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FÓRMULA 1 | GRAN PREMIO DE BAHREIN

Alonso se deja el alma en Malasia y contiene a Norris para acabar en un épico octavo

El asturiano exprime un Aston Martin inferior para sumar cuatro puntos después de salir duodécimo, mientras Verstappen logra su primera victoria del año y Antonelli deja el Mundial casi sentenciado tras el abandono de Russell

Fernando Alonso llevó su AMR26 a la octava posición en MalasiaRUDY CAREZZEVOLI

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Fernando Alonso no tiene monoplaza para pelear con los mejores. Así que hace otra cosa: pelea contra ellos. El asturiano terminó octavo una carrera salvaje en Sepang después de sacar del Aston Martin hasta la última gota del paquete y resistir hasta la última curva el acoso de Lando Norris. El McLaren era más rápido, infinitamente más rápido. El piloto que llevaba delante, un viejo zorro de colmillos afilados que cuando huele sangre, devora a su pieza. Ganó el zorro.

Cuatro puntos pueden parecer poca cosa en una Fórmula 1 acostumbrada a contar victorias, podios y campeonatos. En el año que está soportando Alonso, valen bastante más. Salía duodécimo después de firmar ya el sábado su mejor clasificación de la temporada y sobrevivió a una carrera que comenzó con lluvia torrencial, más de una hora de retraso, decisiones estratégicas cuestionables, accidentes y coches de seguridad.

Sepang, Malasia, donde se celebró el Gran Premio de Bahrein, fue una trituradora y Alonso salió vivo. Cuando la carrera entró en sus últimas vueltas apareció además Norris por sus retrovisores. El vigente campeón del mundo llevaba un McLaren superior, andaba por detrás víctima de sus propios errores y se lanzó sobre un Aston Martin que ha pasado buena parte de la temporada lejos de las posiciones que su piloto merece.

Alonso cerró todas las puertas

Entonces apareció el Fernando de siempre. El que sabe hacer un coche ancho cuando toca defender, colocar cada rueda donde molesta y obligar al rival a buscar un hueco que no existe. Norris llegó, enseñó el McLaren y apretó hasta la última curva. Alonso no cedió un centímetro y cruzó octavo. El británico tuvo que conformarse con ser noveno.

No fue una victoria. Ni siquiera un podio. Fue una de esas carreras que explican por qué, a estas alturas de su vida deportiva, Alonso continúa teniendo hambre para seguir subiéndose a un Fórmula 1. Hay pilotos que necesitan un gran coche para fabricar un gran domingo. El asturiano lleva demasiado tiempo aprendiendo a hacerlo sin él. Y aunque no es lo deseado, también le gusta, por eso ha renovado.

Por delante había ocurrido de todo. Max Verstappen convirtió su primera pole de la temporada en su primera victoria del año y recordó que, cuando Red Bull vuelve a entregarle un coche competitivo, nadie aúlla más alto que el neerlandés: qué pilotazo. Sainz, mientras, deambuló por las posiciones traseras después de que un descontrolado Bortoletto arruinara su carrera estampándose contra él en la segunda curva.

El gran beneficiado del terremoto fue Kimi Antonelli. El italiano terminó segundo y dio otro golpe al Mundial después de que George Russell, su compañero y principal perseguidor, abandonara por un problema en su Mercedes. Una carrera que debía servir al británico para mantener viva la pelea acabó ampliando todavía más una distancia que empieza a parecer definitiva.

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Antonelli sale de Malasia con el título mucho más cerca. Verstappen vuelve a ganar. Y Alonso se marcha con cuatro puntos que no cambiarán la historia del campeonato, pero con la alonsomanía desatada de nuevo. ¡Honda, por favor, hay que darle una unidad de potencia que pite a este chico de Oviedo!