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Miguel Queipo

Miguel Queipo de Llano

Xabi Alonso tiene tarea: la cetrería

La contracrónica del Real Oviedo-Real Madrid (0-3)

Xabi Alonso, en el Tartiere

Xabi Alonso, en el TartiereJuan Manuel Serrano Arce/Getty Images

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Da gusto volver a ver fútbol en Oviedo, en un estadio precioso, frente a una afición formidable y con una directiva, la que preside Martín Peláez, que honra este deporte que hasta se te eriza la piel. Ojalá fuera así siempre. Allí, en la capital del Principado, tierra de Don Pelayo, Xabi Alonso apostó por Franco (Mastantuono), alimentando sin querer el absurdo debate sobre el nombre del pila del argentino, que dejó buenos detalles en su estreno en el once inicial pero también las esperadas lagunas de un recién aterrizado.

El equipo que barrunta el tolosarra va dejando pinceladas cada vez más claras de lo que quiere ser: Mbappé es vital y el santo y seña de este equipo. Qué golazo el suyo para el 0-1 y qué claridad en la definición en el 0-2. La Tortuga asesina. La presión tras pérdida es como la de Tiburón en la película de Spielberg (lo mismo tuvo que ver la ausencia de Vinicius del once titular, tras los diez meses que lleva desaparecido la medicina le vino de vicio, asistencia y gol en el ratito que tuvo), la línea defensiva cada vez está más adelantada y la movilidad de todos los jugadores cansa solo con verles, porque no paran.

Hay más cosas buenas. Carvajal ha vuelto siendo Carvajal, una magnífica noticia. Huijsen blandea en los despejes, pero es una delicia cuando mueve al equipo. Carreras le da sentido al lateral zurdo, huérfano desde Marcelo... Aunque, claro, hay cosas por mejorar, y no solo que aún se le hacen los partidos demasiado largos. Por ejemplo, que el equipo parece una coalición sanchista, porque allí, en las izquierdas más algún verso suelto, se juntan Mbappé, Rodrygo (y cuando se fue, Vinicius), el lateral gallego y Arda Güler. Y sus respetivo marcadores. Parece Metro Sol un martes laborable.

Para colmo, y de momento ha pasado en los dos partidos ligueros, eso provoca que Fede Valverde haya pasado a la oposición. El uruguayo apenas participa ofensivamente y, aunque casi marca en una contra, se echa de menos su arrolladora presencia. Que Xabi le encuentre su espacio es capital, el charrúa es santo y seña de este equipo por juego, por entrega, por liderazgo y por mentalidad. Al tolosarra le queda una complicada labor de cetrero por delante, dándole sentido al Halcón en la propuesta que quiere implantar en Concha Espina.

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