| 13 de Septiembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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El JEMAD Villarroya, junto a Margarita Robles
El JEMAD Villarroya, junto a Margarita Robles

Margarita Robles sacrificó al JEMAD para esquivar la guerra interna con Iglesias

El general Villarroya, que impulsó la Operación Balmis y movilizó a la UME, cae como consecuencia de la guerra interna que se libra en el Gobierno contra la ministra de Defensa.

| Javier Rodríguez España

 

Al Jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD) José Miguel Villarroya, un militar de carrera de enorme prestigio con 20 condecoraciones del máximo nivel nacional e internacional, no le ha costado el puesto ponerse la vacuna: él cumplió el protocolo establecido, más que lógico en un profesional que, desde distintas unidades, se ha "pegado" con el virus como pocos.

Sin él, por ejemplo, quizá la Operación Balmis, bautizada así en recuerdo del médico militar de tiempos de Carlos IV que llevó la vacuna de la viruela a lo más recóndito del Imperio español a principios del siglo XIX; no hubiera ayudado tanto a limpiar residencias y espacios públicos de COVID al principio de la pandemia, con 2.500 efectivos desplegados en tiempo récord para combatir al temible "bicho".

Ni tal vez la UME se hubiera desplegado en Madrid, y buena parte del centro del país, con la eficacia que tuvo para paliar los efectos de la borrasca Filomena, otro enemigo que el Ejército contuvo con la misma entrega puesta contra el coronavirus.

 

Lo que en realidad le costó el puesto a este militar, nacido en Tarragona en 1957, premiado por la OTAN y respetado por Gobiernos del PSOE y del PP por igual, fue la guerra política que se vive en el interior de Moncloa entre dos facciones muy definidas: de un lado, la ministra de Defensa, Margarita Robles. De otro, y por distintas razones, el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, y el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska.

Con éste las tiranteces, según reconocen a ESdiario fuentes del entorno de ambos, son antiguas y proceden de sus tiempos en la magistratura, donde eran bien conocidas sus diferencias en asuntos clave. Una tensión agravada por la difícil convivencia entre dos Ministerios que chocan por la Guardia Civil, un cuerpo militar que, sin embargo, depende de Interior.

El último choque entre ambos tuvo lugar con el despliegue de la UME, decidido por Robles sin consultar a Marlaska, teórico responsable, según la Ley de Protección Civil, de todo el dispositivo ante catástrofes naturales como  a que cubrió de hielo y nieve el centro de España hace dos semanas.

Pero lo que de verdad ha cercenado la carrera de Villarroya ha sido la presión de Podemos y de Pablo Iglesias, grandes rivales de Robles en el Consejo de Ministros: la ministra, más que nadie en Moncloa, salta sin pensárselo como un resorte cada vez que el vicepresidente segundo o alguno de los suyos ataca a la Corona, se mete con el Poder Judicial o actúa por libre.

El General Villarroya impulsó la Operación Balmis y ahora es víctima del pulso de Iglesias y Marlaska con Robles

"Solo ella y Montero frenan públicamente a Iglesias", reconocen en el entorno del Gobierno, donde otros altos cargos piensan igual del líder de Podemos pero se lo callan por no mostrar desunión en un momento clave.

En esa lista están, al menos, Nadia Calviño y José Luis Escrivá, al frente de batallas económicas clave que, de algún modo, han perdido: sea con las pensiones o con el gasto público; Sánchez les ha desautorizado siempre, llegado el momento de la verdad, para no contrariar a su socio de Gobierno.

El aviso de Podemos

La vacunación de Villarroya, que en ningún caso pensó que fuera a hurtadillas, fue la ocasión esperada por Iglesias para ajustar cuentas con Robles. Nada más conocerse, movilizó a uno de sus más estrechos colaboradores, el viceportavoz Enrique Santiago, de una confianza tal que este verano invitó al vicepresidente segundo y a su esposa, Irene Montero, a pasar unos días con él en Asturias, acabados abruptamente por un supuesto escrache que, en realidad no pasó de una pintada despectiva en la calzada.

El viernes, a las 13 horas, cuando aún faltaban detalles sobre las circunstancias exactas en que el Teniente General se había inmunizado, Santiago ya soltó la bomba: "Si es verdad que el JEMAD (Secretario de Estado) se ha vacunado, debe dimitir o ser cesado por el Presidente. Si el Ministerio de Defensa ha elaborado un protocolo que ha permitido a esos mandos vacunarse antes que la población o que otros militares en riesgo, Robles debe dar explicaciones".

 

La "guerra" estaba planteada, y se da por hecho que en su preparación participó de algún modo el ex JEMAD de Carme Chacón, hoy secretario general de Podemos en Madrid y Jefe de Gabinete de Pablo Iglesias, José Julio Rodríguez, cuyo silencio en estas horas es toda una declaración de intenciones. Apenas rota por un mensaje críptico que da para todas las interpretaciones:

"En este mundo de la posverdad, muchos aprovechan para modificar sus biografías. Son aquellos que empiezan figurándose cosas absurdas y al cabo del tiempo, después de repetírselas una docena de veces, acaban dándolas por buenas". ¿Se refería a su colega? Quién sabe, pero la ausencia de defensa ya lo dice todo.

Dos preguntas sobre la mesa

La gran pregunta es quién será ahora el nuevo JEMAD, con rango de Secretario de Estado y las mayores atribuciones en la defensa interior y exterior de España por tierra, aire, mar e incluso la estratosfera o el ciberespacio. Y las otras dos incógnitas también resultan llamativas. ¿Cómo devolverá el golpe Margarita Robles y cuándo se conocerá el listado de autoridades vacunadas?

La ausencia de un protocolo que defina cuáles y cómo deja una duda en el aire que, con la caída del General de la XXXII promoción de la Escuela del Aire que llegó a ser jefe del gabinete técnico de Dolores de Cospedal, impone una respuesta con celeridad.