Productividad y buen gobierno
Los datos muestran que el estancamiento de la productividad y la falta de inversión están detrás de la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores españoles.

Oficinas de Zuzenean REMITIDA / HANDOUT por IREKIA Fotografía remitida a medios de comunicación exclusivamente para ilustrar la noticia a la que hace referencia la imagen, y citando la procedencia de la imagen en la firma 30/7/2026
Comentaba esta semana Jesús Fernández que ha actualizado los datos de su estudio "La riqueza de las naciones trabajadoras" (con Gustavo Ventura y Wen Yao). Es una tabla que analiza el crecimiento de los países del G7 (y de España, que pasaba cerca) hasta 2023.
En la nueva versión toman en cuenta de demografía (la renta per cápita y por trabajador), algo que es especialmente relevante estos días. Porque también acaban de publicarse los datos españoles sobre el mismo tema. Y entre las novedades que afloran está que la mejora de la productividad por hora entre 2019 y 2025 se la come la bajada (sí, bajada) de las horas medias trabajadas. La productividad por trabajador ha subido un 0,2% desde 2019.
Combinemos eso con lo que hablábamos la semana pasada y vemos porqué España se despeña en nivel de vida respecto a otras economías, y Europa en general frente a EEUU.
En el estudio de Fernández et al, la tasa de crecimiento de PIB per cápita en España desde 1991 es de apenas el 1,24. Es muy baja, pero en contexto no lo parece tanto, salvo que comparemos con Reino Unido (1,63) o EEUU (1,73). Y la tasa de crecimiento de PIB por trabajador es del 0,39, con mucha diferencia la más baja de la muestra. Pero es que la productividad por hora también es la que menos crece.
En otras palabras, o en román paladino, los trabajadores españoles siguen sin mejorar significativamente su productividad, lo que necesariamente se traduce en el poder adquisitivo (y aquí no entraremos en la inflación).
Y siguiendo con las simplificaciones, la productividad por hora de trabajo depende de las herramientas, tanto materiales como inmateriales (métodos de trabajo). A mejores herramientas, más productividad por hora, que es por lo que normalmente la productividad mejora con el tamaño de la empresa y sus capacidades. Las herramientas no son gratuitas: sólo llegan cuando se invierte. Ya sea porque se desarrollen (cuesta) o se compren (cuesta) o las traiga un inversor extranjero.
En un contexto en el que la inversión extranjera se viene desplomando (pese a la reciente infusión puntual de chinos de manos de Zapatero), parece complicado lograr el nivel de inversión necesario para dar la vuelta a una tendencia que no sólo es española, pero que claramente se agrava mucho en el caso de España.
No estamos invirtiendo en la productividad de los puestos de trabajo existentes, y eso tiene consecuencias (salarios, competitividad) pero también causas. Los actores son (bastante) racionales y responden a los estímulos y leyes a los que se enfrentan. Si no se invierte es porque no es rentable a corto y medio plazo; del largo plazo no se ocupa nadie, y así nos va.
Dicho de otro modo, no basta con lamentarse o pedir a las empresas que "se digitalicen". Se digitalizarán si es rentable. Y eso no se hace salpicándoles con ayudas como quien agita un hisopo. Se hace reduciendo el coste de crear un puesto de trabajo, la complejidad de las gestiones para emprender o extender un negocio, o para operar en otra comunidad autónoma. No se trata de añadir problemas o de pretender que un funcionario entienda el contexto económico, sino de dejar de manipularlo en la dirección equivocada.
Cuando les dejan, las empresas españolas crecen y exportan. Y atraen inversión (no china). Cuando se hace como en Navarra desde hace más de una década, las empresas huyen. Y eso es lo que estamos haciendo a nivel nacional desde hace ocho.
El problema es el mismo que con el campo. Pretendemos que la realidad se adapte a lo que sueñan algunos políticos, y no funciona así. Las normativas deberían estar para aclarar las cosas, no para hacerlas confusas y limitar opciones legítimas, o para crear pequeñas taifas (geográficas o burocráticas). Y la normativa europea es una mala excusa cuando aquí se traspone tarde, mal y troceada.
Esto no es un problema estético. Es un problema de nivel de vida, de oportunidades, de crecimiento de la próxima generación. Estamos cultivando un desierto porque ponemos otras cosas (buenas, normalmente) por encima de las de comer. Y hay que tener las prioridades más claras.
El nivel de vida es consecuencia de la productividad. La productividad es una consecuencia de la inversión. La inversión es consecuencia de las oportunidades de rentabilidad. Y las oportunidades de rentabilidad están condicionadas por el marco fiscal y administrativo. Juguemos al buenismo y a las taifas con el marco, y seguiremos empobreciendo a los trabajadores españoles.