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Retos del Nuncio del Vaticano en España: de la visita del Papa a la polémica del Valle de los Caídos

Monseñor Piero Pioppo ha iniciado su misión en España con un estilo discreto y un encargo decisivo del papa León XIV. Su llegada coincide con una etapa especialmente sensible para la Iglesia española: la preparación del viaje papal, la reactivación del proceso ordinario de nombramientos episcopales, varias sedes vacantes y un escenario político marcado por tensiones con el Gobierno.

Piero Pioppo.

Piero Pioppo.CEE

David González
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Llega a España monseñor Piero Pioppo, diplomático de formación clásica y gran finura, recibido por una Iglesia que lo acoge con los brazos abiertos aunque con una agenda cargada y compleja, especialmente en lo que respecta a las relaciones con el Gobierno de Pedro Sánchez.

Antes de instalarse en Madrid, y con mayor discreción que sus predecesores (también para los medios), monseñor Pioppo mantuvo una audiencia privada con el papa León XIV el pasado 24 de noviembre. En ese encuentro recibió las orientaciones precisas para su misión, dentro del protocolo habitual de visitas a los distintos departamentos de la Secretaría de Estado al inicio de un destino en un país que, puede decirse, ya goza del especial aprecio del Pontífice.

En estos momentos ya se perciben cambios significativos en el funcionamiento de la Nunciatura Apostólica, algunos de los cuales fueron comentados en la reciente Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española.

Uno de los más relevantes es que el proceso de nombramiento de obispos ha vuelto a su cauce ordinario, conforme a lo previsto en el Derecho Canónico. Gracias al estilo de gobierno del papa León XIV, que se atiene estrictamente a la normativa, ha desaparecido de facto la conocida Comisión creada para asistir al nuncio en los nombramientos episcopales.

Sobre la mesa del nuevo nuncio figura con prioridad la preparación del viaje del papa León XIV a España. En su reciente visita a Turquía y Líbano, cuando le preguntaron si tenía previsto venir a nuestro país, respondió: “Podéis tener más que esperanza”.

Este mismo miércoles, el arzobispo de Toledo, monseñor Francisco Cerro Chaves, declaró a los medios que “yo me imagino que vendrá a España, en torno a junio o julio, visitará la Sagrada Familia en Barcelona y hará escala en algunos sitios. En un viaje de esa proporción me imagino que mirará cuáles serán los lugares, y yo por supuesto le brindaría venir a Toledo y a Castilla-La Mancha”.

El viaje papal, que quedó pendiente en el pontificado anterior, ha sido un empeño personal del cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona, impulsado por su habilidad en relaciones públicas y por el deseo de cerrar su etapa barcelonesa con la visita del Papa al templo de Gaudí con motivo del aniversario del arquitecto.

El presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello.

El presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello.A. Perez Meca

Como consecuencia casi segura de esa visita, se retrasaría la aceptación de la renuncia del cardenal Omella, que cumplirá 80 años el 21 de abril de 2026, probablemente hasta el otoño de ese año, lo que daría al nuncio mayor margen para gestionar la sucesión, aunque algunas fuentes aseguran que el nombre del sucesor ya está prácticamente decidido.

El papel de Luis Argüello

En todo este proceso, monseñor Pioppo contará con un interlocutor privilegiado y de liderazgo consolidado: el presidente de la Conferencia Episcopal Española, monseñor Luis Argüello, que con serenidad y discreción navega por aguas que algunos intentan agitar, como quedó patente en los entresijos de la última Asamblea Plenaria, con maniobras que en lenguaje militar se calificarían de operaciones de falsa bandera.

Cuando se acepte la renuncia de Omella, en España solo quedará un cardenal en activo: el arzobispo de Madrid, monseñor José Cobo Cano. Ello generará una anomalía, pues no podrá funcionar el Consejo de Cardenales, órgano estatutario que exige al menos dos cardenales menores de ochenta años.

El problema del Valle de los Caídos

Otro expediente delicado es la situación de la Comunidad Benedictina del Valle de los Caídos, inmersa en el proceso de “resignificación” impulsado por el Gobierno y actualmente paralizado a la espera de los recursos de los monjes, que han puesto en evidencia ciertas actuaciones eclesiales y afectan, en el ámbito de la jurisdicción eclesiástica, al arzobispo de Madrid.

El cardenal elector y arzobispo de Barcelona, Juan José Omella.

El cardenal elector y arzobispo de Barcelona, Juan José Omella.Europa Press

A la provisión urgente de las sedes vacantes (Astorga, Teruel-Albarracín, Osma-Soria y Cádiz-Ceuta) y al relevo de los obispos que han cumplido la edad (Barcelona, Mallorca, Cuenca, Cartagena, Tarrasa, Segorbe-Castellón y algún auxiliar) se suma la compleja situación del obispo de Barbastro-Monzón, monseñor Ángel Javier Pérez Pueyo, cuyo rechazo a acatar las conclusiones del comisario pontificio monseñor Alejandro Arellano ha convertido el antiguo “caso Torreciudad” en el caso del propio prelado.

Relaciones con el Gobierno

Otro frente será el de las relaciones con el Ejecutivo, tensas por el laicismo agresivo del Gobierno, debilitado por la falta de apoyos y los escándalos de corrupción, y por las campañas de descrédito impulsadas desde el Ministerio de la Presidencia por Félix Bolaños, que aprovecha viajes a Roma, con el respaldo de la embajadora Isabel Celaá, para sembrar cizaña contra la Conferencia Episcopal, cuidando de exceptuar a algunos eclesiásticos concretos.

Monseñor Piero Pioppo contará con la oración ferviente del pueblo de Dios y con toda la colaboración necesaria en esta hermosa y exigente misión que le ha confiado el papa León XIV al servicio de la Iglesia en España y en defensa de su libertad y de sus derechos.

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