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con guante blanco

Miguel Queipo

Miguel Queipo de Llano

El frescor salvaje del Caribe

La contracrónica del Valencia-Real Madrid (0-2)

Álvaro Carreras celebra su gol en Mestalla

Álvaro Carreras celebra su gol en MestallaGetty Images

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Al Real Madrid de Álvaro Arbeloa le falta el desodorante aquel de hace tropecientos años, el del frescor salvaje del Caribe. Los madridistas despacharon un partido extraordinariamente plano en Mestalla, sin Vinicius, Bellingham ni Rodrygo. Pero con el sutil aroma de la cantera: David Jiménez, Asencio, Gonzalo y Carreras. Un gol de este último destripó al Valencia, que demasiado hizo con competir dado el transcurrir de su temporada.

A este Real Madrid, con o sin método Pintus, es fácil contrarrestarle. Porque no hay creatividad. No ayudó que Arbeloa, en una decisión raruna, decidiese enjaular a Arda Güler, su centrocampista con mejor pie, en el costado derecho, dejando la sala de máquinas a Valverde. El turco no corre demasiado, el uruguayo no ve un pase entre líneas. Aunque cualquiera sabe las cosas que ven los entrenadores y que nosotros los simples mortales ni siquiera sospechamos. Pero la realidad es que cuando el técnico madridista les devolvió a su posición habitual, el Madrid jugó mejor. Aunque tampoco era difícil.

El mal partido del Madrid tuvo su reflejo en un Huijsen más tembloroso que un camión de flanes. El central se va diluyendo partido a partido, hasta parecer un espectro. El resto, casi, porque no hay atrevimiento, ni desparpajo, desborde, imaginación o colmillo afilado. Sí lo tiene Mbappé, aunque cosa rara en él estuvo torpón pese a marcar cuando el partido agonizaba. Y lo tuvo Carreras en la jugada en la que marcó el 0-1, ante la inopia y la blandura de la defensa valencianista. Pero si el rival dimite, no queda más remedio que aprovecharlo.

Ese gol incendió Mestalla, ante una afición que está tan cabreada con Meriton y con Peter Lim que le exigen a sus jugadores y a su cuerpo técnico algo para lo que no están dotados. Ahora mismo el Valencia es un equipo de supervivencia, donde a sus jugadores no se les puede poner un pero porque demasiado hacen sobreviviendo en un clima tan crispado. Pero necesitan suerte, venga el viento de la Malvarrosa o de Singapur.

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