| 26 de Septiembre de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Imagen de inmigrantes amontonados junto a Melilla
Imagen de inmigrantes amontonados junto a Melilla

Sánchez, Melilla, Marruecos y la falta de humanidad

El presidente ha dado un espectáculo deplorable con la muerte en masa de inmigrantes en la frontera, definitorio de sus principios variables hasta en casos tan dramáticos.

| ESdiario Editorial

 

La muerte de varias decenas de inmigrantes cerca de la valla de Melilla y las inhumanas imágenes que han acompañado a los sucesos, con la Policía marroquí mostrando una pavorosa indiferencia, han servido también para visualizar la hipocresía habitual del Gobierno, cuyos miembros hubieran incendiado la calle de haber estado el PP aún en La Moncloa.

Lejos de conmoverse y pedir explicaciones, Pedro Sánchez se ha felicitado por la operación de contención del asalto. enmendándose a sí mismo sin pudor en varios frentes. Desde luego en el estrictamente humanitario: vanagloriarse de unos hechos tan dramáticos resulta inaceptable, por muy razonable que sea aceptar, de una vez, que la defensa de las fronteras es imprescindible y a regulación de una inmigración ordenada, también.

 

Que el mismo dirigente político que inició su andadura recibiendo en Valencia al Aquarius, pontificando al resto de Europa sobre sus valores y anunciando incluso la prohibición de las concertinas acepte ahora, sin pestañear, los más expeditivos métodos de contención, es descriptivo de su catadura.

La clave marroquí

Y a todo ello hay que añadir la clave política, que quizá explique esa errática actitud: las nuevas relaciones con Marruecos, resumidas en la cesión exprés del Sáhara decidida por Sánchez en persona sin apoyo del Congreso, incluyen al parecer mirar para otro lado con tal de no soliviantar al Régimen y lograr de él un cierto compromiso con la regulación migratoria, sean cual sean los medios que despliegue para lograrlo.

Sánchez ha intentado utilizar este episodio, en fin, para hacer visible los supuestos beneficios de su sumisión a Mohamed VI, más que discutibles y de difícil explicación. Y lo ha hecho a costa de mostrar una inhumanidad sorprendente: ni se puede ceder el Sáhara a cambio de un mejor control de la frontera con Ceuta y Melilla ni se puede permanecer al margen de las dramáticas consecuencias de hacerlo por métodos tan salvajes.