| 02 de Diciembre de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez y Yolanda Díaz en el Senado
Pedro Sánchez y Yolanda Díaz en el Senado

¿No piensa cambiar Sánchez su política económica con este drama?

Mientras a la guerra se le añade una crisis energética mundial y se disparan los precios de todo, el Gobierno mantiene una política absurda de gasto público y subidas fiscales.

| ESdiario Editorial

 

Rusia ha anunciado en las últimas horas que cesaría su ataque militar a Ucrania si se aceptan tres condiciones que Putin repite desde el comienzo: el reconocimiento de la independencia de Crimea y del Donbás y la “desmilitarización” de Ucrania.

En la práctica, se trataría de hacer oficial y legal lo que ya es un hecho consumado: ambas regiones de Ucrania ya están desde hace años bajo control de Moscú y la incorporación del país a la OTAN no está prevista, por mucho que esa posibilidad aparezca como detonante de la peor guerra desatada en Europa desde que Hitler invadiera Polonia en 1939.

 

Cabe hacerse, pues, dos preguntas: ¿Merece la pena mantener un terrible conflicto, con un coste en vidas y daños económicos inmenso, si no se van a poder recuperar las zonas “ocupadas” desde hace años ni se espera el auxilio de la OTAN a Ucrania, más allá de cuestiones logísticas menores? ¿O hacer esas concesiones a Rusia sentaría un precedente peligroso y alimentaría la escalada expansionista de Putin hasta hacer inevitable un pavoroso choque internacional de consecuencias inmensas para la humanidad?

Mientras, la gran novedad del momento es la irrupción pública de China, con dos mensajes cruciales: el primero, que ha anunciado que ya media entre las dos partes enfrentadas, sin precisar cómo ni con qué objetivo, pero con la sensación de que le mueve un cierto afán de distensión.

Es insólito que, con una crisis extra añadida a la ya preexistente, Sánchez mantenga una hoja de ruta absurda, sustentada en disparar el gasto público y subir los impuestos.

Y la segunda, muy relevante, que ha calificado de “sólida como una roca” la relación entre Moscú y Pekín: esto es un aval claro a Putin y demuestra que además de una guerra aquí se está librando un pulso por un “nuevo orden mundial”. Pero también da una esperanza a que diplomacia china rebaje la tensión bélica del conflicto, resumida en el drama de millones de refugiados y el cerco salvaje a varias ciudades ucranianas.

¿Y el Gobierno de España?

Por parte de Occidente, básicamente priman los gestos: la Unión Europea comenzará a estudiar la incorporación de Ucrania al club, sin que se espere que sea rápida. Y mantendrá unas sanciones que dañarán la economía rusa de manera profunda, pero también la de Europa: la inflación subirá por encima del 10%; la luz alcanza precios históricos de 700 euros el megavatio en España, con el combustible también desbocado, y la crisis afectará a la cesta de la compra en artículos básicos, tanto por su escasez cuanto por su precio.

En ese escenario de sobreprecios en todo, la Unión Europea debe intervenir con rotundidad en la fijación de precios máximos, algo que recoge por primera vez su ya aprobado Plan Energético a falta de precisiones, pero el Gobierno de España también tiene que actuar: es insólito que, con una crisis extra añadida a la ya preexistente, mantenga una hoja de ruta absurda, sustentada en disparar el gasto público y subir los impuestos.