Los cuatro problemas de Guler: los intocables que Mourinho no se atreve a cambiar
El turco vuelve a ser el eslabón más débil mientras Mbappé, Vinicius, Bellingham y Valverde permanecen sobre el césped. El precedente de Xabi Alonso explica por qué el portugués parece haber aprendido rápido

Arda Guler, en el partido ante el Betis: otra vez sustituido
En el Real Madrid los entrenadores pasan. Las estrellas —y quien las ficha— permanecen. José Mourinho lo sabe. Conoce la casa, conoce al gran jefe y, sobre todo, conoce el oficio. Para sobrevivir en determinados sitios no basta con saber de fútbol. Hay que saber dónde está el botón rojo y tener la precaución de no pulsarlo. Arda Güler empieza a descubrir que él, por desgracia, no tiene botón.
En La Cartuja volvió a suceder. El turco había creado siete ocasiones, más que cualquier otro madridista, y recuperado cinco balones. Cuando tocó cambiar algo porque aquello no funcionaba, Mourinho cambió a Güler. La amarilla sirvió de explicación y el portugués llegó a admitir que quizá había sido injusto. Mbappé, Vinicius, Bellingham y Valverde siguieron. Qué casualidad tan pertinaz.
No se trata de convertir a los cuatro en culpables. Bellingham, por ejemplo, venía de un inicio de temporada descomunal, prolongación de su magnífico Mundial. En Sevilla estaba fundido. El calor y la humedad tampoco invitaban a marcarse un chotis. Era el día perfecto para ahorrarle unos minutos. Los jugó todos. Hay futbolistas que descansan cuando lo necesitan y otros que ni siquiera pueden hacerlo cuando les pasean con la bombona de oxígeno amarrada a la espalda.
Mourinho 'tomou nota'
El portugués tiene, además, un magnífico manual de instrucciones escrito por su antecesor. Xabi Alonso tuvo fricciones con Valverde y después cometió una osadía reservada a gente poco preocupada por conservar el empleo: cambió a Vinicius en un Clásico. El brasileño montó aquel numerito gestual camino del banquillo que contempló medio planeta y que todavía mantiene rebrincado a medio Santiago Bernabéu con el brasileño. El socio del Madrid no entiende de intocables, solo le importa el jugador que respeta la blanca.
No hace falta inventarse una conspiración. Basta con ordenar los hechos. Vinicius siguió. Valverde siguió. Xabi Alonso ni siquiera pudo hacer la digestión de los turrones. Cada cual puede extraer la conclusión que considere oportuna. Mourinho, que de ingenuo tiene aproximadamente lo mismo que Vinicius de tío calmado, probablemente extrajo la suya. Tomou nota.
Porque el Madrid hace tiempo que convirtió a determinadas estrellas en algo más que futbolistas. Son inversiones, escaparates, candidatos a premios, campañas publicitarias y activos cuyo valor exige minutos y focos. La cuenta de resultados también hace alineaciones, aunque no aparezca con pizarra en Valdebebas. Y Mourinho conoce demasiado bien a Florentino Pérez para confundir autoridad con poder. Puede mandar mucho. Hasta que mandar cuesta dinero.
Por ahora, cuando toca retirar una pieza, el portugués mira hacia Güler. El turco ya sabe cuáles son sus cuatro rivales más complicados esta temporada. La faena es que todos llevan su misma camiseta.