fútbol | real madrid
Mourinho comienza a desesperarse: no logra desterrar los malos hábitos del Real Madrid
El portugués regresó para recuperar el mando sobre una plantilla acostumbrada a demasiadas concesiones, pero los viejos problemas sobreviven y algunas estrellas parecen haber perdido el temor reverencial al entrenador
Jose Mourinho, en un partido de esta temporada
José Mourinho volvió al Real Madrid para mandar. No era la única razón para recuperarle, pero sí una de las más importantes. Quince años después de su primera venida, Florentino Pérez necesitaba un entrenador capaz de entrar en un vestuario complicado, cerrar la puerta y dejar claro quién manda.
Dos meses después, empieza a comprobarse que el nombre ya no basta. Mourinho se ha encontrado un vestuario frío, dividido en varias facciones y demasiado acostumbrado a hacer la guerra por su cuenta. No funcionó con Xabi Alonso, tampoco con Álvaro Arbeloa y el portugués aún no ha conseguido desterrar unos vicios adquiridos que han sobrevivido ya a tres entrenadores, contando con Ancelotti.
Deportes
Mbappé echa un pulso al Real Madrid: de discoteca en París a montar en bici en Suiza
Fernando Montebueno
Y eso que Mourinho ha hecho lo que se esperaba de Mourinho. Ha recuperado normas, horarios, comidas conjuntas, controles y normas de disciplina en Valdebebas. Ha cambiado muchas cosas alrededor de los futbolistas. Lo preocupante es que todavía no haya conseguido cambiar a los futbolistas. No era éste el Mourinho que muchos madridistas guardaban en la memoria.
El de 2010 aterrizó después de ganar el triplete con el Inter, eliminar al Barcelona de Guardiola en el Camp Nou y levantar su segunda Champions. Antes había conquistado Europa con el Oporto y triunfado en Inglaterra. Entró en un vestuario con Cristiano Ronaldo, Sergio Ramos, Casillas, Xabi Alonso, Benzema o Kaká y nadie necesitó preguntarle quién era.
Emmanuel Adebayor advirtió hace apenas dos semanas de que aquel detalle podía ser mucho más importante de lo que parecía. El delantero togolés, que jugó a sus órdenes en el Madrid, comparó precisamente el peso que tenía aquel Mourinho sobre sus futbolistas con el que puede ejercer ahora sobre una generación diferente.
Deportes
Adebayor avisa a Mourinho con Mbappé: "Le escuchará, pero no le hará mucho caso"
Sandra Sánchez
Su reflexión apuntaba especialmente a Mbappé. El Mourinho de 2010 podía tener más ego que sus propias estrellas. El de 2026 se encuentra delante a futbolistas que eran niños cuando conquistaba Europa y que han construido durante años su propio universo de fama, dinero, contratos y millones de seguidores. Y Mbappé empieza a convertirse en el mejor ejemplo del problema.
El francés se marchó a París durante su recuperación y el Real Madrid se apresuró a hacer saber que el viaje estaba autorizado y consensuado con los servicios médicos y Mourinho. Poco después apareció por sorpresa en Suiza. Bicicleta incluida. Del segundo desplazamiento el club ya no explicó nada.
Mourinho puede imponer horarios, comidas conjuntas, controles, multas y nuevas reglas en Valdebebas. Otra cosa bastante diferente es conseguir que quienes llevan años sintiéndose dueños de su propia carrera vuelvan a sentir la autoridad del entrenador.
El recuerdo de 2006
El primer proyecto de Florentino Pérez también terminó devorado por el poder adquirido por sus estrellas. Aquel Real Madrid acumuló Balones de Oro, contratos publicitarios, viajes, compromisos comerciales y futbolistas convertidos en multinacionales con botas. Ronaldo Nazario protagonizó algunas escapadas memorables mientras los entrenadores iban perdiendo autoridad y el equipo dejaba de ganar.
Hasta que Florentino se marchó. El 27 de febrero de 2006 presentó su dimisión y dejó una frase que resumía mucho mejor que cualquier tratado de gestión lo que había ocurrido en aquel vestuario: “He maleducado a los jugadores".
Quince años después, Mourinho ha regresado precisamente para evitar que el Real Madrid vuelva a convertirse en aquello. Ésa era parte de la esperanza que despertaba su vuelta entre quienes todavía recuerdan al portugués que convirtió cada partido en una batalla y consiguió que un vestuario repleto de estrellas marchara detrás de él.
Quizá el problema sea que aquel Mourinho ya no tiene el aura de antaño. O quizá sean los futbolistas quienes han cambiado mucho más que él. Florentino ya aprendió una vez qué ocurre cuando las estrellas descubren que pueden hacer prácticamente lo que quieran. Lo preocupante no es recordar ahora aquella frase de 2006. Es empezar a entenderla otra vez.