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Empobrecer al vecino

Cómo las políticas proteccionistas de China están tensionando el comercio global.

Un contenedor de China Shipping Container Lines (CSCL) se encuentra entre innumerables contenedores más en la terminal de contenedores de Tollerort, en el puerto de Hamburgo.

Un contenedor de China Shipping Container Lines (CSCL) se encuentra entre innumerables contenedores más en la terminal de contenedores de Tollerort, en el puerto de Hamburgo.Europa Press

Miguel Cornejo
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Son ustedes muy jóvenes pare recordarlo, pero a comienzos del siglo pasado se puso de moda, brevemente, una política económica llamada "beggar thy neighbor" que consistía esencialmente en hacer lo posible por crear una balanza comercial positiva con el vecino a costa de cualquier proteccionismo necesario. La idea era mantener el oro dentro del país. La consecuencia, simplificando, fue la Gran Depresión.

Las medidas más populares iban orientadas a dirigir la demanda al producto nacional mediante tarifas a las importaciones, subsidios a la industria nacional para que pudiera competir y exportar a otros países por debajo de los costes locales, y la devaluación competitiva de la moneda, algo que se podía hacer entonces con mayor facilidad ya que los tipos de cambio se fijaban casi oficialmente. Otras medidas (que llevaron finalmente a la guerra en el Pacífico, dirían algunos) incluyen la limitación de las exportaciones de materiales críticos, como el acero en aquellos tiempos.

La consecuencia habitual eran contramedidas del mismo tipo, lo que acabó encareciendo las cosas para todos, reduciendo la demanda global y agravando la crisis. De nuevo, puede decirse que la crisis sostenida llevó a la disolución de la República de Weimar en el autoritarismo nazi, y finalmente la guerra. Sí, es una simplificación, pero nos da una idea de las consecuencias de una guerra comercial global y porqué los países sensatos intentan recurrir a medidas más razonables para solucionar sus problemas. De ahí la creación de la Organización Mundial del Comercio, sus esfuerzos para eliminar tarifas mutuas, y sus mecanismos de arbitraje.

Y es importante recordar que esas medidas funcionan. El crecimiento del comercio mundial en estas décadas ha sacado de la pobreza a regiones enteras del globo, y nos ha dado una prosperidad material que no habrían soñado en los años 30.

Ahora bien, parte de ese crecimiento se ha hecho a base de ignorar a algunos jugadores que han seguido usando medidas proteccionistas para sus propios fines. Algunos de ellos han ido corrigiendo su actitud según progresaban (los "tigres asiáticos"), otro no. China sigue actuando con una batería de medidas que haría sentirse orgullosos a los inventores del "beggar thy neighbor", especialmente porque está demostrando que, si los demás se dejan empobrecer, funciona.

Y como ha quedado claro, China empobrece a la competencia. La razón de que haya decaído la producción industrial en Occidente no se puede achacar sólo a la actitud depredadora del Partido Comunista, porque ha sido la propia clase empresarial occidental la que ha corrido a aprovechar las condiciones de fabricación más barata y menos regulada, y la que ha puesto en menos del capitalismo menos regulado del mundo toda la propiedad intelectual, capital y experiencia necesarios para poner en marcha una industria local competitiva. Durante décadas, los empresarios se han quejado de prácticas depredadores (exigencia de socios locales, abusos de propiedad intelectual) pero los márgenes y el mercado local eran demasiado atractivos.

Es decir, China no ha obligado a nadie a darle los medios para colonizarnos económicamente. Nuestros empresarios lo han hecho voluntariamente. Los mismos fabricantes que hoy se quejan de la competencia han estado alimentándola.

Lo que sí es cierto es que China es depredadora. Los subsidios a empresas son notorios: el exceso de capacidad en la fabricación de paneles solares que ha llevado a sacar del mercado a la competencia, se ha financiado con subsidios públicos masivos. Y lo mismo puede decirse de casi cada sector que se ha abierto paso en el mercado.

Se sabe que esto es así, porque no es un secreto (aunque los datos de cada empresa puedan serlo). Lo que parece que no asumimos es la escala, y las consecuencias. El Economist decía que el 32% de las industrias chinas están produciendo a pérdida, financiadas por subsidios destinados a hacerlas competitivas en la exportación. Es decir, a crear empleo y capacidad a costa de los vecinos. En este caso, de Occidente y la UE.

La OCDE acusa a China de dar entre 3 y 8 veces más subsidios a sus empresas que los países de la organización. Algo que puede marcar la diferencia en cualquier mercado de márgenes reducidos, como el automovilístico.

La cosa sigue. La moneda china cotiza por debajo de su valor real (según las mismas fuentes) entre un 15 y un 30%, lo que de nuevo aumenta artificialmente la competitividad china.

El resultado es un déficit comercial de 1000 millones de euros al día y creciendo, el doble que antes de COVID. Se esperaba crecimiento tras las tarifas estadounidenses, pero lo que estamos viendo es una ola.

Algo que podría considerarse un estímulo para la competitividad europea si las razones fueran otras, pero que cuesta asumir cuando son subsidios, tarifas y tipos de cambio. Especialmente por sus consecuencias. Las quiebras en la UE están en niveles de 2015, con Alemania pasándolo especialmente mal. Algo que, como ya sabemos, fomenta climas políticos extremos de los que Trump es sólo un ejemplo.

La UE ya ha tomado medidas contra algunos de los dumpings más notorios, con tarifas (muy poco eficaces) sobre los coches eléctricos, y ahora sobre el acero. También ha adoptado medidas reciprocas (bloqueo a aparatos médicos en represalia por lo mismo) y bloqueado algunos contratos estratégicos (el tren ligero de Lisboa pasó de chino a polaco). Pero por fin está creciendo la conciencia de que tenemos un vecino (lejano) jugando a políticas de los años 30, que no respeta las reglas del comercio internacional diseñado para el beneficio mutuo, y que aspira a consolidar su posición como fábrica del mundo a expensas de todos los demás. Y que, para rematarlo, es una dictadura nacionalista.

La Unión se está planteando ya medidas más amplias de protección, e incluso cambiar la carga de la prueba (ahora hay que demostrar cada caso, en lugar de forzar a probar que no se incumplen las reglas) o usar medidas a la estadounidense para protegerse de los abusos comerciales. También se plantean políticas de inversión: que para vender al Estado se tenga que contener producto europeo. Y forzar a los fabricantes a diversificar proveedores, algo que intentaron las estadounidenses cuando empezaron las batallas comerciales, y que China combate con medidas orientadas a que sus productos sigan siendo chinos (i.e. se monten en Ferrol, pero se fabriquen allí).

Lo que más se teme es la respuesta china, porque tienen demasiada confianza para achicarse ante un órdago. Pocos creen que, pese a la evidente necesidad, la UE vaya a ponerse realmente seria para bloquear el abuso sistemático chino. España destaca como el país más conciliador, pidiendo "adaptarse" a China y tomar medidas sólo ante prácticas "demostradamente desleales". Algo que puede tener que ver con el estado de nuestra industria (cuyo peso sigue disminuyendo hasta en regiones como Navarra) o con los escándalos que se están tratando estos días en sede judicial.

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