Putin tiene miedo: endurece su círculo de seguridad desde el uso de dobles hasta la protección de sus heces
Según revela Financial Times, el líder del Kremlin vive cada vez más aislado y preocupado por posibles amenazas contra su vida. Desde el control exhaustivo de la comida, hasta el uso de actores para proteger su figura, el líder ruso no deja cabos sueltos y viaja con váter propio
(Foto de ARCHIVO) Vladimir Putin en Moscú 20/4/2026
El presidente de Rusia, Vladimir Putin, vive rodeado de un creciente dispositivo de seguridad ante el temor a posibles atentados contra su vida. Así lo recoge el diario británico Financial Times, que señala un endurecimiento de las medidas de protección en torno al líder del Kremlin.
Según esta información, Putin habría reducido notablemente sus apariciones públicas y desplazamientos, limitando su exposición en actos multitudinarios y reforzando los controles sobre su entorno más cercano. El objetivo: minimizar cualquier riesgo en un contexto marcado por la guerra en Ucrania y las tensiones internas en Rusia.
El rotativo británico describe un clima de creciente paranoia en las altas esferas del poder ruso, donde las amenazas no solo se perciben desde el exterior, sino también dentro del propio sistema. La desconfianza hacia posibles traiciones internas se ha intensificado tras episodios recientes de inestabilidad, lo que ha llevado a extremar las precauciones.
Entre las medidas adoptadas destacan protocolos más estrictos en los desplazamientos, revisiones exhaustivas de seguridad y un mayor aislamiento del presidente respecto a círculos no considerados de máxima confianza.
Dobles, actores, comida vigilada y paranoia total con las heces
Desde sectores de la oposición rusa se ha alimentado la idea de que Putin podría contar con dobles para determinadas apariciones. Se trataría de personas modificadas físicamente para parecerse al presidente, aunque hay rasgos, como la forma de las orejas, la manera de caminar o ciertos gestos faciales, que resultan difíciles de replicar por completo.
Putin visita la ciudad de Mariúpol
Algunas visitas públicas, como un viaje a Mariúpol en plena guerra, han sido utilizadas por voces críticas para cuestionar si era realmente Putin quien aparecía en escena, señalando supuestos cambios en su rostro en periodos cortos de tiempo.
El nivel de precaución alcanza incluso a los actos más cotidianos. En cenas oficiales, nada se deja al azar: el presidente ruso utiliza bebidas propias y alimentos transportados desde Rusia, preparados bajo estricta supervisión de su equipo de seguridad hasta el punto de que antes de consumir cualquier plato, un catador oficial se encarga de probarlo previamente para descartar cualquier intento de envenenamiento.
Pero, sin duda, lo más llamativo es el objetivo de evitar dejar rastro biológico que pueda revelar información sobre su estado de salud. Según Paris Match, en sus desplazamientos Putin viaja acompañado por personal encargado de recoger sus heces, que más tarde, se transportan de nuevo a Rusia bajo estrictas medidas de seguridad. En algunos viajes, incluso, se asegura el uso de un váter propio para evitar cualquier filtración.
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Este blindaje refuerza la imagen de un líder cada vez más inaccesible, en contraste con etapas anteriores en las que Putin buscaba proyectar cercanía y control absoluto de la situación.
El endurecimiento de la seguridad se produce en paralelo a un escenario internacional especialmente delicado, con la guerra en Ucrania prolongándose en el tiempo y sin una resolución clara a corto plazo.