Pedro Sánchez busca un nuevo jaque al Partido Popular y Vox agitando a Trump y Putin
Todo apunta a que el presidente del Gobierno se posicionará de manera clara de lado de Zelenski y rechazará los "hechos consumados" que ha puesto en circulación el excéntrico líder de Estados Unidos.

El presidente de España, Pedro Sánchez, recibe al de Ucrania, Zelenski, en La Moncloa.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, busca su sitio. Pero ya tiene un hilo argumental del que tirar gracias a la patada al tablero del Derecho internacional, a los tratados y sus respectivos organismos que ha dado el presidente de EE.UU., Donald Trump, a raíz de su irrupción en la guerra de Ucrania y su posicionamiento claro en favor del mandatario ruso, Vladimir Putin. Sánchez, según aseguran desde su entorno, va a poner todo su empeño en marcar una posición de apoyo a Zelenski y de rechazo a los «hechos consumados» que ha puesto en circulación Trump.
Mientras la UE no ha sido capaz de poner en marcha una acción común, más allá de las palabras y de sentarse todos alrededor de una misma mesa, en la Cumbre de París Sánchez se ha puesto el «mono de faena» y ya ha anunciado su visita a Zelenski para el próximo lunes. Todo ello, mientras una UE lenta, vacilante y dividida se pregunta hacia dónde mueve su artrítico esqueleto.
La decisión de Sánchez está tomada y no es de luces largas, sino atendiendo a las urgencias (las suyas) a corto plazo (inestabilidad en el Gobierno, sin Presupuestos Generales del Estado y escaso margen para lograrlo, unas encuestas que auguran el final de sus días en Moncloa, etc). Todo ello con una opinión pública -no solo en España, sino en toda Europa- mayoritariamente favorable a Ucrania y a su líder Zelenski y en contra de Putin, que desde el momento en que llegó a la presidencia adoptó el sueño y los anhelos imperialistas de los zares Pedro el Grande o Catalina la Grande. De esta manera Sánchez se coloca a sí mismo, con sus palabras y movimientos estratégicos, al frente de un rechazo al totalitarismo de Putin o del mismísimo Trump, que no deja de dar motivos para alarmarse a medio mundo.
En su retórica, que ya ha empezado a inundar nuestro medio ambiente informativo, Sánchez empieza por solidarizarse con los agredidos para acabar aterrizando la idea de que los agresores y sus socios tienen que ser desenmascarados en España. En el PSOE señalan y no dejarán de señalar en los próximos meses a Vox, como la extensión del trumpismo y de la autocracia de Putin. Y ese mensaje tiene más recorrido.
A nivel doméstico, la única posibilidad de gobernar que tiene el PP es con Vox como socio, según las encuestas. Es cierto que a los populares ni les entusiasma ni secundan buena parte de las más estridentes actitudes y declaraciones de Vox, ni sus formas ni muchos de sus contenidos, pero tan cierto como que los de Alberto Núñez Feijóo no son capaces de disimular su incomodidad cuando se les mienta a los de Santiago Abascal. El PP ni es ni quiere ser Vox, ni siquiera quiere gobernar con ellos, pero Feijóo no es capaz de afirmar "no podría dormir con Vox en el Gobierno", para pasar a darle un abrazo fraternal a Abascal a las pocas horas de celebrarse unas elecciones. De ahí la incomodidad… y el filón que va a explotar Sánchez.
Tampoco Vox es capaz de dar una respuesta convincente a aquellos que se preguntan qué tanto entusiasmo despierta en la formación de extrema derecha el mandatario Trump, que ningunea a Europa y nos castiga con sus aranceles.

El líder de Vox, Santiago Abascal, junto al presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Con este escenario de fondo y escasas opciones -siendo realistas- de lograr algo más que una foto con Zelenski y un buen puñado de titulares, arranca una nueva etapa en el Gobierno, que monitorizará con mayor detalle si cabe las encuestas propias y ajenas para ir modulando su discurso al ritmo de la actualidad. De cara a sus colegas europeos, Sánchez ya ha emprendido otra de sus batallas, como lo fue la creación de fondos para la recuperación, tras la pandemia, o la excepción ibérica en la tarifa de la luz en tiempos de escasez energética.
Habrá que ver si, en esta ocasión, se sale con la suya, porque muchos de nuestros socios europeos advierten que España debería pagar lo que debe antes de pedir más deuda mancomunada y más relajación de las normas fiscales. Y muchos son los que advierten que, puestos a hablar de Defensa (ya que la UE no va a tener más remedio que ocuparse de su propia política de Defensa, ahora que no cuenta con el favor ni la paciencia de Trump) España está a la cola de la inversión, con un 1,28% del gasto y con Sánchez fiando el cumplimiento del 2% comprometido, al año 2029.
El mensaje, por supuesto, no hilará tan fino, ni reparará en que Europa raya la irrelevancia y que la población europea y su PIB están muy por debajo de EE.UU. o China, las dos grandes potencias, como tampoco de la tercera gran figura en este nuevo orden internacional, que es Rusia. Europa ha quedado en evidencia, con cero influencia en el tablero internacional.
Y dentro de la gran Europa está España, entre los grandes deudores, por mucho que Sánchez exhiba los buenos datos macroeconómicos que adornan sus intervenciones. Pero confía en que sus mensajes llegarán a las vísceras de los votantes y, de ser así, en unos meses podría volver a convocar elecciones si alcanza la mínima esperanza de lograr una nueva mayoría de bloqueo a un hipotético Gobierno PP-Vox.