EL FUTURO DE LA LEGISLATURA
Sánchez, año I tras la falsa reflexión: atrincherado en Moncloa con su entorno totalmente judicializado
Doce meses después de su carta a la ciudadanía, lo único que se ha disuelto es el barniz de victimismo: el cerco judicial sobre su familia y su partido se estrecha, la mayoría parlamentaria es un espejismo y la estrategia del fango ya no tapa las fugas de un Gobierno en caída.

"En un día como hoy, y después de las noticias que he conocido, a pesar de todo, sigo creyendo en la justicia de mi país". Con estas palabras pronunciadas en sede parlamentaria ante la pregunta del diputado Gabriel Rufián arrancó el gran acto de prestidigitación presidencial. Una puesta en escena que nadie vio venir, aunque no estaría de más preguntarle al señor Rufián si cuando interpeló al jefe del Ejecutivo sobre si creía en la Justicia, lo había pactado previamente, o no.
Ese miércoles, 24 de abril de 2024, desayunamos con una noticia bomba a la que el jefe del Ejecutivo reacciona. Y ahora podemos concluir que no lo hace de manera improvisada. Se acaba de abrir un procedimiento judicial contra Begoña Gómez por posible tráfico de influencias. Concretamente, el titular del Juzgado de Instrucción Número 41 de Plaza de Castilla, el magistrado Juan Carlos Peinado, da el pistoletazo de salida a un procedimiento para investigar las relaciones de la esposa de Pedro Sánchez con varias empresas privadas que acabaron recibiendo fondos públicos del Ejecutivo.
Esta semana, concretamente el jueves, se van a cumplir 365 días de aquella jornada política y judicial que pasará a la historia de nuestro país y que amaneció con el nombre de Begoña Gómez en los titulares de tribunales y con su marido impostando el papel de víctima durante unos 20 minutos en la sesión de control en el Congreso de los Diputados. Está preparando el terreno para la gran función de la tarde en registro epistolar.
"Carta a la ciudadanía"
"No suele ser habitual que me dirija a usted a través de una carta", escribía Pedro Sánchez en la primera línea de su misiva. Como tampoco suele ser usual que un presidente de Gobierno alegue que necesita tiempo, que se coge una excedencia ahora que no le gusta lo que pasa a su alrededor.
Nada común, pero completamente cierto es que un año después de su pausa para "reflexionar", Pedro Sánchez siga en la Moncloa mientras se acumulan las causas judiciales contra su entorno más próximo y su mayoría parlamentaria hace aguas. El presidente continúa señalando al fango, a los jueces y a los medios, aunque el tiempo corre en su contra.
La causa que afecta a su mujer, acusada de presunto tráfico de influencias por sus vínculos con empresarios beneficiados por ayudas públicas, ha sobrevivido a los titulares. La Universidad Complutense no ha cerrado el caso, mientras el juez avanza en la investigación, y la sombra de la mediación sigue proyectándose sobre la figura presidencial.
De la esposa, al hermano
Hay otro Sánchez Pérez-Castejón que lleva también meses en los titulares de prensa, debido a su polémica vinculación con la Diputación de Badajoz. David, el hermano del presidente, está siendo investigado por una jueza que trata de dilucidar si hubo irregularidades en su contratación. De ahí que, a día de hoy, se le imputen lo siguientes delitos: contra la Administración Pública y la Hacienda Pública, prevaricación, tráfico de influencias y malversación.
Precisamente, este viernes, David Sánchez tendrá que volver a declarar ante la magistrada Beatriz Biedma -titular del Juzgado de Instrucción nº 3 de Badajoz-. No sólo lo hará él. También está citado Luis Carrero, exasesor de Moncloa, quien mantenía a tenor de los mensajes una estrecha relación con el hermano del presidente del Gobierno. Y que también acabó vinculado a la Diputación de Badajoz.
El caso Ábalos, cada día más oscuro
Lo que comenzó como una trama de comisiones en la compra de mascarillas se ha convertido en la pieza más demoledora del mosaico judicial. El Supremo ha decidido investigar a José Luis Ábalos, mano derecha de Sánchez en el Gobierno y en el PSOE, durante años.
La acusación es grave: organización criminal, malversación y cohecho. Ábalos, refugiado en el Grupo Mixto, es el símbolo perfecto de la decadencia socialista post-pandemia: poder sin control, impunidad, favores cruzados… y silencio de Moncloa. Como está sucediendo sobre la fiesta con prostitutas en el Parador de Teruel. Se desmienten los destrozos, pero ni una palabra para negar la supuesta orgía.
Y no hay que olvidar tampoco otra causa que está teniendo consecuencias insólitas. Como la que mantiene al Fiscal General del Estado en su cargo a pesar de la imputación que pesa sobre él. El escándalo de la filtración de datos fiscales del novio de Isabel Díaz Ayuso continúa sin tener consecuencias judiciales claras, pero ha dejado maltrecha la ya erosionada imagen de imparcialidad del Fiscal, Álvaro García Ortiz. La justicia lo señala, mientras la oposición exige su cabeza y Sánchez se empeña en mantenerlo.
Unos socios que ya no lo son
Sánchez ha dejado de tener mayoría en el Congreso de los Diputados de forma efectiva. Sus socios le fallan constantemente, las votaciones se pierden y los Presupuestos Generales del Estado no es que estén en el aire, es que ni se han presentado las cuentas a la Cámara Baja. Junts marca el paso. Podemos amenaza. Sumar se diluye. Y la legislatura se le hace larga a un presidente que parecía tenerlo todo bajo control hace apenas un año.
Cinco días de silencio, una carta a la nación y un retorno con aura mesiánica. El 24 de abril de 2024, Pedro Sánchez convirtió su crisis política en un acto de supervivencia personal y de ingeniería emocional. Doce meses después, lo único que se ha disuelto es el barniz de victimismo: el cerco judicial sobre su familia y su partido se estrecha, la mayoría parlamentaria es un espejismo y la estrategia del fango ya no tapa las fugas de un Gobierno en caída.
¿Cuánto tiempo más conseguirá aguantar Sánchez? ¿A costa de qué?