Guerra RUSIA-UCRANIA

Cuarto aniversario de la invasión rusa de Ucrania: sin ayuda de EEUU ni consenso internacional

Los avances militares de Moscú en el frente, junto al enfriamiento del respaldo estadounidense y el papel cada vez más secundario de Europa en la toma de decisiones estratégicas, debilitan la posición de Kiev en un momento clave del conflicto y complican sus opciones diplomáticas y defensivas

Zelensky y Putin

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Cuatro años después de que el presidente ruso, Vladimir Putin, lanzara la ofensiva sobre territorio ucraniano, la guerra entra en una nueva fase caracterizada por el desgaste prolongado y por un cambio en los equilibrios internacionales. En el último año, Rusia ha logrado progresos sostenidos en el este del país, mientras Ucrania sufre un aumento de las bajas civiles y militares y una creciente presión sobre sus líneas defensivas.

La analista de la German Marshall Fund, Olena Prokopenko, ha advertido de que en los últimos doce meses la situación no ha hecho más que empeorar para Kiev, con un incremento significativo de víctimas civiles y un frente cada vez más tensionado. En su análisis, la falta de una estrategia occidental eficaz hacia Moscú y la ausencia de una presión económica y militar suficiente han favorecido la posición del Kremlin, , dejando a Ucrania en un escenario cada vez más complicado tanto en el terreno militar como en la diplomacia internacional.

Durante este cuarto aniversario de la invasión, la situación sobre el terreno refleja la persistencia de los avances rusos y el desgaste prolongado de las fuerzas ucranianas. Según Prokopenko, 2025 se convirtió en el año más letal desde 2014, cuando Rusia ocupó Crimea y comenzó el conflicto en el este, con un aumento notable de víctimas civiles y militares que evidencia la intensidad del enfrentamiento.

Jack Watling, investigador del Real Instituto de Servicios Unidos (RUSI), ha apuntado que estos avances han sido posibles gracias a la mayor letalidad del fuego ruso y la reducción de efectivos ucranianos, lo que ha permitido a Moscú socavar las defensas de manera sostenida. 

Jack Watling, investigador del Real Instituto de Servicios Unidos (RUSI)

Kiev ha intentado compensar esta desventaja mediante mejoras tecnológicas, ataques de largo alcance y modernización de sus unidades, pero la capacidad de Rusia para mantener su maquinaria de guerra ha permitido al Kremlin conservar la iniciativa en el campo de batalla.

Estados Unidos

A este contexto militar se suma la complejidad diplomática. La implicación directa de Estados Unidos se ha enfriado, dejando a Europa buena parte del apoyo militar, mientras las negociaciones tripartitas entre Moscú, Washington y Kiev no han producido avances políticos claros. 

La presión estadounidense se ha centrado en que Ucrania acepte concesiones territoriales, especialmente en el Donbás, a cambio de un apoyo posterior, lo que ha generado desconfianza sobre la seriedad de Washington como garante de la seguridad ucraniana.

Prokopenko ha advertido que aceptar estas concesiones sin garantías podría consolidar las ganancias de Rusia y dejar a Ucrania en una posición estratégica más débil. Al mismo tiempo, Rusia mantiene una postura maximalista, utilizando las negociaciones más como una estrategia de tiempo que como un mecanismo para alcanzar la paz, prolongando así el conflicto mientras continúa avanzando en el terreno.

Papel de Europa

Europa, pese a ser el principal sostén financiero y militar de Ucrania, sigue ocupando un papel secundario en las decisiones diplomáticas y estratégicas que podrían determinar el rumbo del conflicto. Los Estados europeos han aportado préstamos millonarios, suministrado armamento y mantenido un régimen de sanciones económicas contra Moscú, convirtiéndose en el pilar económico y militar del país, pero su capacidad de influencia sobre la mesa de negociaciones sigue siendo limitada frente al peso político de Estados Unidos y la firmeza de la posición rusa. 

Sin embargo, los analistas subrayan que Europa todavía dispone de herramientas significativas que podrían reforzar su papel en el conflicto y mejorar la posición negociadora de Kiev. Entre estas medidas se encuentra la canalización de sanciones hacia la defensa y la resiliencia económica ucraniana, incluyendo el suministro de armamento avanzado de largo alcance, asistencia técnica para infraestructura crítica y la garantía de recursos financieros que permitan sostener la economía y el aparato militar. 

Además, el uso estratégico de los activos rusos congelados podría constituir un instrumento de presión política que envíe un mensaje claro tanto a Moscú como a Washington, demostrando que Europa tiene capacidad de decisión propia y puede equilibrar la influencia estadounidense en las negociaciones. 

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La combinación de estas acciones permitiría a Europa consolidar su liderazgo en la defensa de Ucrania, reforzar la cohesión interna del continente y proyectar un frente unido frente a Rusia, algo que los expertos consideran esencial para cambiar las dinámicas de poder en la actual fase del conflicto.