Energía y geopolítica con Marruecos
La dependencia energética de Rabat respecto a España puede ser una ventaja, pero Marruecos ya trabaja para dejarla atrás

La relación entre España y Marruecos, todo una jugada de ajedrez.
Estos días abunda en la conversación pública una idea que va calando como la lluvia fina; Marruecos puede estar aprovechando sus fronteras con España para juegos de guerra híbrida mientras nosotros seguimos enfrascados en nobles causas humanitarias. No dejamos de ser Quijotes. Y, de pronto, se cuela en el debate la noticia de la dependencia energética de Marruecos con España.
Energía y geopolítica
Porque Marruecos y España comparten mucho más que una conflictiva frontera. Comparten gasoductos e interconexiones de transporte eléctrico y comparten un mercado con puertos que compiten por las mismas rutas, fábricas que aspiran a captar las mismas inversiones y hasta una carrera silenciosa en la que compiten por convertirse en la gran plataforma energética e industrial entre Europa y África.
En este siglo ya ha habido demasiados ejemplos de cómo la energía y su cadena de valor ha vuelto a ser usada por los países como en el siglo pasado; como arma geopolítica de influencia o de chantaje global; ahí está la invasión rusa de Ucrania, o la operación relámpago contra Maduro mientras sigue Delcy o el conflicto en el estrecho de Ormuz.
Durante décadas, España ha jugado en el campo energético con ventaja respecto al vecino del sur; por geografía, infraestructuras, mercado europeo y capacidad industrial. Y por su privilegiada relación con Argelia, nuestro principal suministrador de gas y enemigo irreconciliable de su vecino. Pero desde que gobierna Sánchez, las cosas han empezado a cambiar.
Ayudamos con el gas pero no recibimos ayuda para superar los sistemas aislados
El ejemplo más reciente es el gas. Desde 2022, cerrado desde el lado argelino el Gasoducto Magreb-Europa, comenzó a operar en sentido inverso, de España a Marruecos. Marruecos compra gas natural licuado en el mercado internacional, lo regasifica en España y lo recibe a través de Tarifa. No le vendemos “gas español”; le prestamos una infraestructura que construimos en España durante casi tres décadas, -con nuestros gasoductos y plantas de regasificación-, y que Marruecos hoy necesita.
En el plano del sistema eléctrico, España también está interconectada con Marruecos, con una capacidad de intercambio que alcanzó los 1.400 MW ya en 2006, mientras Ceuta y Melilla han seguido funcionando como pequeñas islas eléctricas españolas, dependientes esencialmente de generación fósil de fuel y diesel. Ceuta empieza ahora a salir de ese aislamiento mediante un enlace submarino de doble circuito a 132 kV y casi 69 kilómetros con la Península, liberándola así del cerco energético que la ha obligado a generar energía con tecnologías más caras y contaminantes. Y llega tarde: la conexión estaba prevista inicialmente para 2020. Melilla sigue aislada.
Por contraste, el gobierno de España rápidamente facilitó a Marruecos la solución a su problema de abastecimiento de gas. Entre enero y junio de 2026 salieron hacia Marruecos cerca de 4 TWh. Equivalen aproximadamente al 40 % del consumo anual actual de gas de Marruecos —estimado por su Ministerio de Energía en torno a 1 bcm—; el gas representa, además, alrededor del 10 % de su producción eléctrica. Es una palanca real, pero sería un error confundir una palanca con una estrategia. Perturbar a Marruecos en su suministro de gas sería dar una alegría a Argelia, que ya dejó claro en 2022, -tras cerrar el gasoducto del Magreb y dejar a España si el 10% de sus aprovisionamientos de gas-, que no toleraría que su gas fuese reexportado a Marruecos.
Cerrar ese flujo dañaría a Marruecos a corto plazo, cierto, pero aceleraría justo lo que Rabat ya está haciendo: construir su propia alternativa. Porque Marruecos parece haber decidido que esa dependencia subordinada tenga fecha de caducidad. Nador West Med está llamado a incorporar infraestructura de gas natural licuado (GNL) y a reducir la dependencia de las plantas españolas. Y, a mayor escala, el African Atlantic Gas Pipeline podría transformar a Marruecos, algún día, de importador dependiente en corredor de gas de África occidental hacia Europa.
Las interconexiones hacia Europa
Con la electricidad ocurre algo parecido. En junio de 2026 España exportó 441 GWh a Marruecos e importó apenas 3. El saldo es muy favorable a España. Pero la interconexión no sólo sirve para vender electricidad: Marruecos también ayudó en la reposición del sistema ibérico tras el apagón del 28 de abril de 2025. Cerrar el cable o limitar su uso perjudicaría más a Rabat en el día a día, pero España perdería un mercado para sus excedentes renovables y una vía de respaldo en emergencias. Aunque esa interconexión que un día ayudó otro día puede dejar de hacerlo. No sería ocioso acelerar los planes para garantizar la resiliencia de nuestras infraestructuras críticas, dado el retraso que ya acumulamos a día de hoy para dar cumplimiento a las directrices europeas. Aquí también hay que tener presentes los planes de Mohamed VI.
