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Caos, incertidumbre y enfado en Atocha: “Quiero saber qué tengo que hacer”

Pasajeros atrapados por el apagón siguen sin información clara mientras Renfe intenta recuperar la normalidad con retrasos y desorganización.

Varias personas esperan en la estación de Atocha-Almudena Grandes, a 29 de abril de 2025, en Madrid (España).

Varias personas esperan en la estación de Atocha-Almudena Grandes, a 29 de abril de 2025, en Madrid (España).Carlos Luján - Europa Press

Publicado por
Marian Romero
Madrid

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Madrid vuelve poco a poco a la normalidad, pero no sin sobresaltos. La estación de Puerta de Atocha-Almudena Grandes ha amanecido este martes con centenares de pasajeros abarrotando sus pasillos, muchos aún sin saber cuándo ni cómo podrán coger su tren. La escena que se vive es la de un país paralizado que intenta recomponerse, mientras la indignación crece por la falta de información y organización.

“Quiero saber qué tengo que hacer”, repetía, entre la incertidumbre y la desesperación, Pilar, una joven de 23 años que debería haber llegado a Sevilla anoche para celebrar su cumpleaños. Como muchos, ni siquiera intentó acudir a la estación tras el apagón eléctrico que colapsó gran parte del sistema ferroviario. Esta mañana, con un nuevo billete en la mano y pocas respuestas de Renfe, su deseo era tan simple como comprensible: soplar las velas en casa.

Aunque algunos trenes con destino a Valencia, Málaga, Sevilla o Barcelona han ido saliendo con cuentagotas, la realidad a pie de andén dista mucho de la normalidad. Los megáfonos y la megafonía improvisada apenas logran organizar a la multitud, que en muchos casos ni puede oír bien las indicaciones. Los pasajeros se mandan callar unos a otros con la esperanza de entender algo mientras escuchan frases entrecortadas como: “Billetes a Barcelona de ayer y de hoy hasta máximo las 11:00 horas, vamos pasando”.

La imagen del colapso es evidente. Los usuarios que no pudieron viajar ayer pasaron la noche en Madrid como pudieron: algunos en hoteles sufragados por sus empresas, otros —como Juan, que venía de Tarragona— durmieron en polideportivos de emergencia en Guadalajara.

“Es el caos de ayer sumado al de hoy. Nos están reubicando como pueden, pero esto está completamente desbordado”, explica resignado Juan, mientras espera un nuevo tren que le devuelva a casa.

El enfado también se ha hecho notar. Entre las quejas por la falta de cobertura móvil, los retrasos y la desinformación, se escuchaban críticas muy duras a la gestión de la seguridad y la coordinación: “Es peor que Sudamérica. Allí al menos estamos acostumbrados y sabemos cómo movernos. Aquí nadie sabe nada”, decía un viajero con evidente frustración.

Mientras tanto, Renfe y Adif intentan recomponer la operativa como pueden, escoltados incluso por agentes de la Policía Nacional para evitar mayores incidentes ante los nervios de los usuarios. Las pantallas siguen sin actualizar los horarios de salida, los trabajadores reciben gritos, y la sensación de caos no termina de disiparse.

Todo ello después de que el gran apagón eléctrico dejara sin funcionamiento infraestructuras clave en España y Portugal durante horas. El silencio institucional y la desorganización ferroviaria han terminado por agravar una situación que ya era crítica, y que ha dejado en evidencia, una vez más, la falta de planes de contingencia eficaces ante emergencias de esta magnitud.

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