| 20 de Mayo de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Puigdemont y Junqueras
Puigdemont y Junqueras

El regreso de Puigdemont y la quiebra del independentismo

Puigdemont estaría preparando su regreso antes del verano a España después de años huido en Bélgica

| Esther Jaén España

Esther_Jaen

Algo se mueve en el mundo del independentismo catalán. Mientras el entourage del ex presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, huido de la justicia española y residente en Waterloo, anuncia a bombo y platillo que el ex Molt Honorable prepara su regreso para antes del verano,Jordi Cuixart, el hasta ahora presidente de Omnium Cultural, y líder civil del movimiento independentista, procesado y condenado por el 1-O, y posteriormente indultado por el Gobierno de Pedro Sánchez, anuncia su abandono de la presidencia y señala la puerta de salida a otros que, como él, estuvieron en la primera línea del movimiento “procesista” y a los que advierte que no se puede ver el conflicto catalán, ni sus objetivos y anhelos “con las mismas gafas” con las que veían su supuesto mandato independentista los protagonistas del 1-O”.

No se puede analizar estos últimos anuncios sin tener en cuenta, en primer lugar, que Jordi Cuixart, un hombre respetado dentro del mundo independentista, ha intentado, tras su salida de prisión, apoyar la vía del diálogo con el gobierno de España, emprendida por el presidente de la Generalitat, Pere Aragonés, y que lo ha hecho manteniendo la distancia que siempre mantuvo con respecto a las peleas partidistas, dentro y fuera del mundo independentista.

 

Si antes Cuixart fue hombre de consenso dentro del independentismo y sólo puntualmente para cuestiones como la defensa de la lengua catalana o la educación echó algún cabo e incluso se dio algún abrazo con el hoy ministro de Cultura, Miquel Iceta, hoy ya no lo era, tras su aceptación de la necesidad de cambiar el “Ho tornarem a fer” por una especie “sigamos siendo independentistas, pero realistas”.

Cuixart es de los que tienen claro (más de 3 años encerrado en prisión le han podido dar una dimensión sin par, a la que no ha tenido acceso el pobre Carles Puigdemont) que el Procés salió mal y no se puede repetir… o, al menos, no por ahora.

Los que, como Cuixart, piensan que hay replantearse las vías y herramientas mientras siguen en lo de siempre con Madrid y España: tú me das y yo te doy… tú dinero y poder, yo votos y estabilidad parlamentaria, o turbulencias si el Gobierno no es lo suficientemente generoso o si mi socio independentista de Junts me aprieta las tuercas.

“sigamos siendo independentistas, pero realistas”

Los más hiperventilados del independentismo la emprendieron contra Cuixart en cuanto admitió, así sea por pasiva, al aceptar la mesa de partidos y el diálogo con el Gobierno de España, por el que apuesta Aragonés, que no se puede seguir como si tal cosa, con la hoja de ruta y los argumentos del año 2017.

Esa hoja de ruta estalló en mil pedazos y, lo que es peor, los ciudadanos que en algún momento se apuntaron no tanto al independentismo ideológico clásico, sino al movimiento “procesista”, que prometía un referéndum, que supuestamente Europa reconocería y España aceptaría mansamente, manifiestan ya una fatiga “indepe” tan acusada como la fatiga pandémica y un grado de escepticismo estratosférico.

Quien no lo vea, que se ponga unas gafas, como las que recomienda Cuixart a sus conmilitones del Procés. Pero Puigdemont, que quizás sí lo ha visto, no quiere ni puede permitirse contemporizar, como plantea Aragonés y, de lo perdido, sacar lo que se pueda, porque le va su causa en ello: con las gafas cuyo uso recomienda Cuixart, Carles Puigdemont es solo un prófugo de la justicia española, que, quizás si se entrega y manifiesta arrepentimiento y buena voluntad, consiga recortar su estancia en prisión.

Posible regreso de Puigdemont

Insisten los suyos en que está preparando su regreso antes del verano y es probable que, si el Tribunal Europeo de Derechos Humanos le concede la inmunidad para todo el territorio europeo, Puigdemont regrese y que eso provoque un serio problema al Gobierno español y a Pedro Sánchez en particular, que tendría muy complicado explicar los paseos de Puigdemont, como Pedro por su casa, por toda Cataluña, España y el extranjero.

Pero con Puigdemont en casa, a quien se le ponen más cuesta arriba las cosas es a Pere Aragonés. La cosa promete: si, como aseguran los suyos, el regreso de Puigdemont se produce (está vez sí, amparado por su inmunidad de europarlamentario).

El culebrón protagonizado entre Aragonés y Puigdemont  y ese “choque de legitimidades” promete. La derecha ya puede hacer acopio de palomitas, pero ¿Qué puede hacer Sánchez para que esto no lo acabe impulsando fuera de la Moncloa? Utilizar el comodín de Salvador Illa, que, como su propio nombre indica, le salvaría el cuello a Aragonés y las posaderas a Sánchez con su mayoría hasta ahora irrelevante.