecido.

El momentazo final no fue Dembelé o Lautaro: fue ver sus propias caras al sonar el himno de la Champions. "Todo mereció la pena", dijeron emocionados, aunque probablemente sigan soñando con cisternas y papel higiénico industrial. Su próximo reto, dicen, podría implicar otra taza. Pero esta vez… ¿en Wimbledon?

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