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El Real Madrid aplasta al Barça en el Palau y da un golpe de autoridad a la Liga Endesa

Un segundo cuarto demoledor (15-31) rompió el Clásico de baloncesto y dejó sin respuesta a un Barça superado por el acierto exterior del equipo blanco (76-95).

Jugadores del Real Madrid de baloncesto celebrando la victoria ante el Barça en el Palau Blaugrana

Jugadores del Real Madrid de baloncesto celebrando la victoria ante el Barça en el Palau Blaugrana

Andrés Silva
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El Clásico de la Liga Endesa duró un cuarto. O, más exactamente, diez minutos de furia blanca en el segundo periodo. Ahí, el Real Madrid desarmó por completo al Barça en el Palau Blaugrana, firmó un parcial de 15-31 y convirtió un duelo igualado en un monólogo que terminó con un contundente 76-95.

Hasta entonces, el partido había tenido pulso de Clásico. Igualado, trabado, con intercambios cortos y un Barça que encontraba puntos en acciones interiores de Jan Vesely y alguna aparición de Will Clyburn. El 18-15 al final del primer cuarto no engañaba: ritmo bajo y muchas dudas ofensivas en ambos lados.

Pero todo cambió de golpe.

El Madrid encontró la mano exterior y, con ella, el partido. Facundo Campazzo encendió la mecha, Mario Hezonja la mantuvo viva y el equipo blanco desató una tormenta desde el perímetro que el Barça no supo leer ni frenar. El dato lo explica todo: 9 de 12 en triples (75%), la mayoría en ese segundo cuarto que rompió el encuentro.

El parcial fue quirúrgico. Cada error azulgrana se convirtió en transición blanca. Cada desajuste, en un triple liberado. Y cuando el Barça quiso reaccionar, el marcador ya señalaba un 33-51 al descanso que pesaba demasiado.

Tras el paso por vestuarios, no hubo reacción. El Madrid bajó una marcha, pero nunca perdió el control. Siguió dominando el ritmo, castigando en el pick and roll con Edy Tavares y encontrando soluciones con un Campazzo en modo director total. A su alrededor, piezas como Gabriel Deck, Usman Garuba o el propio Gabriele Procida sumaron con continuidad.

El Barça, en cambio, vivió a tirones. Chispazos de Darío Brizuela, algún acierto de Kevin Punter o acciones aisladas en la pintura no alcanzaron para maquillar una imagen pobre, especialmente en defensa. Solo cuando encontró a Tornike Shengelia en el poste bajo logró generar algo de juego, pero para entonces el partido ya estaba lejos.

El tercer cuarto confirmó la tendencia (53-71) y el último fue puro trámite. El Madrid jugó a placer, ampliando diferencias sin necesidad de forzar, mientras el Palau comenzaba a vaciarse antes de tiempo. Los pitos de los que se quedaron fueron el epílogo de una noche incómoda para el Barça.

Victoria contundente del Real Madrid (76-95), construida desde el acierto exterior, el control del ritmo y una superioridad táctica evidente. Un golpe sobre la mesa en la Liga Endesa… y un aviso serio en territorio enemigo.

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