| 06 de Diciembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Otegi y Junqueras, en la marcha a favor de los presos de ETA
Otegi y Junqueras, en la marcha a favor de los presos de ETA

El abrazo de Junqueras y Otegi a favor de ETA retrata a Pedro Sánchez

Que el Gobierno permita manifestaciones a favor de ETA con sus socios indultados y que en ellas se insulte a las víctimas es lo más triste e ignominioso que se ha visto nunca.

| ESdiario Editorial

 

El indignante abrazo de Junqueras y Otegi en una manifestación en favor de los presos de ETA, con presencia de Podemos y de todos los aliados del Gobierno del PSOE; culmina una semana trágica para la dignidad de las víctimas y el respeto a la memoria democrática de España, tan manoseada en otros caso más remotos y tan denigrada en otros tan recientes.

Pero, sobre todo, es un doloroso resumen de las consecuencias de haber vinculado la investidura de Pedro Sánchez y la conformación de su Gobierno a unos socios tan contrarios a la Constitución, al espíritu democrático y a la simple humanidad que cualquier persona decente siente por el prójimo objeto de las peores crueldades.

Junqueras es un condenado por sedición en el Tribunal Supremo que, gracias al indulto del Gobierno por su dependencia para casi todo de ERC, puede acudir al País Vasco a apoyar la liberación de terroristas con delitos de sangre e, incluso, ponerlos también en la categoría de "represaliados" en la que él mismo se incluye.

Y Otegi, que no ha escondido nunca que su respaldo a Sánchez obedece en exclusiva a intercambiarlo por favores a los presos y más poder para Bildu, es decisivo incluso para aprobar los Presupuestos Generales del Estado, lo que le da una ascendencia sobre el Ejecutivo simplemente insoportable.

Los insultos de los manifestantes a los valientes representantes de las víctimas, de la asociación COVITE, que acudieron a la manifestación a protestar; son el triste resumen de todo, y en especial de la pasividad de un presidente que no tenía que haber permitido una manifestación así y debería acabar con una alianza hiriente con esos socios.

La casualidad le ha jugado una mala pasada al Gobierno de Sánchez en la semana de mayor blanqueamiento de Otegi y Bildu: mientras en Moncloa se ha querido resolver su complicidad con el terrorismo con unas simples palabras de “dolor” del líder batasuno, varios hechos han derribado esa artera campaña de marketing:

Primero fueron las palabras del propio Otegi diciendo que su apoyo a Sánchez se debe, en exclusiva, a sacarle a cambio la liberación de 200 presos de ETA. Después ha sido la negativa de Bildu a condenar el terrorismo en el Parlamento Vasco. Y, finalmente, se ha conocido que en noviembre llegará a España la delegación del Parlamento Europeo designada para pedir explicaciones sobre los 400 crímenes de ETA aún sin aclarar: esa comisión se aprobó a finales de 2020, pero la pandemia retrasó su puesta en marcha hasta ahora.

Queda además otro dato sobre la mesa para entender que las cesiones ya han llegado y que Sánchez ya empezó a pagar el precio de su propia investidura desde la moción de censura en 2018: casi 300 terroristas han tenido beneficios penitenciarios de todo tipo desde esa fecha. Quizá por eso permitieron la indecente manifestación a favor de ETA, encabeza por sus socios indultados y blanqueados.