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El Real Madrid se encierra en el "solos contra todos": ¿le queda algún amigo?

Tras un martes loco de comunicados, el club blanco mantiene frentes abiertos con LaLiga, UEFA, Federación, árbitros, medios, otros equipos y hasta una parte de sus propios socios. Florentino parece haber confundido dos conceptos muy diferentes: peso e influencia

Florentino Perez, durante su campaña electoral

Florentino Perez, durante su campaña electoralGTRES

Miguel Queipo
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Miguel Queipo de Llano

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"Solos contra todos". Pocas expresiones gustan más al madridismo. Tiene algo de chulería castiza, de levantarse el cuello de la chupa y cruzar la Gran Vía mientras diluvia. Venid todos, que aquí estamos. Forma parte de la épica de un club que en los últimos tiempos se ha instalado en la comodidad de creer que el mundo conspira para verle perder y así nadie cuestione determinadas decisiones.

Pero cuando uno retuerce tanto el lema, termina convirtiéndolo en un problema de gobernanza. UEFA, FIFA, LaLiga, Federación, árbitros, clubes, periodistas y, últimamente, hasta una parte de los propios socios. El "solos contra todos" ha sido llevado hasta el paroxismo, casi hasta la caricatura: ya no parece suficiente ganar a todos. También hay que estar enfrentado con todos. P'a chulo chulo, mi pirulo.

Florentino Pérez lo resumió sin pretenderlo el pasado mayo con una frase que cuatro meses después parece más declaración de principios que un calentón: "Lucho contra todos". Y vaya si lucha. El último episodio ha sido Javier Tebas. El Real Madrid ya no se limita a combatir al presidente de LaLiga. Directamente reclama que venga otro "capaz de administrarla".

Puede que el Madrid tenga razón en unas guerras, ninguna en otras y en las demás sea mediopensionista. Ese debate daría para varias columnas y tampoco vamos a resolverlo aquí. Lo que empieza a resultar difícil de explicar es la acumulación. Cuando uno se pelea simultáneamente con todo el ecosistema del fútbol quizá haya llegado el momento de preguntarse si el problema es siempre el ecosistema.

Florentino ha confundido peso con influencia

En una gran constructora, como lo es ACS, una posición dominante, los recursos financieros, los contratos, las influencias con las administraciones y la capacidad jurídica pueden bastar para imponer determinadas condiciones. El fútbol es un ecosistema bastante más irracional. Necesitas al club al que mañana quieres comprarle un lateral y al presidente que pasado mañana tendrá que levantar la mano junto a ti en una votación decisiva para tus intereses.

Necesitas a la UEFA para organizar la competición, a LaLiga aunque detestes a Tebas y a la Federación aunque consideres que sus árbitros te perjudican hasta cuando se preparan una ensalada. Necesitas incluso a quienes piensan exactamente lo contrario que tú. Florentino parece haber trasladado al fútbol una concepción empresarial del poder que aquí funciona bastante peor. El Madrid no es ACS con pantalón corto.

El poder consigue que te cojan el teléfono; la influencia consigue que, después de colgar, hagan lo que les has pedido. Florentino parece haber confundido una cosa con la otra. El Real Madrid probablemente tenga más peso que ningún club del mundo, pero pesar no significa influir y mucho menos seducir. Hasta el más poderoso necesita alguna vez que otro quiera sentarse a su mesa sin ser coaccionado antes.

Don Santiago sabía para qué servían los enemigos

Conviene mirar hacia el señor cuyo nombre lleva (ahora parcialmente) el estadio antes de convertir esto en una defensa de presidentes pastueños. Santiago Bernabéu de Yeste tenía de mansito aproximadamente lo mismo que un gato al que pisan el rabo. Discutió con federativos, organismos, árbitros, periodistas y con quien hiciera falta. Precisamente por eso la comparación permite abrir las miras.

Bernabéu era bronco, socarrón, orgulloso y muy madrileño pese a haber nacido en Almansa. También mantuvo relaciones bastante más complejas con el franquismo de lo que cuenta esa caricatura interesada del "equipo del régimen". Pero entendía una cosa elemental sobre el poder: incluso aquel a quien hoy quieres matar puede hacerte mucha falta mañana. Sobre todo en el fútbol.

En 1950 escribió de su puño y letra para el primer boletín del Real Madrid una frase que deberían imprimir hoy en Valdebebas: "Tratad bien a los amigos, pero mucho mejor a los enemigos". Qué antiguo era don Santiago. Setenta y seis años después, aquello suena casi revolucionario en un club donde la lista de adversarios empieza a necesitar índice onomástico.

La Copa de Europa es probablemente el mejor ejemplo. Bernabéu no esperó a que los organismos le construyeran el fútbol que imaginaba. Se sentó con periodistas y dirigentes extranjeros, envió a Raimundo Saporta a hacer diplomacia y tejió alianzas con otros clubes. Hubo resistencias y tiranteces, pero acabaron necesitando al Madrid mientras el Madrid entendía que también los necesitaba a ellos.

FIFA terminó reconociendo en Bernabéu a uno de los grandes pioneros de la internacionalización y profesionalización del fútbol de clubes. Con UEFA hubo tiranteces iniciales hasta que el organismo terminó tutelando la Copa de Europa. Después, cinco títulos consecutivos y el peso internacional del Madrid hicieron el resto. Bernabéu podía discutir con las instituciones sin convertir necesariamente la discusión en la III Guerra Mundial.

