El PSG instaura su dictadura

Desire Doue y Luis Enrique celebran la conquista de la Champions del PSG
El Arsenal le llevó al límite, al último penalti de una tanda en una final de Copa de Europa. Pero Gabriel lo embarcó en el London Eye (y eso que lo lanzó en Budapest) y el PSG, el Paguí San Yegmán, se embolsó su segunda Champions consecutiva. Un exitazo tremendo para un, que sí, que será un club-estado, que cae mal, que París acabará con más incendios esta noche que en toda la II Guerra Mundial... pero Luis Enrique ha creado una máquina que ha instaurado, nos guste o no, una dinastía,
Un equipo, donde no hay absolutamente nada por encima del escudo, de la camiseta. Jugadores con egos desmesurados se han aprendido el libreto de Luis Enrique de memoria y ese asturiano con lomo de puercoespín pero que ya es, por méritos propios, uno de los mejores entrenadores del Siglo XXI, ha hecho una máquina que igual vapulea a su adversario en cuanto se pone en ventaja que sabe esperar su momento y apelar a la suerte ante un hueso como el Arsenal.
La exhibición táctica en la zaga de los de Mikel Arteta fue para estudiar en la Universidad del Fútbol, pero no sirvió. El PSG sabe lo que tiene que hacer y encima los hados del fútbol están de su lado: por ese posible penalti no señalado en contra en la prórroga y por el error definitivo de Gabriel en la tanda. No es hora de hacer sangre del árbol caído, pero al Arsenal le llaman Losernal por algo (el Pupas de Londres, que me perdonen los atléticos).
Voy a hacerles una pregunta igual de estúpida que de retórica. Pero, ¿qué pensará Kylian Mbappé, que ve cómo se marcha de París y el club, que jamás había ganado la Champions, se proclama campeón dos temporadas consecutivas? Eso si es que tiene ganas de pensar, claro, que digo yo que con Esther Expósito al lado debe quedar poco tiempo para quehaceres mundanos. ¿O no? Pero lo mismo le escuece un poco. En fin, enhorabuena PSG. Pero que no olviden lo que ponía en los autobuses del candidato a la presidencia del Real Madrid Enrique Riquelme desplegados por Budapest: "Disfruten de la noche. Volveremos". Aunque para volver hay que destruír al PSG. No parece fácil, pero...