Mascotas robóticas en casa: ¿compañía real o espías digitales?
La imagen de un perro robot esperando en la puerta es una realidad que gana terreno en España. Pero integrar uno de estos dispositivos en nuestra vida implica más que cargar su batería: al introducir cámaras, micrófonos y sensores conectados a internet, estamos abriendo la puerta a nuevas formas de vigilancia. Antes de incorporar uno, conviene considerar no solamente sus funciones, sino también el impacto que pueden tener en la privacidad.

Mascotas robóticas
España, con una de las poblaciones con más gente mayor del mundo, está atravesando una epidemia silenciosa: la soledad no deseada.
Y es justo aquí donde la tecnología se vuelve una solución con robots, como el famoso Aibo de Sony o la foca Paro, que han demostrado tener beneficios terapéuticos reales, reduciendo el estrés y ofreciendo una sensación de confort a personas en residencias o que viven solas.
Pero no es solo cosa de mayores. Los «techies» y las familias jóvenes también se sienten atraídos por modelos más avanzados como el Unitree Go1, un «perro» cuadrúpedo que te sigue. La promesa es seductora: obtienes la lealtad y la interacción de un animal, pero puedes apagarlo cuando te vas de vacaciones.
Sin embargo, esta conveniencia tecnológica tiene un precio oculto que no se paga en euros, sino en datos.
EStendencia
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Elena Bellver
Cuando tu mascota es un espía: la pesadilla de la privacidad
Aquí es donde la situación se vuelve crítica. A diferencia de un Golden Retriever, una mascota robótica es, en esencia, un dispositivo de vigilancia móvil. Para «ver» y «oír», estos robots están equipados con cámaras de alta definición, sensores LiDAR y micrófonos siempre activos.
Y para procesar esa información y «aprender», a menudo envían datos a la nube.
Hace poco, unos investigadores de seguridad descubrieron vulnerabilidades alarmantes: un caso sonado fue el del Unitree Go1. Hallaron una «puerta trasera» que permitía el acceso remoto. Esto significaba que un tercero podría tomar el control del robot, en principio, y ver a través de sus cámaras y escuchar a través de sus micrófonos sin que el dueño se enterase.
Imagina las implicaciones: un dispositivo que pasea libremente por tu casa, entra en tu dormitorio y graba tus conversaciones podría estar retransmitiendo todo a servidores inseguros o, peor aún, a ciberdelincuentes. Además, algunos incidentes como la filtración de datos de DeepSeek nos recuerdan que los registros de chat y las interacciones emocionales que tienes con tu IA pueden exponerse. Tu «mascota» sabe cuándo estás en casa, cuándo duermes y de qué hablas. Esa información es oro para los anunciantes y un regalo para los hackers.

Aibo de Sony
Cómo blindar tu hogar ante la invasión robótica
Si decides que los beneficios de tener una mascota robótica superan a los riesgos, no tienes que renunciar a tu privacidad. La clave está en no tratar a estos dispositivos como juguetes, sino como lo que son: ordenadores complejos conectados a tu red. Debes tomar el control de la seguridad de tu entorno digital para disfrutar de la tecnología sin exponer tu intimidad.
Aísla la red: no conectes el robot a tu red wifi principal. Crea una red de invitados (Guest Network) en tu router exclusivamente para dispositivos IoT.
Usa una VPN en tu router: tu dirección IP se queda oculta. Puedes empezar con una VPN gratis y, si la usas de forma habitual, ya te interesaría optar por una suscripción específica que se ajuste justo a lo que buscas y ofrezca garantías sólidas de privacidad.
Apágalo de verdad: en esos momentos en que no estés utilizando el robot, te toca asegurarte de que esté completamente apagado y no en modo de espera. Y, si es posible, cubre las cámaras físicas cuando el dispositivo esté «durmiendo».
Revisa los permisos: lee la letra pequeña. ¿De verdad necesita el robot que te has comprado acceso a tu ubicación exacta o a tus contactos para que vaya bien? Deniega cualquier permiso que no sea estrictamente necesario para su funcionamiento básico.
Actualiza el firmware: los fabricantes suelen lanzar parches de seguridad que buscan corregir vulnerabilidades como, por ejemplo, la «puerta trasera» de la que te hemos hablado en una sección anterior. La clave es mantener el software de tu robot al día.
No necesitas más que aplicar estas capas de seguridad para recuperar el control. La tecnología debe servirte a ti, no vigilarte. Al segregar tu red y cifrar tu tráfico conviertes a tu robot en un compañero seguro, y todo sin que se convierta en una ventana abierta para cualquier intruso.
Crea una convivencia consciente sin poner en riesgo tus datos
2026 trae nuevas mascotas robóticas con un éxito equiparable al de los Tamagotchis. Ofrecen soluciones para la soledad y son un testimonio de nuestro avance tecnológico. Pero no seamos ingenuos respecto a los riesgos que tienen en nuestros espacios.
Reemplazar a un animal vivo por una máquina es tu decisión, pero proteger tu privacidad es crucial. No rechaces el futuro, pero navega con precaución.
¿A que no dejarías que un desconocido se plantara en tu casa, como si nada? Tampoco dejes tus dispositivos inteligentes desprotegidos. Con las herramientas adecuadas y sentido común, podrás disfrutar de la innovación sin sacrificar tu tranquilidad.