| 13 de Septiembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Montero, Díaz y Belarra en un pasillo del Congreso.
Montero, Díaz y Belarra en un pasillo del Congreso.

El "juego de tronos" entre Belarra y Díaz marca los tres meses sin Iglesias

En la noche electoral del 4 de mayo, el líder morado tiró la toalla y dejó a su partido en manos de una bicefalia desconocida hasta entonces. Que está provocando un pulso larvado poco a poco

| Javier Ruiz de Vergara España

"Me han convertido en un chivo expiatorio, ya no sumo". Con estas palabras, al filo de la medianoche del pasado 4 de mayo -este miércoles se cumplen precisamente tres meses-, Pablo Iglesias ponía punto y final a su huida hacia adelante y anunciaba su dimisión como secretario general de Podemos. Días antes, había dado la sorpresa a sus bases al renunciar a la Vicepresidencia Segunda del Gobierno para evitar el siniestro total de su partido en las elecciones a la Comunidad de Madrid.

Tras ser arrollado en las urnas por Isabel Díaz Ayuso y sufrir además el sorpasso de la candidata de Íñigo Errejón, Mónica García; Iglesias tiró la toalla y designó en aquella comparecencia a su teórica sucesora: Yolanda Díaz. Heredera en el Gobierno, porque en el partido tenía en mente dejar el fuerte en manos de una de su pata negra, Ione Belarra.

Desde entonces, en estos noventa días, apenas una breve intervención en un curso de la Universidad Complutense, una entrevista en un periódico italiano y el anuncio de su fichaje por la Universidad Oberta de Cataluña para el próximo curso. Y una imagen curiosa, la de su nuevo peinado, cortada ya su mítica coleta.

En este tiempo, Podemos ha seguido atravesando su particular travesía del desierto. Con una bicefalia amable que oculta un pulso larvado por la estrategia futura del partido morado. Un juego de tronos entre Ione Belarra e Irene Montero, al mando de la cúpula orgánica; y Yolanda Díaz, la jefa del ala morada del Ejecutivo de Pedro Sánchez.

 

Pablo Iglesias, anunciando su dimisión como líder de Podemos en la noche del 4 de mayo.

 

Si bien es cierto que hasta el momento, en esta fase de transición, no se han producido disensiones reseñables, también es verdad que la hoja de ruta de la actual vicepresidenta es radicalmente contraria a los planes de Belarra.

 

En una reciente entrevista, Díaz presentó su declaración de intenciones: regenerar y relanzar Podemos y abrirlo al resto de partidos de izquierda nacidos de las escisiones provocadas por las purgas sucesivas de Iglesias: el Más País de Íñigo Errejón y Adelante Andalucía, de Teresa Rodríguez.

Además, Yolanda Díaz ha dado muestras de que su objetivo se centra mucho más en cumplir el programa económico y laboral de Podemos, pero de estar mucho menos interesada en la agenda revisionista que avalan Belarra e Irene Montero. Un buen ejemplo es la escasa dedicación que Díaz ha puesto a la ofensiva contra la Monarquía o a la campaña contra los jueces que si ha abanderado el pablismo.

En este nuevo Podemos hay expectación por saber si estos antiguos pretorianos de Iglesias aceptan dar un paso al lado para que en 2023 Yolanda Díaz asuma el control real de Podemos para imponer su programa y sus propios equipos.

Muchos son los dirigentes del partido que vaticinan que se apartará si no lo logra. Mientras, el reparto de papeles impuesto por Iglesias parece funcionar. Pero los votantes morados han comprobado ya que en su cúpula conviven dos almas muy distintas. Y que tendrán que batallar o una de ellas ceder y apartarse.