De la Copa de Europa a la Superliga

Florentino también se considera un reformador y puede que dentro de cincuenta años algunas de sus críticas al fútbol actual parezcan proféticas. La Superliga ha ganado batallas jurídicas que sería absurdo ignorar y tampoco hace falta hacerse socio de honor de UEFA para admitir que el modelo tiene problemas. Precisamente por eso resulta interesante comparar los métodos de ambos presidentes.

La revolución en la que participó Bernabéu fue sumando voluntades hasta conseguir que las instituciones terminaran subiéndose al tren. La Superliga comenzó con doce clubes y acabó viendo cómo buena parte de sus compañeros de viaje salían corriendo para lanzarse en paracaídas donde fuera, pero lejos de ese avión. Quizá Florentino pensó que terminarían regresando porque el peso económico del proyecto acabaría imponiéndose. Otra vez el peso; no la influencia.

Ese es probablemente el error fundamental. Florentino sabe mejor que nadie cómo funciona el poder económico, pero el fútbol no es una licitación. Los clubes tienen aficiones, sentimiento de pertenencia, orgullos, rivalidades, presidentes, intereses nacionales y memoria. Puedes ganar un pleito y perder una alianza. Puedes demostrar que jurídicamente tenías razón y descubrir después que nadie quiere acompañarte a celebrarlo.

Y luego queremos precio de amigo

Lo que ya no hace ni pizca de gracia es cuando llega el tiempo de acudir al mercado. Nos indignamos porque un club pide hasta el último céntimo por un futbolista, se remite a la cláusula o prefiere vendérselo a cualquier otro. Y rápidamente concluimos que también ése nos tiene manía. Resulta complicado exigir precio de amigo después de pasarse los otros 365 días explicando que no tienes ninguno, que "solos contra todos".

Los presidentes hablan, pactan, intercambian favores, negocian calendarios, se prestan futbolistas, construyen mayorías y recuerdan quién estuvo a su lado cuando tocaba votar. Hoy necesitas algo del Villarreal, mañana del Atlético y pasado del Bayern. Despreciar sistemáticamente al ecosistema y esperar después que ese mismo ecosistema te haga un descuento es una estrategia comercial bastante innovadora incluso para ACS.

Cuando el "todos" también lleva carnet

Faltaba la última frontera: los propios madridistas. Florentino ganó las elecciones de junio con un 65% de los votos y Enrique Riquelme obtuvo 11.814, el 35%. No son cuatro tipos enfadados escribiendo detrás de un huevo en X. Son más de uno de cada tres socios que acudieron a las urnas y eligieron otra manera de entender el club.

El domingo, Riquelme fue invitado al palco del Metropolitano. Según contó la COPE, Florentino "montó en cólera" al enterarse de su presencia y llegó a plantearse abandonar el estadio. Lo más divertido del episodio es que probablemente casi nadie habría reparado en que Riquelme estaba allí si el enfado presidencial y su posterior filtración no hubieran convertido una invitación protocolaria en asunto nacional.

Ese 35% empieza además a hacerse notar en redes sociales, tertulias y medios madridistas. Discrepar de Florentino no convierte a nadie en menos madridista, del mismo modo que apoyarle tampoco convierte automáticamente a nadie en florentinista. Debería ser una obviedad en un club propiedad de sus socios. Sin embargo, últimamente disentir del presidente empieza a adquirir categoría de sospecha.

Una rueda de prensa que ahora se entiende mejor

La comparecencia de Florentino en mayo que fue tildadana unánimemente como "esperpéntica" se entiende mucho mejor cuatro meses después. Habló de una "confabulación" periodística, señaló a medios y periodistas, cargó contra quienes consideraba enemigos del Madrid y volvió sobre LaLiga. Hasta ABC recibió lo suyo. Que un periódico de Madrid pudiera criticar al presidente parecía especialmente doloroso, como si el código postal obligara también a la obediencia.

Santiago Bernabéu tampoco soportaba muchas críticas. Tenía un carácter de mil demonios y algunas de sus opiniones provocarían hoy tres comunicados, cuatro hashtags y una comisión parlamentaria antes del aperitivo. Pero cuando llegó a la presidencia en 1943 se marcó entre sus objetivos establecer "lazos de concordia entre todas las entidades". No era buenismo ni relaciones públicas. Era política.

Bernabéu comprendía que el Madrid podía ser el más grande sin necesidad de recordárselo cada mañana a todos los demás. Que se podía discutir por la mañana y necesitarse por la tarde. Que el enemigo de hoy podía ser el voto decisivo de mañana. Y que precisamente por ser el Real Madrid había que saber cuándo sacar pecho y cuándo estrechar una mano.

Florentino parece convencido de que el Real Madrid es tan grande que puede permitirse no necesitar a nadie. Quizá ésa sea la última mutación del "solos contra todos": empezar creyendo que nadie te quiere y terminar haciendo todo lo posible para tener razón. Santiago Bernabéu tuvo enemigos, muchos y poderosos. La diferencia es que siempre supo para qué necesitaba amigos.

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