Miguel Queipo de Llano

Mourinhito, el mariscal está mayor

Jose Mourinho, en el banquillo ante el Rayo VallecanoÁngel Martínez

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Si uno era mourinhista era imposible no ilusionarse con la segunda venida del portugués al Real Madrid. Pero nos ha durado dos mesecitos. Este Mourinho no es Mourinho, es Mourinhito, y si acaso. De aquel intrépido mariscal de campo que todos los días llevaba a su equipo y a su afición a una guerra, real o ficticia, no queda nada. Ahora queda un portugués mayor aburridísimo que solo sabe graznar como una cacatúa el argumentario del club (para eso su comunicación la lleva una empresa externa-interna, qué lío más tonto) y que ha demostrado, en este tiempo, que está varios peldaños por debajo de los entrenadores top del momento. El tiempo pasa para todos, yo también escribo peor cada día y eso que parece imposible.

El aficionado madridista, incluso el más irredento mourinhista de la primera etapa, comienza a arquear la ceja (perdón, Carletto) ante lo que está viendo. La gestión de la plantilla comienza a ser reguleras tirando a chunga. Porque nada cambia. Si algo dejaron claras las dos últimas nefastas temporadas es que Mbappé, Vinicius y Bellingham no pueden jugar juntos, menos aún los 90 minutos de partidos intrascendentes decididos, y que al Real Madrid le falta un mediocentro que corte, confeccione, temple y mande. Un tipo con jerarquía. Un futbolista con cerebro, liderazgo y sentido colectivo.

Este Mourinho es más parecido a Arbeloa que a Mourinho. Bienqueda ante el poderoso, un titán ante el débil. El tiempo le ha cambiado para mal y hasta en sala de Prensa se ha convertido en un entrenador sin gracia. Escucharle a él o a Florentino sería lo mismo, aunque sin suscripción al ABC a la que dar de baja. Y sin la muletilla del mirusté.

Mourinho se encuentra encerrado en su propio laberinto, uno cuyas paredes habría derribado a cabezazos hace quince años, pero del que ahora intenta encontrar la salida pidiendo perdón antes de coger un nuevo pasillo. En su primera etapa, Mou ya se habría cepillado a algún intocable para jugar a lo que él quería. El de 2026, traga con todo mientras se mira al espejo pasándose la Filomatic antes de aplicarse el aftershave. Sus tres antecesores hicieron lo mismo y las guillotinas no tuvieron compasión. O Mourinho vuelve a ser Mourinho, el viejo Mou, o ya sabe lo que le deparará el futuro.