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La amenaza que Europa no cuenta: Rusia multiplica los incidentes mientras Putin prepara una nueva movilización

Los incidentes atribuidos a Rusia se multiplican en territorio europeo mientras la UE refuerza su despliegue militar y Moscú prepara una posible movilización de tropas.

El presidente de Rusia, Vladímir Putin, asiste a la 18.ª Cumbre de los BRICS.

El presidente de Rusia, Vladímir Putin, asiste a la 18.ª Cumbre de los BRICS.Alexander Kazakov

Miguel Cornejo
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Mientras la UE se preocupa por el coste del petróleo (que ya ha empezado a trasladarse a la cesta de la compra, y lo va hacer con mucha más fuerza en los próximos meses) y debate cómo tratar la invasión de Ceuta, sus líderes llevan tiempo trabajando en algo diferente: reforzar y consolidar su política exterior y su coordinación militar, en paralelo a la OTAN. Es una tarea compleja en la que han conseguido chocar la Comisión y la Alta Representante para Asuntos Exteriores, con planes y programas que se solapan. Pero es una tarea mucho más urgente de lo que nos transmiten.

Lo que está pasando en el Golfo deja claro que no tenemos un "gendarme mundial" ni un equilibrio de poderes: tenemos una superpotencia que no es capaz de imponerse sobre el terreno ante una potencia mediana, pero sí de desequilibrar una región. En esencia, lo mismo que el ataque ruso sobre Ucrania, aunque las razones y el régimen atacado difieran mucho. Esto es bastante más serio de lo que parece, especialmente si las medidas "blandas" demuestran no funcionar tampoco para doblegar la voluntad de un país, como Canadá está demostrando.

Un mundo en el que las superpotencias no pueden imponerse claramente a un tejido de alianzas y una resistencia decidida, pero tampoco se amenazan mutuamente, se parece al de la guerra fría... pero está cada vez más cerca de uno multipolar, donde las potencias se enfrentan continuamente a baja intensidad y los medianos sufren las consecuencias.

Y por lo que estamos viendo, la UE recibe trato de mediano. En las últimas semanas se han multiplicado los "incidentes" con protagonismo ruso. Ya no hablamos de interferencias en comunicaciones y navegación en el Báltico, o de sobrevuelos no autorizados. Hablamos del sabotaje de los trenes holandeses. Hablamos de explosiones en fábricas y depósitos de municiones en Italia, Alemania y Bulgaria. Hablamos de los drones explosivos encontrados en un aeropuerto alemán y otros lugares. Hablamos de drones que sobrevuelan espacio de la UE (durante 25 minutos en Rumanía la semana pasada, pero abundan los casos en Polonia y en Lituania) de camino a Ucrania o sin destino razonable. En el caso lituano, un caza italiano tuvo que derribar un dron ruso que se aproximaba a una central térmica.

Esto último nos habla de lo que no comentan los telediarios. El despliegue militar europeo ya ha comenzado, con rotaciones de varios países en las fronteras rusas y especialmente bálticas, y con Alemania reforzando a Polonia. La respuesta diplomática es lo que sigue siendo delicado.

Hemos comentado en esta columna las limitaciones con las que trabaja la ofensiva rusa, así como las dificultades para admitir una salida que no pueda presentarse como victoria, y los problemas para consolidar la guerra sin escalarla. Estos problemas está llegando a un punto crítico con las elecciones de estos días en Rusia.

Putin está difundiendo propaganda según la cual el avance ruso está incluso más avanzado de lo que proclama su ejército, en algunos casos más de 25 kilómetros por delante de la línea del frente. Pese a la evidencia que sus propios canales de Telegram difunden y su población conoce, insiste en dar una imagen optimista de la invasión. El objetivo no sería sólo reforzar a Putin y sus apoyos, sino reducir la resistencia al siguiente paso: la movilización que se viene rumoreando para finales de este mes.

El ejército ruso está reduciendo la desventaja tecnológica que llegó a tener con Ucrania. Sus drones a reacción están logrando pasar donde los anteriores eran derribados. Pero sigue sin tener capacidad de lanzar un ataque frontal con éxito, porque la defensa ucraniana los convierte en un matadero y hace necesaria una guerra de infiltración y contrainfiltración en la que la falta creciente de recursos de los rusos les empieza a hacer perder terreno. La única cura, la que viene pidiendo el estamento militar, es una movilización capaz de generar las masas humanas que puedan poner fin a la resistencia del "cinturón fortificado" ucraniano antes de que el aumento de la producción de Patriots y misiles equivalentes prive a Moscú de su mayor herramienta de presión sobre la población agredida.

El cierre de las fronteras con los países de Asia Central está previsto desde hace meses. El cierre de las fronteras con Occidente será automático. Los rusos no van a poder escapar de la movilización, si se produce.

Y cuando lo haga, diga lo que diga a su público interno y al inquilino de la Casa Blanca, Putin sabrá que está jugándose la última carta por debajo de una guerra abierta con Europa. Una opción que es de esperar que nunca esté en la mesa. Como decía Sting en su canción Russians, confiemos en que los rusos quieran también a sus hijos.

Idealmente, lo suficiente para resistir la movilización y derribar a Putin. Pero a falta de éso, lo suficiente para evitar algo que nos arrastre a todos.

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