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Verstappen, en orden dentro del caos

El neerlandés volvió a dominar en la sprint y Sainz defendió con garra el último escalón del podio.

Max Verstappen manejando el Oracle Red Bull Racing  en la carrera Sprint del F1 GP de los Estados Unidos en el Circuito de las América  en Austin, Texas. Octubre 18, 2025

Max Verstappen manejando el Oracle Red Bull Racing en la carrera Sprint del F1 GP de los Estados Unidos en el Circuito de las América en Austin, Texas. Octubre 18, 2025Mark Thompson

Juana Troncoso
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El sol texano acompañaba el rugido del Circuito de las Américas. Las gradas eran un mosaico de colores: gorras rojas, camisetas azules, banderas que se movían al ritmo de los motores. En Austin, la velocidad se siente antes de que empiece, está en los pulsos ansiosos de los pilotos y en el silencio contenido antes de que los semáforos den inicio a la sprint.

La primera curva del circuito es una montaña en miniatura, una subida abrupta que termina en una esquina ciega a la izquierda. Difícil y traicionera, el lugar donde todo puede pasar. Y pasó. Piastri, con más prisa que espacio, se cerró demasiado y tocó a Hülkenberg. En el impacto se llevó por delante a Norris y le arrancó la rueda izquierda. Alonso, que venía justo al lado, alcanzó a esquivar, pero metros adelante tuvo problemas con su vehículo que lo dejaron fuera de carrera. Tres eliminados antes de completar la primera vuelta.

Los comisarios desplegaron el Safety Car. Cinco vueltas de contención, cinco giros eternos que sirvieron para reorganizar a los equipos y asegurar posiciones. El eco del golpe todavía flotaba en la recta principal. Sí, era decepcionante que ocurriera en una sprint, pero habría sido mucho peor que sucediera en la carrera principal.

Cuando el Safety Car se retiró, Verstappen no esperó. Aprovechó el reinicio con la frialdad que lo define, una mezcla de cálculo y agresividad que parece programada. Max tomó la delantera sin mirar atrás. Detrás de él, George Russell y Carlos Sainz intentaban no perderle la estela. En ese instante, el neerlandés ya corría otra carrera.

Russell intentó el adelantamiento por dentro, pero Verstappen lo obligó a ir largo, y el británico tuvo que devolver la posición. Fue un duelo breve, suficiente para que Max ampliara la ventaja y dejara sin opciones a su perseguidor.

Mientras tanto, algo se cocinaba aparte. Hamilton sobrepasó a Leclerc con una maniobra que ni él ni Ferrari esperaban. Charles, ni corto ni perezoso, se defendió de forma considerada como tosca, pero válida, aunque ¿Realmente necesaria frente a su propio compañero de equipo?

Hamilton, en el cuarto puesto, obligaba a Sainz a defender su posición. El español hizo lo necesario: inteligente, preciso y sin excederse, logró mantener detrás al siete veces campeón del mundo. La tensión era palpable; pelear el tercer lugar frente a quien ocupaba tu antiguo asiento en Ferrari no es poca cosa. Pero su precisión y seguridad le aseguraron el podio.

Verstappen, mientras tanto, seguía su propia línea. Supo aprovechar el caos inicial para construir una ventaja incuestionable. Ganó, como suele hacerlo, y quedó a 33 puntos de Norris y a 55 del líder del campeonato, Piastri. Otro golpe de autoridad de un piloto que parece correr contra el tiempo, no contra los demás.

El cierre fue menos explosivo, pero no menos intenso. Stroll, en una frenada demasiado optimista, bloqueó y se llevó por delante a Ocon. Segundo Safety Car. El pelotón se reagrupó, pero ya no hubo tiempo para más. Las luces amarillas acompañaron a los pilotos hasta el final.

Verstappen cruzó la meta detrás del carro de seguridad, pero con la certeza de haber controlado todo desde la primera curva. Russell y Sainz completaron el podio. Hamilton, cuarto, terminó con la satisfacción amarga de saber que tenía más ritmo para dar. Leclerc, quinto, defendió demasiado y atacó demasiado poco.

Para los rookies Antonelli y Bearman, la historia fue distinta. Bearman fue sancionado con diez segundos por ganar ventaja fuera de pista, lo que le regaló el punto a Antonelli en el octavo puesto. El brasileño cayó al undécimo lugar.

Estas son las carreras que vale la pena ver, aquellas donde dejan correr a los pilotos, donde se sale de la pista si toca, donde se pelea cada posición. Las carreras son dinamismo, no procesiones, uno detrás del otro. Y sí, el Circuito de las Américas recuperó por momentos esa esencia salvaje que a veces se pierde entre sanciones y los interminables Safety Cars.

Las expectativas para la carrera del domingo son altas. Las sprints siempre son el abrebocas perfecto de los grandes premios, y el Circuito de las Américas no perdona, ni siquiera al líder del campeonato.

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