bruselas
Europa frena la prohibición total del coche de gasolina y diésel: el eléctrico debe esperar
Las presiones de fabricantes como Volkswagen, Renault o Mercedes-Benz, junto al auge de China, obligan a replantear el veto previsto para 2035 y abren la puerta a combustibles sintéticos que mantendrían viva la tecnología de combustión

Los motores térmicos de combustión no terminarán en 2035
Hasta hace muy poco, el horizonte de 2035 parecía una sentencia definitiva para los motores tradicionales en toda Europa. Sin embargo, el escenario acaba de cambiar de forma significativa. Manfred Weber, presidente del Partido Popular Europeo, ha confirmado que la prohibición total de los propulsores de combustión ya no se plantea en los términos iniciales definidos por la Unión Europea.
El giro supone un alivio para millones de conductores y para un sector industrial estratégico en el que Europa ha sido históricamente líder mundial. El nuevo planteamiento fija una reducción de emisiones del 90% para 2035 en lugar del 100%, un cambio técnico que abre la puerta a que los motores de gasolina y diésel puedan seguir existiendo mediante nuevas soluciones tecnológicas.
Europa ha sido durante décadas referencia mundial en ingeniería de motores térmicos. Países como Alemania, Francia, Italia o España han construido una industria altamente especializada que genera millones de empleos directos e indirectos. La posibilidad de eliminar completamente esta tecnología en apenas una década generó una fuerte inquietud en el sector.
Fabricantes como Volkswagen, Renault o Mercedes-Benz llevaban tiempo advirtiendo de que una transición demasiado acelerada hacia el vehículo eléctrico podía debilitar la competitividad europea frente a otros mercados. La electrificación completa requiere infraestructuras, inversiones y una adaptación progresiva del consumidor que todavía presenta importantes desafíos.
El problema chino
El contexto internacional también ha influido en la revisión de la estrategia. China ha reforzado su posición dominante en la cadena de suministro de baterías y ha incrementado su presencia en el mercado europeo con vehículos eléctricos a precios muy competitivos. Una prohibición total del motor de combustión podía acelerar la dependencia tecnológica exterior, algo que sería el remate para Europa.
El canciller alemán Friedrich Merz trasladó recientemente la preocupación del sector industrial a las instituciones comunitarias, alertando de posibles pérdidas masivas de empleo si no se introducían ajustes en el calendario previsto inicialmente. Y en Europa han tomado cartas en el asunto.
Uno de los factores que explican el cambio de planteamiento es el avance de los combustibles sintéticos o e-fuels. Este tipo de carburantes se producen mediante la captura de CO₂ y el uso de energías renovables, lo que permite reducir de forma considerable las emisiones sin necesidad de sustituir completamente los motores actuales.
La combinación de electrificación, hibridación avanzada y nuevos combustibles ofrece un escenario más flexible tanto para fabricantes como para consumidores. El debate deja de centrarse en una prohibición absoluta para evolucionar hacia una transición tecnológica progresiva que preserve la competitividad industrial europea.
El nuevo enfoque busca equilibrar los objetivos medioambientales con la protección de un sector clave para la economía del continente. Europa pretende seguir avanzando hacia una movilidad más limpia sin renunciar a su liderazgo histórico en ingeniería automovilística ni poner en riesgo su tejido productivo.
Para millones de conductores, este cambio introduce un mensaje de estabilidad en un momento de incertidumbre sobre el futuro del automóvil y el coste de adaptación a nuevas tecnologías. El motor de combustión no desaparece de forma inmediata y la transición energética se plantea ahora con mayor margen de adaptación.