Irán se rebela contra los ayatolás y el Régimen responde de manera salvaje: algunas fuentes hablan ya de 2.000 manifestantes asesinados
La cadena de televisión Irán Internacional cifra en 2 millares los manifestantes abatidos durante la represión de las protestas que hoy alcanzan el 14º día. El Régimen intenta silenciar la repercusión con un corte total de Internet y otras comunicaciones y apagones masivos

Protestas en las calles de Teherán (Irán)
Irán vive horas de máxima tensión. Las calles de decenas de ciudades, desde la capital hasta regiones remotas como Kurdistán o Sistán y Baluchistán, se han convertido en escenario de una revuelta popular sin precedentes desde las protestas de 2022 por la muerte de Mahsa Amini. Lo que comenzó el 28 de diciembre de 2025 como una protesta espontánea en el Gran Bazar de Teherán contra la galopante inflación, el desplome del rial y los cortes constantes de agua y electricidad, ha evolucionado rápidamente en un desafío abierto al régimen de los ayatolás y al líder supremo Ali Jamenei.
La respuesta del poder ha sido brutal. Las fuerzas de seguridad, incluidas unidades de la Guardia Revolucionaria (IRGC), han empleado fuego real de forma masiva contra los manifestantes. Testimonios directos que logran filtrarse a través de conexiones satelitales (como Starlink) y relatos de médicos y testigos oculares hablan de hospitales desbordados, cuerpos acumulados y ejecuciones sumarias en plazas y avenidas.
España
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La cadena de noticias por satélite Iran International, uno de los pocos medios independientes con acceso a fuentes internas pese a la censura, publicó el 10 de enero una información estremecedora: las estimaciones más conservadoras apuntan a que al menos 2.000 personas han sido asesinadas en las últimas 48 horas (noches del 8 y 9 de enero principalmente), en lo que describen como "matanzas masivas" durante la represión más sangrienta desde la Revolución Islámica de 1979. Un médico del norte del país, en Rasht, reportó a este canal que un solo hospital había recibido más de 70 cadáveres en pocas horas, y las informaciones coincidentes se multiplican desde Teherán, Isfahán, Kermanshah y otras urbes.
Estas cifras, aunque extremadamente altas, aún no han podido ser verificadas de forma independiente por organizaciones como Amnistía Internacional, Human Rights Watch o la ONG HRANA, que hasta el momento confirman decenas de muertes (entre 28 y 65 en los primeros días, y reportes más recientes de hasta 217 solo en Teherán la noche del 8 de enero) y más de 2.300 detenciones. El corte casi total de internet impuesto desde la madrugada del 8 de enero, que ya supera las 72 horas, junto con la interrupción de líneas telefónicas y apagones eléctricos selectivos, ha convertido a Irán en una "caja negra" informativa. Expertos advierten que este blackout facilita precisamente la ocultación de una matanza a gran escala, como ya ocurrió en protestas anteriores.
El régimen, por su parte, califica a los manifestantes de "terroristas", "vándalos" y "agentes del enemigo" (en referencia directa a Estados Unidos e Israel). El fiscal general Mohammad Movahedi Azad ha advertido que participar en las protestas equivale a ser "enemigo de Dios", delito castigado con la pena de muerte. El propio ayatolá Jamenei acusó el viernes a Washington de instigar los disturbios y prometió que el poder "no retrocederá". El ejército regular (Artesh) y la Guardia Revolucionaria han emitido comunicados amenazantes, dejando claro que están dispuestos a defender "la seguridad nacional" con todos los medios.
En las calles, los cánticos ya no se limitan a la economía: "Muerte al dictador", "Viva el Shah" y llamadas al regreso del príncipe heredado Reza Pahlavi (hijo del último sha) resuenan con fuerza. Banderas con el león y el sol, símbolo de la monarquía pre-islámica, ondean en muchas manifestaciones, mientras miles desafían la represión pese al riesgo.
El mundo observa con alarma. Donald Trump ha reiterado que Estados Unidos "actuará con dureza" si la matanza continúa, mientras la Unión Europea y figuras como Ursula von der Leyen condenan la violencia y exigen el fin del apagón de internet y la liberación inmediata de detenidos.
Irán está al borde de un punto de inflexión histórico. Con las comunicaciones cortadas y la sangre en las calles, la pregunta ya no es si el régimen puede reprimir, sino cuánto tiempo más podrá sostenerse ante una población que, por decimocuarta jornada consecutiva, ha decidido no callar.