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tras 15 años consecutivos la organización anuncia que este ejercicio no se celebrará

Madrid se queda sin una fiesta netamente castiza Tapapiés por las quejas de los vecinos

Se buscan fórmulas que no alteren la convivencia de los residentes en Lavapiés pero mientras los comerciantes del barrio se quedan sin el 25 por ciento de sus ingresos.

Imagen de un puesto de Tapapiés 2025.

Imagen de un puesto de Tapapiés 2025.

Israel García Juez
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Según ha podido saber Esdiario, Tapapiés no celebrará su decimosexta edición este año, una de las fiestas más populares en el castizo barrio de Lavapiés, por la presión vecinal. 

Una decisión que han permitido Ayuntamiento de Madrid, Comunidad y otros organismos confiando en encontrar un formato más sostenible que permita aunar los intereses de los comerciantes locales y los residentes que se quejan de la gran masificación.

Fuentes de la organización apuntan a este periódico que esta iniciativa consiguió rehabilitar un barrio que estaba muy depauperado y perseguía poner en valor la multiculturalidad de los residentes. 

Los hosteleros pierden más de un 25% de su facturación 

Tapapiés no celebrará su decimosexta edición este año. La Asociación de Comerciantes de Lavapiés Distrito 12 confirma que el Festival de Tapas y Música del barrio madrileño se pospone al año que viene, mientras se diseña “un formato sostenible que no altere la convivencia con los vecinos y les satisfaga tanto a ellos como a los hosteleros y comerciantes”, en palabras de su presidenta Carmen Gordo. Lavapiés se queda así de momento sin su fiesta más popular y la favorita de los madrileños, tras 15 años de éxito ininterrumpidos desde 2011.

Durante 11 días en la segunda quincena de octubre, cada año visitaban Lavapiés miles de personas procedentes del resto de Madrid, otros puntos de España y el extranjero. “Gracias a la venta de tapas y cerveza, la hostelería del barrio incrementaba su facturación en más de un 25% de media”, apunta Carmen Gordo. Desde la asociación trabajan en “una fórmula alternativa que no congregue tanto público en la calle, pero que siga promocionando la variada gastronomía multicultural de un barrio donde conviven más de 80 nacionalidades censadas”, añade.

La realidad es que “algunos bares pequeños pueden verse obligados a cerrar al no celebrarse esta edición”, reconocen también los hosteleros asociados. “La facturación de Tapapiés era vital para todos los participantes, era nuestro salvavidas de todo el trimestre”, explica Antonio Amago, propietario de La Musa de Espronceda (Santa Isabel, 17). “Algunos establecimientos subían hasta un 75% sus ventas”, añade la presidenta.

Había un ambiente cojonudo dicen los asistentes habituales 

Durante las 15 ediciones de Tapapiés, sus visitantes han tapeado en los bares y restaurantes del barrio y de los mercados de San Fernando y Antón Martín, de múltiples nacionalidades, donde han probado tapas inspiradas en las gastronomías de la gran mayoría de países del mundo. Sus calles y plazas han acogido cientos de conciertos gratuitos a cargo de bandas nacionales e internacionales de géneros y estilos diversos, además de actuaciones teatrales, espectáculos infantiles… Se han repartido miles de euros en premios para las tapas ganadoras y el público.

¿Qué perseguía esta iniciativa? 

Fundada en 2005, la Asociación de Comerciantes de Lavapiés Distrito 12 trabaja para el desarrollo de Lavapiés, así como para mejorar su convivencia, paz social y calidad de vida.

Responsable de iniciativas como Tapapiés, CALLE y el Día Mundial de la Tapa, su labor sirve de ejemplo para la revitalización comercial de otros barrios madrileños. Cuenta con más de 250 comercios, bares y restaurantes asociados.

Morir de éxito 

Este es el clásico ejemplo que debe hacer reflexionar a la sociedad. Tras mucho esfuerzo se consigue consolidar una iniciativa que se convierte en un referente de éxito pero claro, ante la llegada masiva de público los residentes se quejan de ruidos, suciedad y algunas otras cuestiones que son inherentes al ser humano.

¿Qué derechos deben primar? Los del descanso de los vecinos, que en una gran ciudad siempre se va a ver perturbado por uno u otro motivo o el de los comerciantes que generan riqueza y empleo y por tanto también impactan sobre la sociedad.

Deberán ser las autoridades, que para eso están, las que regulen ambas realidades para que se puedan desarrollar las libertades de ambos colectivos pues la prohibición siempre trae pobreza y marginalidad. Comentan a Esdiario personas que no están para nada de acuerdo con el cierre, esperemos temporal, de esta curiosa iniciativa.

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