Hub energético e industrial
Porque Rabat quiere dejar de ser un extremo de red para convertirse en un nodo. Mantiene el objetivo de alcanzar al menos un 52% de potencia eléctrica renovable en 2030 y prevé añadir alrededor de 15 GW de nueva capacidad hasta ese año, unos 13 GW renovables. Noor Ouarzazate es hoy el gran emblema solar operativo de Marruecos, con unos 580 MW; pero la nueva apuesta estratégica está en Noor Midelt I, II y III, concebidos para superar ampliamente esa escala hasta los 1.600 MW y combinar fotovoltaica, termosolar y almacenamiento.
Esos megaproyectos en zonas desérticas pueden competir con la ventaja energética de España para ser foco de atracción industrial y ya se prepara para exportar energía al continente vecino. Además de la tercera interconexión con España, Marruecos explora nuevas conexiones con Portugal y, desde julio de 2026, también una conexión directa con Francia. El famoso cable submarino de conexión con Reino Unido avanza lento, pero la dirección estratégica es clara: Marruecos quiere varias puertas de entrada a Europa, no una sola y dependiente de España.
Electrificación e infraestructuras
La misma lógica aparece en los puertos. Tanger Med ya compite frontalmente con Algeciras. Nador West Med prevé abrir en el cuarto trimestre de 2026 con una capacidad inicial anunciada de cinco millones de contenedores y posibilidad de llegar a doce. Dakhla Atlantic añade otra pieza a futuro. El transporte marítimo está en el mercado de carbono EU ETS y Bruselas ya ha introducido reglas anti-elusión para puertos vecinos de transbordo como Tanger Med. Pero la amenaza es más seria precisamente porque es más amplia: suelo, fiscalidad, costes laborales, energía, zonas industriales y conectividad.
Y luego está la automoción y su transición hacia el vehículo eléctrico y conectado. España sigue teniendo un ecosistema industrial muy superior, pero Marruecos ya no quiere limitarse a montar coches. Renault y Stellantis cuentan allí con grandes capacidades y el salto está llegando a la batería: Gotion impulsa una gigafactoría en Kenitra; BTR desarrolla materiales catódicos y COBCO ya ha iniciado producción de materiales para baterías. La batalla no consiste en que mañana cierren las plantas españolas. Consiste en quién capta la próxima ampliación, el siguiente proveedor o la nueva plataforma eléctrica en un espacio geográfico, económico e industrial de vecinos que pugnan por ser puente entre dos continentes.
Rabat está construyendo también las arterias que conectarán todas esas piezas. Marruecos moviliza alrededor de 10.000 millones de dólares para ampliar su red ferroviaria y extender el AVE Al Boraq hacia Marrakech antes de 2030, especialmente estratégica porque conecta progresivamente el gran eje industrial y logístico atlántico del país, mientras moderniza carreteras, accesos portuarios y aeropuertos. Marruecos está ampliando aeropuertos, accesos viarios y otras infraestructuras vinculadas al Mundial de 2030 para elevar su capacidad hasta unos 80 millones de pasajeros anuales en 2030, frente a unos 38 millones cuando se anunció el programa.
Minerales críticos e hidrocarburos
Algo parecido sucede con los minerales estratégicos. El titular fácil habla de tierras raras, pero el verdadero reto está en la cadena completa: fosfatos, cobalto, precursores, cátodos, celdas y vehículo. La autonomía estratégica no se gana localizando una mina, sino evitando que otro país concentre progresivamente todas las etapas que convierten el recurso en industria y lo haga sin preocuparse de la huella de carbono o de sus condiciones laborales y de protección de la infancia.
El tablero se completa con Canarias y el Atlántico. Hay indicios de que Marruecos ambiciona explotar hidrocarburos y yacimientos de tierras raras en espacios que formarían parte de la zona económica exclusiva (ZEE) española, una franja de mar que se extiende hasta 200 millas náuticas (370,4 kilómetros) desde la costa de un país. Existe, por tanto, una cuestión estratégica de delimitación de espacios marítimos, exploración offshore y recursos potenciales frente a nuestro archipiélago canario. Incluso para preservar su principal actividad económica como es el turismo.
Defender y ampliar nuestra posición de geopolítica energética
Nada de esto significa que Marruecos vaya a sustituir a España mañana como hub energético e industrial de la zona del Mediterráneo que da puerta al Atlántico. España sigue teniendo más mercado, mejores conexiones con la UE, más tecnología. energía competitiva, financiación e industria. Y recursos humanos mejor formados y preparados. Pero Marruecos está haciendo algo que España practica poco: política de Estado de medio y largo plazo. Conecta energía, puertos, agua, minería, industria y diplomacia en una misma estrategia. Y, de vez en cuando, una “crisis migratoria” contra el vecino del norte.
Marruecos no es una amenaza energética para España hoy. La amenaza es que Marruecos tenga una estrategia y España sólo una colección de expedientes con un gobierno desnortado, mientras se acumulan los problemas; el gran apagón, la crisis ferroviaria tras Adamuz, los incendios, la falta de mantenimiento en carreteras y presas…y ahora la invasión en Ceuta. ¿No va siendo hora de adoptar una visión más estratégica e integral de la geopolítica de la energía en nuestro entorno a la hora de abordar nuestros problemas con Marruecos antes de que sea demasiado tarde?