| 08 de Agosto de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

× Home España Medios Investigación Opinión Estilo Chismógrafo Deportes Tecnología Tvcine Economía Sostenibilidad ESdiario TV Mundo C. Valenciana Andalucía
Carolina Darias
Carolina Darias

¿Dónde está el Gobierno en la sexta ola?

Permitir que cada Comunidad haga lo que quiera o pueda mientras Sanidad ejerce de espectador es una irresponsabilidad que evidencia la mala gestión general de toda la pandemia.

| ESdiario Editorial

 

Seis Comunidades Autónomas, con el País Vasco al frente, han decidido aplicar unilateralmente fuertes restricciones de cara a Nochevieja que, en la práctica, prohíben el ocio nocturno al limitar sus horarios hasta hacerlo desaparecer e imponen severas limitaciones en el conjunto de la hostelería.

Las seis regiones (tres con gobiernos socialistas; dos nacionalistas y uno regionalista) responden así a las elevadas tasas de incidencia por ómicron, con 2.000 casos por cada 100.000 habitantes al menos en todas ellas. Y, sobre todo, a la pavorosa inacción de la Moncloa, convertida en espectadora de una sexta ola que una vez no gestiona y se limita a comentar.

 

Para aumentar la confusión, otras dos autonomías, Madrid y Andalucía, barajan proponer este miércoles en el Consejo Interterritorial que se reduzca la cuarentena de diez a cinco días en el caso de los contactos de personas vacunadas con contagiados, siempre y cuando sean asintomáticos: una petición razonable para la ciudadanía en general y para los sanitarios en particular.

Porque con una infecciosidad desatada y una levedad evidente, más fruto de la eficacia de la vacunación que de la debilidad del virus, no tiene sentido paralizar hospitales, ambulatorios y el país en general por el confinamiento de personas sanas que tuvieron trato con positivos.

Pedro Sánchez comenzó la pandemia mirando para otro lado y va a terminarla de la misma manera, de espectador de los acontecimientos 

Pero en ese antagonismo entre Madrid o Andalucía y el País Vasco, Navarra, Aragón, Asturias, Cantabria y Cataluña reside, sin duda, la prueba del fracaso del Gobierno de España, incapaz de liderar la respuesta razonable a un nueva fase de la epidemia que necesitaba discursos y decisiones claras, similares para todos los que padezcan una situación parecida.

Si la incidencia ha dejado de ser la manera de juzgar la crisis sanitaria, al no corresponderse ya el número de contagios con la gravedad médica de los pacientes, el Gobierno debería crear un marco discursivo y sanitario acorde que frenara la histeria, evitara el desbordamiento de los centros de atención primaria y permitiera un uso sensato de los recursos sanitarios.

Y si sigue siéndolo, no se entiende la desaparición de Sanidad y el abandono de los ciudadanos, sometidos a un sudoku de medidas que solo sirven para elevar el pánico o moderarlo en función de los riesgos que estén dispuestos a asumir los presidentes autonómicos. La conclusión, en ambos casos, es la misma: Pedro Sánchez comenzó la pandemia mirando para otro lado y va a terminarla de la misma manera.