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con guante blanco

Miguel Queipo

Miguel Queipo de Llano

Con la cara lavada y recién peiná


Kylian Mbappé celebra su gol de penalti ante Osasuna

Kylian Mbappé celebra su gol de penalti ante Osasunaángel Martinez/Getty Images

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Lo cantaba Manolo Escobar, y le va al pelo a este Real Madrid 2025-2026. Con la cara lavada y recién peiná. Con un ramillete de fichajes para darle un nuevo aspecto, con un nuevo entrenador para que la permanente ancelottiana tenga un toque rocanrolero, como quiere Xabi Alonso. Pero los vicios en el campo y en el banquillo siguen siendo los mismos de siempre. Hay tiempo de sobra para que esto se parezca a lo que nos prometieron, pero el primer partido liguero del Real Madrid resultó bastante tostón. 

Los calores traían el ansia vida del madridismo de ver, por fin, el libreto de Xabi Alonso. Tras el Mundial de Clubes, en el Santiago Bernabéu. El público respondió, pero las primeras páginas del tolosarra en su nueva casa amarillearon. Tanto, que parecía un plagio a lo tesis sanchista respecto a lo que planteaba Carlo Ancelotti, su antecesor en el banquillo blanco. No sólo por la disposición táctica, ese 4-3-3 que destroza a los blancos, sino por el sometimiento a las vacas sagradas. Un penalti igual de claro que de tonto de Osasuna le dio el triunfo a los blancos y evitó un atragantón agosteño.

Sí, el Madrid presiona más arriba. Se desorganiza menos defensivamente. Pero sigue siendo un disparate ofensivo, más aún contra defensas cerradas como la que planteó Osasuna. Brahim es un revulsivo, un polvorilla que sirve como recurso los últimos veinte minutos de un partido atascado. Pero no puede ser titular en un Real Madrid.

Trent jugó demasiado centrado (y dejó un par de errores defensivos groseros, además, lo que evidenció el buen partido de Álvaro Carreras) y los de Alonso solo atacaban por la izquierda, con Vinicius desaparecido, otra vez, y Arda Güler dejando patente su exasperante lentitud. Que el Madrid le vaya a dar la manija al turco es como si Ferrari decide sustituir a Lewis Hamilton de su equipo de Fórmula Uno (léase Luka Modric) para poner a un conductor de un VTC. Sabrá conducir, pero no es lo mismo. Lucas Torró, el centrocampista fetiche de Zidane cuando entrenaba al Castilla, se lo merendó con patatas.

Para colmo, Mbappé, el nuevo diez, volvió a jugar de viejo nueve. Ante un equipo cerradísimo como Osasuna, no tener un nueve de referencia es un problema serio. El Madrid solo llegó en el primer acto con disparos desde Sebastopol, incapaz de crear eso tan complicado que se llama fútbol. Gonzalo García andaba revolviéndose en su asiento, pero eso es lo que le espera. Como a Endrick. Van a jugar muy poco (quince minutillos tuvo el canterano, el brasileño aún anda lesionado) y, desde luego, no tiene pinta de que sea en partidos importantes.

El estúpido penalti de Juan Cruz sobre Mbappé que anotó el francés acabó con el sufrimiento. Regresó Dani Carvajal para sentir el calor de su hinchada, por fin, y Xabi Alonso volvió a dejar claro el escalafón: quitó a Brahim y metió a Mastantuono. Ni a Rodrygo (que cuenta menos que Ceballos, porque hasta el utretano tuvo minutos) ni a Gonzalo, no. Al recién llegado en el primer cambio. El canterano tuvo que esperar un rato más. La cara lavada y recién peiná, pero los mismos vicios de siempre y los tres puntos, algo es algo, en la saca.

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