Mourinhito, el mariscal está mayor

Jose Mourinho, en el banquillo ante el Rayo Vallecano
Si uno era mourinhista era imposible no ilusionarse con la segunda venida del portugués al Real Madrid. Pero nos ha durado dos mesecitos. Este Mourinho no es Mourinho, es Mourinhito, y si acaso. De aquel intrépido mariscal de campo que todos los días llevaba a su equipo y a su afición a una guerra, real o ficticia, no queda nada. Ahora queda un portugués mayor aburridísimo que solo sabe graznar como una cacatúa el argumentario del club (para eso su comunicación la lleva una empresa externa-interna, qué lío más tonto) y que ha demostrado, en este tiempo, que está varios peldaños por debajo de los entrenadores top del momento. El tiempo pasa para todos, yo también escribo peor cada día y eso que parece imposible.
El aficionado madridista, incluso el más irredento mourinhista de la primera etapa, comienza a arquear la ceja (perdón, Carletto) ante lo que está viendo. La gestión de la plantilla comienza a ser reguleras tirando a chunga. Porque nada cambia. Si algo dejaron claras las dos últimas nefastas temporadas es que Mbappé, Vinicius y Bellingham no pueden jugar juntos, menos aún los 90 minutos de partidos intrascendentes decididos, y que al Real Madrid le falta un mediocentro que corte, confeccione, temple y mande. Un tipo con jerarquía. Un futbolista con cerebro, liderazgo y sentido colectivo.
Este Mourinho es más parecido a Arbeloa que a Mourinho. Bienqueda ante el poderoso, un titán ante el débil. El tiempo le ha cambiado para mal y hasta en sala de Prensa se ha convertido en un entrenador sin gracia. Escucharle a él o a Florentino sería lo mismo, aunque sin suscripción al ABC a la que dar de baja. Y sin la muletilla del mirusté.
Mourinho se encuentra encerrado en su propio laberinto, uno cuyas paredes habría derribado a cabezazos hace quince años, pero del que ahora intenta encontrar la salida pidiendo perdón antes de coger un nuevo pasillo. En su primera etapa, Mou ya se habría cepillado a algún intocable para jugar a lo que él quería. El de 2026, traga con todo mientras se mira al espejo pasándose la Filomatic antes de aplicarse el aftershave. Sus tres antecesores hicieron lo mismo y las guillotinas no tuvieron compasión. O Mourinho vuelve a ser Mourinho, el viejo Mou, o ya sabe lo que le deparará el futuro.