21 de Junio de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez, en Moncloa
Pedro Sánchez, en Moncloa

Un desastre económico y un caos sanitario

La negligencia de Sánchez es inaceptable: trasladar al Supremo la gestión sanitaria y enviar una falacia a Bruselas para recibir fondos no puede quedar impune.

| ESdiario Editorial

 

La AIREF ha puesto en entredicho la seriedad del Plan de Resistencia remitido por el Gobierno a Bruselas para recibir el crucial rescate europeo. La coincidencia entre su informe y la dimisión de altos cargos del Ministerio de Economía eleva unas sospechas que ya eran evidentes y se resumen en una conclusión provisional.

Más que un proyecto solvente, con memoria económica, planes claros, reformas detalladas y de pleno conocimiento público; el Gobierno se ha dedicado a intentar cumplir un trámite formal y administrativo para recibir los 140.000 millones de Bruselas.

 

Y lo ha hecho con un "cortapega" de documentos antiguos; un catálogo de generalidades y una apabullante falta de previsión realista de la situación de España. Que la AIREF haya denunciado que no existe "ninguna" precisión sobre las reformas imprescindibles para recibir los fondos es escandaloso.

Sánchez resuelve la crisis económica con falsedades y dinero ajeno y la sanitaria con los tribunales

Y que, a la vez, coincida su diagnóstico con uno similar del Consejo de Estado al respecto de la opacidad en la gestión futura del dinero, roza la temeridad punible. Y en todo caso refleja un drama insoportable: ante la peor crisis de la historia reciente de España; el presidente resuelve la respuesta económica con una farsa y la sanitaria delegando en el Tribunal Supremo.

Negligencia

Lo único que parece asegurado es que el ínclito Plan de Recuperación será una excusa para prolongar la propaganda electoral de Sánchez hasta la próxima cita con las urnas; para sostener un gasto público insostenible y a menudo clientelar y, además, como coartada para elevar el esfuerzo fiscal de los contribuyente, uno de los cinco más insoportables ya del mundo.

No basta con apelar a la mera incompetencia para explicar la actitud de este Gobierno. La insistencia, pese a los incontables avisos de otras instituciones, descarta el mero fallo como explicación a sus decisiones y le ubica en el territorio de la negligencia premeditada, electoralista y kamikaze. Quizá le sirva a Sánchez para mantener el artificio de su éxito a corto plazo; pero condena a España a un drama prolongado, doloroso e innecesario.