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la devolución de 5,5 millones de euros

Un coleccionista contra Christie’s por la venta de un Picasso con pasado turbio

Acusa a la casa de subastas de ocultar el pasado del cuadro, vinculado a un narcotraficante, que podría devaluarlo. Christie’s defiende su transparencia y reclama los 16 millones pactados.

Femme dans un rocking-chair (Jaqueline) de Picasso.

Femme dans un rocking-chair (Jaqueline) de Picasso.Archivo

David González
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El mercado del arte de alto standing tiembla con un nuevo culebrón judicial que pone en jaque la credibilidad de las grandes casas de subastas. El protagonista es Sasan Ghandehari, un coleccionista británico que ha decidido no quedarse de brazos cruzados y exige a Christie’s la devolución de un jugoso anticipo de 5,5 millones de euros, además de la anulación de un contrato millonario. ¿El motivo? El cuadro de Picasso que adquirió, Femme dans un rocking-chair (Jaqueline), pintado en 1956, carga con un pasado que huele a chamusquina: perteneció a un empresario español condenado por narcotráfico.

Christie’s, lejos de achantarse, defiende su postura a capa y espada, asegurando que cumplió con su deber de informar y que espera embolsarse hasta el último céntimo de los más de 16 millones de euros pactados por la obra. El rifirrafe, que tiene al mundo del arte con la boca abierta, tuvo su origen en una subasta celebrada en febrero de 2023, cuando la pintura no encontró comprador y Ghandehari, atrapado por una “garantía de subasta”, tuvo que hacerse con ella.

La “garantía de subasta” es uno de esos tejemanejes del mundillo del arte que suena a jugada maestra: si la obra no se vende, el garante la compra a un precio prefijado, pero si aparece un comprador, se lleva una comisión. Ghandehari, seducido por las mieles de este acuerdo, firmó sin sospechar que el cuadro escondía un secreto que podía dinamitar su valor. Según su demanda, la obra pertenecía a José Mestre Sr., un empresario español al que la justicia pilló con las manos en la masa en 2014, cuando la policía encontró 202 kilos de cocaína en una de sus embarcaciones.

Los abogados del coleccionista no se andan con chiquitas: acusan a Christie’s de haber barrido bajo la alfombra este detalle crucial, que podría convertir la pintura en un lastre para futuras ventas. Y no es para menos: en el mercado del arte, donde la reputación lo es todo, un pasado ligado al narcotráfico es un estigma que puede espantar a los compradores más exquisitos.

Christie’s se lava las manos, pero el caso huele a precedente

La casa de subastas, con la tranquilidad de quien se sabe intocable, insiste en que informó a Ghandehari de todo lo necesario y que no hay nada que reprocharle. Sin embargo, un vistazo a su página web levanta sospechas: solo se menciona que la obra estuvo en la Galería Louise Leiris de París hasta 1958, pero ni una palabra sobre el propietario más reciente. ¿Casualidad o maniobra para evitar preguntas incómodas?

Este culebrón no es solo una pelea por millones: es un toque de atención al opaco mundo de las subastas de arte, donde la trazabilidad de una obra puede valer tanto como el nombre del genio que la creó. Ghandehari no solo quiere recuperar su dinero, sino también sentar un precedente que obligue a las casas de subastas a jugar limpio y destapar cualquier trapo sucio que pueda devaluar una pieza. Mientras el caso avanza, el mercado del arte contiene el aliento: ¿será este el golpe que obligue a las grandes casas a mirarse en el espejo?

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