| 26 de Septiembre de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Dolores Delgado
Dolores Delgado

La dimisión de Dolores Delgado agrava el asalto de Sánchez a la Fiscalía

La salida de Delgado de la Fiscalía General del Estado refuerza el control de Sánchez del Ministerio Público, una extensión política peligrosa del Gobierno.

| ESdiario Editorial

 

Dolores Delgado es la segunda salida en apenas 48 horas del entorno más cercano a Pedro Sánchez y, como en el caso de Adriana Lastra ha alegado razones de salud que no parecen terminar de explicar la sorpresa: su lesión cervical es seria pero no es nueva y, pese a que fue intervenida en su día, retomó su actividad con ciertos impedimentos que, hasta ahora, no le impedían asumir su función con parones temporales razonables.

Las presiones de Europa, que ha discutido por escrito la conveniencia de nombrar a una ministra de Justicia como Fiscal General del Estado solo un mes después de dejar el Gobiern; su aparición en audios del comisario Villarejo en pleno alud de nuevas entregas y la sensación de que Sánchez se ha puesto en “modo electoral” y no quiere tener flancos débiles podrían ser otras razones de su cese tras dos años muy polémicos.

 

Porque Delgado llegó a la Fiscalía con instrucciones obvias de ponerla al servicio del Presidente, algo que ha hecho modulando sus acusaciones y silencios en función de los intereses de Sánchez y colonizando la institución de afines de la Unión de Fiscales Progresistas, en cumplimiento del célebre anuncio del jefe del Gobierno y su inquietante frase: “¿De quién depende la Fiscalía? Pues eso”.

Lo que sí está claro es que, con Delgado o sin ella, no cambian las intenciones políticas de Sánchez: su sucesor, Álvaro García Ortiz, ha participado en actos del PSOE; fue promocionado por Delgado como su pareja, la fiscal de Violencia de Género Pilar Fernández y tiene un historial de presión al PP que nace de los tiempos en que dirigió las acusaciones fiscales por el hundimiento del Prestige.

¿Un mensaje a Feijóo?

Que buena parte de su actividad transcurriera en Galicia parece emitir un mensaje político claro que en el PP se da por seguro: es una especie de aviso a Alberto Núñez Feijóo, presidente de la Xunta gallega. Nada es casual, o al menos así lo ha sentido el PP no sin razón.

Sánchez se prepara para las Elecciones, sin duda, y su historial de asaltos al Poder Judicial obliga a encender todas las alarmas: lejos de haber favorecido un Pacto de Estado con el PP, ha incrementado su intento de controlar la Justicia con el abordaje al Tribunal Constitucional y la promoción de un fiscal alineado con el PSOE de menor perfil público al de Delgado pero similar lealtad a los colores.