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Siete meses más

La incertidumbre geopolítica en el Estrecho de Ormuz y los graves daños en las infraestructuras dificultan la recuperación del suministro de petróleo a pesar de las presiones de China y los posibles acuerdos de paz

Ubicación aproximada del lugar del ataque

Ubicación aproximada del lugar del ataqueEUROPA PRESS

Miguel Cornejo
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Una semana más, espero que por última vez, volvemos al Golfo. Esta semana, en medio de un supuesto alto el fuego diseñado para poder firmar un documento de mínimos y dar la guerra por terminada, se han producido acciones de guerra contra los EUA y Arabia Saudí. Los bombardeos contra ambos fueron inicialmente tratados como insignificantes por EEUU, ante lo que Arabia Saudí cerró sus bases militares, bloqueando el acceso estadounidense al teatro de guerra.

Esto no es poco importante. Sólo cuando EEUU empezó a tomar acciones de represalia se reabrió la colaboración con los dos reinos. Y en la noche del jueves se desarrollaron nuevos ataques tanto estadounidenses como iraníes, que Trump ha tenido a bien llamar "un toque de amor" (love tap). Mientras, en el otro extremo del conflicto, Israel sigue haciendo el mismo caso al acuerdo de alto el fuego y bombardeando a Hezbolá.

Las esperanzas de muchos se centran no en las conversaciones (más o menos) formales entre Irán y los atacantes, sino en las que Trump tiene previstas con el presidente chino. El nivel de esperanza es tal que se está notando la esperanza puesta en que China fuerce un final al conflicto.

Como ya hemos dicho aquí, los intereses de China no son los mismos que los de Occidente en esta guerra. China quiere que los barcos de la "flota fantasma" (falsa bandera) con los que se ha venido abasteciendo de petroleo iraní, sigan pasando. Pero ya hace meses que redujo sus compras. China quiere que se restablezca la seguridad del tráfico en Hormuz. Y sobre todo quiere que Suez deje de ser un riesgo para el transporte.

Pero sus incentivos en la guerra son más complicados. China y Rusia han asistido a Irán en su preparación y en su recuperación. China no tiene el menor interés en dejar una zona crítica para su abastecimiento en manos de la armada de EEUU. En otras palabras, lo que está haciendo el mercado (asumir un fin rápido de la guerra y el restablecimiento del suministro normal) sigue siendo demasiado limitado.

Además, incluso asumiendo que el estrecho se abriera sin costes adicionales (algo que los mercados no se creen: están incluyendo el peaje iraní en los costes) en un plazo breve (lo que parece más 'wishful thinking' que realismo), hay un tercer escalón y es la recuperación de la capacidad de extracción, refinado y transporte. Los daños que el bombardeo de las últimas semanas han causado en refinerías y en puertos de todo el Golfo (y alrededores) no se van a remediar el día en que Trump agite un papel diciendo que la guerra ha terminado. 

La recuperación de la capacidad iraní será la que más tarde, pero todo el Golfo está afectado. Las estimaciones más serias hablan de siete meses desde que se restablezca la paz hasta recuperar también la normalidad productiva. Un poco más que la duración prevista de las reservas de combustible de aviación.

Esto ha servido a los portavoces prorusos para empezar a presionar a Trump en el sentido de "terminar" la guerra de Ucrania, por el camino de presionar a los agredidos para que cedan. Afortunadamente la dependencia directa ucraniana de las bendiciones estadounidenses es cada vez menor... y esta semana se añade un factor nuevo: EEUU ha levantado el embargo histórico a la compra de armas ucranianas. Es decir, se prepara para comprar armamento ucraniano. Un mal síntoma para la normalización de las exportaciones petroleras rusas.

En resumen: incluso si China decidiera colaborar, y si Irán decidiera que le importa, la normalización del suministro de petróleo no va a suceder mañana. Y cuando suceda, diga lo que diga el papel que agite Trump, es probable que los costes hayan cambiado.

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