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Diomandé bombardea Santander y el Real Madrid sigue sin echar de menos a Vinicius

El Real Madrid cuaja su mejor primera mitad del curso, tritura a los cántabros con un golazo del marfileño y deja claro que el triunfo en el Clásico no fue casualidad. Como demandaba Mourinho, este Real Madrid demostró que quiere el título

Yan Diomandé celebra el 0-3 del Real Madrid ante el Racing

Yan Diomandé celebra el 0-3 del Real Madrid ante el RacingGetty Images

Miguel Queipo
Publicado por
Miguel Queipo de Llano

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Pocas veces el Real Madrid tendrá un partido tan plácido como el que vivió en Santander. Mientras media España aún andaba rebuscando sus buñuelos favoritos en la bandeja del postre, los de Mourinho trituraron al Racing en lo que posiblemente fue su mejor encuentro del curso. Sin discusión, lo fue el primer tiempo. El choque se planteaba como trascendental saber si el equipo estaba a setas o a Rolex y la imagen que ofreció fue justo la que demandaba su entrenador: 0-3 y a por LaLiga.

Todo le fue de cara desde el principio. El Madrid salió mandón desde el silbatazo inicial, y en el minuto 11 ya estaba por delante en el marcador tras un penalti de esos de sí pero no pero que aunque no lo mereces lo trincas, que anotó Mbappé. Y a partir de ahí, todo fue cuesta abajo, más aún cuando Courtois sacó el pie para desbaratar la única ocasión del Racing en el primer tiempo. Claro, que algo tiene que ver que Mourinho insiste en alinear a Bernardo y Guler juntos, como en el Clásico, y así todo es más fácil: no hay nada como poner a gente con buen pie para que los de arriba estén más felices. Les dan pases en ventaja y no melones.

Entre los de arriba no estaba otra vez Vinicius, cumpliendo el tercero de sus cuatro partidos de sanción, y sin el brasileño el Real Madrid es otro. Y otro mucho mejor. Pero mucho, para desgracia de los Vinilovers, No sólo por Yan Diomandé, que está aprovechando la oportunidad con matrícula de honor, sino porque el equipo se ordena, en ataque y en defensa.

Un inmenso pase de Güler lo aprovechó Bellingham para plantarse ante Arizabalaga, superarle y marcar a placer. El tercero fue un homenaje al heavy de los 90, un zapatazo de Yan Diomandé (DiOBUSdé). Pero eso fueron los goles: hasta trece llegadas claras de los blancos hasta el descanso, muchas desperdiciadas por la manía de Mbappé de ser el dictador de los memes en cada jugada y otras por querer crear el arabesco más imposible. Pero el 0-3 era demoledor. Y Diomandé, subiendo de dos en dos los peldaños del cariño del madridismo.

El Racing fue un pelele sobre el tapete, así que era lógico que saliera con orgullo torero del vestuario. Lo hizo, pero no le dio más que para tener la posesión más que para despejar el balón, ganar algún duelo que otro y hacer ver a su entregada afición que venderían cara su piel. Zabiri tuvo la única ocasión cántabra, pero el Madrid, en modo lirio pese a vestir de rosa tras la exhibición del primer tiempo, dejó claro a su adversario de que estaba dormitando pero con un ojo abierto: el poste desbarató el gol de Mbappé.

Tuvo que aparecer entonces el infame VAR, un atentado futbolítico peor que los borceguíes de colorines fluorescentes: una mano de Tchouameni dentro del área que antes no lo sería nunca pero que ahora nadie sabe si es, si no es y qué hay que hacer, detuvo el partido cinco minutos. Munuera pitó penalti a instancias de su asistente, pero luego tuvo que rectificar. Aquello caldeó el ambiente en la grada más de lo normal, más aún cuando un espectador sufrió un problema médico y el encuentro no se detuvo. Las cosas estúpidas de este fútbol del Siglo XXI.

Pero el caótico tramo final de partido no puede borrar la imagen que dejó el Madrid: Yan Diomandé se ha convertido en una piedra angular del equipo, Mourinho ya se ha dado cuenta de que un par de violines entre tanto trombón (con perdón) mejoran la partitura y Vinicius, ay Vinicius, va a necesitar algo más que una operación de estética para recuperar su sitio en el once del que ya es oficialmente un candidato al título.

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