15 de Abril de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Fernando Grande Marlaska

Marlaska persigue a un coronel ejemplar y auxilia al asesino de Blanco

La restitución de Pérez de los Cobos por decisión judicial y los beneficios al etarra Txapote definen al Ministerio del Interior y al Gobierno de Sánchez en su conjunto.

| ESdiario Editorial

 

La Audiencia Nacional ha condenado al Ministerio del Interior a readmitir e indemnizar al coronel Pérez de los Cobos, destituido caprichosamente por Marlaska hace casi un año con un argumento peregrino y peligroso: no le informó de las investigaciones que, ordenadas por un juez y bajo secreto judicial, tuvo que hacer para determinar la eventual relación entre la extensión del contagio de coronavirus y los permisos negligentes de las marchas del 8M.

Con o sin fallo judicial, la cacicada fue evidente, pues castigar a un servidor público por anteponer sus obligaciones a los caprichos del jefe es una infamia incompatible con el ejercicio de un Ministerio y agresiva con los principios del Estado de Derecho, caracterizado en otras cosas por los límites al ejercicio del poder arbitrario.

 

Pero es que además hay sentencia, y supone un varapalo inmenso para Marlaska, y por extensión para todo el Gobierno; amén de un reconocimiento para el coronel y para todos los que, como él, se sientan y comporten con servidores del Estado y no de un partido.

Los hechos en sí son gravísimos, pero alcanzan la preocupante categoría de escándalo al ubicarse en el contexto vigente, de limitación galopante de libertades básicas como la movilidad o la reunión; de debilitación de los controles parlamentarios del Ejecutivo; de escasa rendición de cuentas de éste ante los juzgados y las Cámaras y de un siniestro afán represivo desplegado con la excusa del estado de alarma.

El trato infame de Marlaska al coronel y el auxilio al asesino de Blanco le define a él y al conjunto del Gobierno

Cabe recordar que la destitución de Pérez de los Cobos coincide con la revelación de que el mismo Ministerio había dado órdenes a la Guardia Civil de "monitorizar" las críticas al Gobierno. Y con el boicot sistemático del Gobierno a las investigaciones en el Congreso o los ataques a la prensa independiente con la coartada de la persecución de las "fake news", de las que Moncloa es el primer promotor.

El exceso de Marlaska, pues, no es suyo en exclusiva ni se limita a este caso; sino que responde a una visión peligrosa del ejercicio del poder y a un desprecio a los contrapesos democráticos por parte de un Gobierno que, cabe recordar, está obsesionado con asaltar el Poder Judicial.

Y ayuda a Txapote

El ministro del Interior queda reducido así a un sátrapa capcioso que considera que los Cuerpos de Seguridad están a su servicio. Pero su previsible continuidad, pese a la petición de dimisión de toda la oposición y de buena parte de los representantes de la Guardia Civil o la Policía, será la prueba definitiva de la catadura del conjunto del Gobierno y de quien lo encabeza, Pedro Sánchez.

Que la restitución del coronel coincida con la decisión de Marlaska de conceder aún más beneficios penitenciarios al etarra Txapote, asesino de Blanco, Ordóñez, Buesa o Múgica; perfila definitivamente los principios del personaje y describe, dolorosamente, al Gabinete del que forma parte, laxo con los delincuentes más crueles; implacable con los servidores más decentes.