El Ibex 35, rehén del petróleo: Ormuz manda y la inflación importada frena el rebote

El patrón que manda en el mercado es que cada vez que el crudo afloja, el mercado intenta rebotar; cuando el Brent vuelve a tensarse, la renta variable se desinfla

Ibex 35 esta semana

Publicado por

Creado:

Actualizado:

El Ibex 35 cierra la semana condicionado por el petróleo y por la inflación importada que está generando la guerra con Irán. El patrón que manda en el mercado es que cada vez que el crudo afloja, el mercado intenta rebotar; cuando el Brent vuelve a tensarse, la renta variable se desinfla.

De hecho, en la sesión del viernes el Ibex llegó a arrancar con un rebote cercano al 1% pero fue perdiendo fuelle a medida que el petróleo retomaba las alzas y Wall Street anticipaba nuevas caídas. 

En paralelo, el shock energético está cambiando el marco de política monetaria. Los bancos centrales y el mercado empiezan a centrar su preocupación en el riesgo de repunte inflacionista (y no solo en crecimiento), justo lo que más castiga a los índices cuando vienen de máximos. 

En ese contexto, el índice español deja una semana de alta volatilidad: energéticas y defensa tienden a aguantar mejor, mientras los valores más sensibles a tipos o dependientes del consumo sufren más. Los fundamentales pasan a un segundo plano y el precio lo marcan Ormuz, ataques a infraestructuras y cualquier señal de desescalada. Ese es el tipo de semana en la que el cierre importa menos que la estructura que deja el gráfico.

Ahí dirigimos nuestra mirada. El Ibex está en recuperación tras el golpe anterior: cotiza alrededor de 17.055, por debajo de la media móvil de 20 sesiones, y por debajo de la directriz alcista de corto plazo, lo que suele indicar que el rebote todavía no ha recuperado el control. La zona clave de soporte inmediato es la franja 16.690–16.700, y el nivel que debemos vigilar por abajo es 16.497 puntos. Si no se sostiene, el índice podría dirigirse a 16.000, donde está la media de 200 sesiones y donde ya hablaríamos de algo más que un susto. 

Por arriba, el mercado necesita cerrar la herida recuperando niveles: 17.535 (resistencia intermedia) y, sobre todo, la zona 17.720 como referencia de fortaleza. Mientras cotice por debajo, el mercado seguirá siendo de rebotes dentro de un tono nervioso.  El RSI y el estocástico encajan con esta lectura. El impulso se ha debilitado y está intentando estabilizarse, pero todavía sin una señal clara de giro sostenido. En resumen, semana de rebote con la volatilidad firmemente instalada, y un Ibex que solo volverá a respirar si el crudo deja de mandar en cada vela.

Indra

Indra vuelve a ser el ejemplo perfecto de cómo una compañía puede tener fundamentales potentes y, aun así, cotizar a trompicones por el fiasco político y de gobernanza provocado por el Gobierno. En lo corporativo, el foco ha sido un el culebrón de Escribano, con La Moncloa pidiendo a Ángel Escribano que renuncie a que su empresa (EM&E) se integre en Indra, en un intento de desactivar el conflicto de interés y el posible aumento de poder del propio presidente dentro de la compañía. 

En paralelo, la CNMV ha señalado que no ha detectado incumplimientos del protocolo de conflicto de interés en el proceso, aunque el mercado sí ha penalizado la incertidumbre y el “tira y afloja” interno (con episodios de caídas relevantes cuando se enfriaba la operación). 

El problema no es solo la operación en sí, sino el mensaje: si el accionista público (SEPI) y el Gobierno entran y salen del guion, el mercado aplica descuento por riesgo de intervención y por imprevisibilidad en las decisiones estratégicas.

Dicho esto, por fundamentales Indra sigue siendo una empresa potente: cerró 2025 con beneficio neto de 436 M€ (+57%), ingresos de 5.457 M€ (+12,7%) y un salto especialmente fuerte en defensa; además, anunció dividendo de 0,30 €/acción. 

Pero el gráfico es el que manda en el corto plazo. El valor se mueve en torno a 51,95 €, rebotando con fuerza en la sesión del viernes tras el descalabro del jueves, pero todavía por debajo de la zona donde debería estar si el mercado estuviese tranquilo. Técnicamente, los niveles están muy claros: resistencias en 54,54 € y sobre todo en 60–60,13 € (techo de referencia); soportes en 50,34 € y 45,49 €. El RSI se ha enfriado y el estocástico viene de sobreventa, lo que encaja con un valor que está intentando reconstruir su camino tras un tramo de alta volatilidad.

Permítanme una lectura crítica: el Gobierno puede querer proteger el carácter estratégico de Indra, pero el mercado está interpretando la gestión del caso Escribano como intervencionismo desordenado: primero se impulsa y consiente una operación, luego se presiona para cambiar su forma, y finalmente se fuerza una retirada. Ese vaivén no solo mete volatilidad al valor, erosiona la prima de valoración que una compañía de defensa debería recoger en pleno ciclo de gasto militar. 

FUTURO BRENT

El Brent sigue cotizando condicionado por cada incidente derivado de la guerra y el precio responde ahora mismo al riesgo físico de suministro. La escalada del conflicto con Irán y la disrupción del tráfico por el Estrecho de Ormuz han disparado la prima geopolítica, llevando el barril por encima de los 100 dólares y acercándolo a la zona de los 110. No es un movimiento psicológico, sino la consecuencia de que Ormuz es el gran cuello de botella del crudo y cualquier interrupción relevante obliga al mercado a buscar un precio que raciona demanda, incentiva oferta y penaliza logística y seguros.

Desde el punto de vista técnico, el gráfico confirma una aceleración vertical: el Brent se mueve ya en torno a 108–109 $, con RSI cerca de 80 (sobrecompra fuerte). Eso no significa que vaya a girarse inmediatamente, pero sí que la volatilidad será alta y que cualquier noticia de desescalada puede provocar correcciones rápidas.

Cargando contenidos...

Los niveles que conviene vigilar se sitúan en los 100 $ como soporte psicológico inmediato; 87–88 $ como soporte más estable (zona de la media y antigua área de equilibrio) y 120 $ como umbral de riesgo macro, porque ahí el shock energético empieza a trasladarse con más fuerza a inflación y expectativas de subidas tipos, penalizando a bolsa y consumo.