18 de Mayo de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Huesca 1 – 2 Real Madrid: Varane asoma la cabeza

El Madrid gana con lo justo. Tres puntos más para los de Zidane, que es lo que cuenta, aunque el camino no debe ser éste. No puede ser éste.

| Miguel Queipo Deportes

Llevaba una temporada horrible. O más bien, temporada y algo, desde aquel funesto partido con el City en Manchester. Pero ante el Huesca, Raphael Varane asomó la cabeza y, con dos goles, uno con la testa y otro con la zurda, logró que el Real Madrid le diera la vuelta al partido de El Alcoraz (1-2) y permitiera al Madrid tomar algo de aliento. Aún ve al líder con prismáticos, aún su juego sigue siendo un disparate, aún su banquillo es digno del tren de la bruja. Pero ganó. Y al final es lo que cuenta. Doblete

El monumental enfado, léase aviso a navegantes, de Zidane en la previa del partido no pareció haber calado en su equipo. En los cuatro primeros minutos el equipo del francés apareció extraordinariamente apático, poco dispuesto a la pelea, y los de Pacheta dispusieron de hasta tres ocasiones para adelantarse, por medio de Seoane, Rafa Mir y Okazaki. Era el habitual choque entre un grupo hipermotivado, el local, y otro que salió a verlas venir, el Madrid.

Pero el cielo de Huesca se abrió, y cayó un chaparrón monumental. La lluvia despertó al Madrid más que las ocasiones del cuadro oscense: Kroos se incrustó entre los centrales para favorecer la salida de balón, Zidane ordenó al equipo y Vinicius, quién si no, comenzó a percutir por la izquierda como sólo él sabe hacerlo: de todas las maneras posibles, una y otra vez, por tierra, mar y aire pero con tanto entusiasmo como tan poco tino. Todo lo bueno que hizo el Madrid en el primer tiempo lo hizo por su costado, pero Vinicius desespera, exaspera y cualquier cosa que acabe en -pera, menos repera y coopera.

El Madrid controló, pero a la manera en que lo hace últimamente, hace ya demasiado tiempo. Porque individualmente es mejor y porque tiene a Modric. Pero tiene menos imaginación que un cartucho de altramuces (excepto el croata) y es más previsible que una película de artes marciales. Álvaro Fernández vivió relativamente tranquilo, sin tener que intervenir, porque no hubo claras ocasiones por parte de los de Zidane porque apenas supieron explotar los espacios por los costados.

Atrás, solo Rafa Mir, con empaque de que puede ser un gran delantero en el futuro, lograba buscarle las cosquillas a Varane y Nacho. Pero tampoco había mucho que rascar, menos aún por la extrema precariedad en estos momentos de la plantilla blanca, entre lesionados, sancionados y sorprendentes cedidos.

Como lo de la primera parte no fue suficiente, el Madrid volvió a salir con el pijama, el gorrito, una manta y un oso de peluche a la segunda. En cuatro minutos, al Huesca le dio tiempo a mandar dos balones al larguero y a que Javi Galán marcara un gol impresionante. Menudo golazo.

Eso sí, el Madrid tuvo fortuna: pese a su aspecto de boxeador noqueado, y apenas seis minutos después, Benzema ejecutó una falta en la frontal, el balón se estrelló en el larguero pero el portero del Huesca pecó de blandura de remos y permitió que Varane cabeceara desde dentro del área pequeña para hacer el empate.

El octavo gol (de los 36 totales por aquel entonces) de cabeza de los de Zidane en esta Liga. Lo que quedaba por ver era si el Madrid había despertado o solo se había desperezado porque tenía gases. Y se había despertado.

Asensio, casi inédito en la primera parte, se activó hasta casi el nivel prelesión. El equipo volvió a ordenarse como por querencia propia, al Huesca le temblaron los meniscos y los de Zidane se hicieron dueños absolutos del partido, aunque Courtois tuvo que hacer su milagro de cada día con un paradón a remate de Rafa Mir. Álvaro Fernández replicó con otra muy buena parada tras jugada de billar finalizada con remate de Benzema, ya con Marcelo sobre el campo.

El Madrid era muy superior aunque el Huesca no se rendía. Y encima la fortuna parecía inclinarse de su parte: Benzema falló un remate violentísimo en la frontal del área pequeña casi a puerta vacía, el meta oscense arrodillado tras escurrirse sobre la línea. El pelotazo del francés se estampó contra el pecho de Álvaro Fernández y el catacrack de las costillas vibrando recordaron a las cuadernas de la Trinidad navegando por el Estrecho de Magallanes.

El propio Benzema volvió a toparse con el guardameta, el gran héroe de su equipo, con el Madrid volcado sobre la portería local. Y la lata la terminó de abrir Varane, de nuevo recogiendo un rebote a remate de Casemiro, descoordinado y con la izquierda. Tres puntos más para los de Zidane, que es lo que cuenta. Aunque el camino no debe ser éste. No puede ser éste.