| 26 de Enero de 2023 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez, en una declaración institucional
Pedro Sánchez, en una declaración institucional

Sánchez dinamita el último puente: la Constitución

Con tal de mantenerse en el poder, el presidente del Gobierno ha cruzado todas las líneas rojas y está dispuesto a hacer saltar por los aires el consenso en torno a la Carta Magna.

| ESdiario Editorial

 

Moncloa sigue adelante con su plan para acabar con el delito de sedición en nuestro cuerpo jurídico. Con nocturnidad y buscando todos los atajos posibles, Pedro Sánchez se ha propuesto ejecutar una metamorfosis de nuestro ordenamiento constitucional y, de paso, pisotear el papel de las Cortes en el moldeamiento y el debate legislativo.

Este último aspecto es sintomático del talante de este Ejecutivo. El recorrido acelerado de la iniciativa por las cámaras para despejarle el camino al separatismo y derogar el delito de sedición es el mejor ejemplo de la catadura democrática e institucional de Sánchez y sus socios.

Y todo ello ha quedado encajado en un mecanismo institucional en el que se han reducido y alterado los plazos de las enmiendas para que la sedición no exista antes de que concluya el año  y el presidente del Gobierno pueda así cumplir con las condiciones impuestas por sus socios independentistas para disponer de los apoyos que le permitan agotar la legislatura.

El imperio de la ley es el último puente de concordia y unidad que nos queda. Esperemos que Sánchez aún guarde un rastro de lucidez y no lo dinamite

Lo que debería haber dado lugar a un examen detenido y pormenorizado, teniendo en cuenta la gravedad del tipo penal y las conductas delictivas que se sanciona con él, se ha despachado con un trámite fugaz y casi clandestino. Una estratagema más de Sánchez y su Gobierno para asegurarse el mantenimiento del poder.

El debilitamiento de la Carta Magna

Hemos asistido ya a sus maniobras colonizadoras de las instituciones, con la degradación que ello representa para la separación de poderes. Ahora somos espectadores de la perniciosa farsa que representa trastocar las leyes y remover principios fundamentales de nuestro sistema democrático por medio de artificios y tretas.

La alteración de la Constitución es el gravísimo peligro que se corre con estas prácticas. Porque la debilita y la expone a las agresiones de sus enemigos que, por desgracia, se han visto reforzados por las últimas concesiones del Ejecutivo, mientras la ciudadanía española queda mantenida al margen de toda decisión.

El imperio de la ley, en fin, es el último puente de concordia y unidad que nos queda. Esperemos que Pedro Sánchez aún guarde un rastro de lucidez y no lo dinamite, tratando de jugar con cobardía al despiste aprovechando justamente puentes festivos como este.